“entro al taller y me olvido del mundo”

Publicado en el otro oficio, Entrevista

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Publicado en fecha marzo 14, 2010

Fuera del taller, José Luis Handal Farah es un exitoso empresario de la hotelería  y la construcción, labores a las que también les dedica tiempo y pasión

El arte dejó de ser un pasatiempo en la vida de José Luis Handal Farah (46). Administrador de empresas, arquitecto frustrado como él mismo se autocalifica una y otra vez. Gerenta los hoteles Camino Real de Santa Cruz y La Paz, está al frente de un moderno y ambicioso proyecto de edificio de 22 pisos en la ribera del río Piraí y, sin descuidar la atención a la familia, la cerámica y la pintura tienen un espacio especial en su vida, ya no como hobby, sino como profesión.
Y sí, la vida de este empresario-artista transcurre entre el escritorio, la arcilla y la espátula. Su vínculo con el arte se inició hace unos 15 años en su natal La Paz, cuando asistió por curiosidad al curso de cerámica que tomaba su esposa con el destacado maestro ceramista Mario Sarabia. Se quedó con el taller y durante un año se involucró con el arte de la cerámica.
Su dedicación intensa lo llevó pronto a realizar su primera exposición con la muestra “Impromtu”, el año 1997. Un inicio auspicioso al que se sumarían exposiciones anuales que fueron revelando su estilo particular.
Pero la cerámica fue el primer paso. Años más tarde Handal incursionó en la pintura, arte donde las aves, inciertas de identificar y de colores que lindan con lo exótico, se han convertido en parte de su sello personal de estos 15 años en los que combina oficina y el taller. “Con el arte he conseguido una compensación, un equilibrio, a esa parte de arquitecto que no pude ser”, afirma desde su sobrio escritorio en la Gerencia General del Hotel Camino Real.
¿Esculpir y pintar continúa siendo un pasatiempo?, le consultamos a Handal e inmediatamente responde que “desde el momento en que empiezas a vender y más gente comienza a gustar de tu obra, te hacen encargos, te sientes responsable de responder a ese público. Entonces esto dejó de ser un hobby para convertirse en una profesión que me gusta, me llena y por lo mismo, me fabrico tiempo para dedicarme a esta pasión”.
Entre las responsabilidades empresariales y la familia, la actividad artística comienza casi a diario a las 23:00 y se extiende hasta las 02:00 del día siguiente. “Entro al taller y me olvido del mundo, me desconecto de los problemas y procuro disfrutar de lo que hago”, comenta mientras enseña su pequeño taller con dos paredes de vidrio que dejan apreciar una abundante vegetación que se presenta interminable.
La producción artística de Handal ha resultado bastante prolífica en estos 15 años de trabajo, con más de un centenar de esculturas y alrededor de 1.000 cuadros. Con ingenio, este empresario halló modos para difundir su arte al montar galerías permanentes en los lujosos hoteles de Santa Cruz y La Paz donde turistas nacionales y extranjeros pueden apreciar su obra y adquirir piezas cuyos precios -en el caso de los cuadros- están entre los 350 y 750 dólares. Por obras de mayor magnitud, como un mural encargado para una casa de juegos, percibe 7.000 dólares. “Es parte de la valorización a mi trabajo; es por ello que el arte lo asumo como profesión, ya no como un hobby”.
El estilo de Handal ha traspasado las fronteras y ya recibió propuestas para realizar exposiciones en galerías de Argentina, Chile, Brasil y EEUU, pero el tiempo es su mayor limitante dadas sus responsabilidades empresariales. “Mi interés para el mediano plazo es dedicarle un medio tiempo al arte y entonces estaré en condiciones de mostrar mi producción en el exterior”, comenta.

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