Cuernos y filósofos

Publicado en Salud

pareja

Publicado en fecha marzo 14, 2010

¿Es lícito ser infiel?  ¿La falta de amor es la causa de la infidelidad? ¿Existe el cuerno perfecto?.


En “Ulises y las sirenas. El dilema de la infidelidad”, el profesor de Filosofía Jesús Cotta ha recurrido a los grandes pensadores para analizar el eterno conflicto que producen en el ser humano el deseo de libertad sexual y la necesidad de estabilidad que aporta la monogamia.
No existe fórmula perfecta para la sexualidad: la promiscuidad no colma la aspiración de amor y la monogamia limita la libertad sexual.
Una infidelidad no siempre es motivada por falta de amor o frustración, puede cometerse por debilidad o porque hay la oportunidad de probar algo nuevo.
“La fidelidad hay que ganársela, no es un derecho que yo tenga, es un regalo que me hacen”.
Todo el mundo tiene algo que opinar sobre la infidelidad, un asunto que levanta pasiones y no deja indiferente a nadie.

ULISES Y LAS SIRENAS
Sin tapujos ni miedo a lo políticamente incorrecto, el escritor y profesor de filosofía Jesús Cotta habla en su ensayo de los cuernos y de sus consecuencias.
En su libro “Ulises y las sirenas. El dilema de la infidelidad” (Editorial Paréntesis, 2009), analiza por qué la infidelidad es una tentación y por qué la fidelidad es una necesidad.
Intrigado por la complejidad del asunto y por el hecho de que un cuerno sea “tan fácil de poner y tan difícil de quitar”, el ensayista recurre a los filósofos para arrojar algo de luz a este tema “sin solución”.
INFIDELIDAD Y FILOSOFÍA
El profesor de Filosofía Jesús Cotta afirma que la gestión de la sexualidad supone un problema para el ser humano, que ha de elegir entre diversas opciones: monogamia, promiscuidad o poligamia.
A simple vista, no parece que infidelidad y filosofía sean dos universos afines para escribir un libro. Pero la cosa cambia cuando se ahonda en las realidades implicadas en la disyuntiva de fidelidad o infidelidad: felicidad, deber, deseo, miedo, seguridad, culpa, estabilidad, necesidad, libertad, libertinaje, lealtad, frustración, traición, sinceridad, amor.
Para analizar conceptos tan complejos, Cotta mira a los grandes pensadores, que “tuvieron la virtud de trazar de modo definitivo y señero las líneas maestras de todos los pensamientos posibles acerca de las grandes cuestiones”.
La primera premisa que defiende el libro es que la gestión de la sexualidad supone un problema para el ser humano, que ha de elegir entre diversas opciones: monogamia, promiscuidad o poligamia.

GANA LA MONOGAMIA
A lo largo de la historia, la monogamia ha terminado imponiéndose porque aporta estabilidad, protege mejor a los hijos, produce más cohesión social y da más seguridad personal.
El libro parte de la idea de que la infidelidad es una deslealtad. “Una de las cosas en las que consiste el amor es en dar al otro la exclusividad sexual, que es algo único”, explica el autor, que aconseja no buscar fuera de la pareja algo tan importante como la plenitud amorosa y erótica.
“Uno de los pocos consejos que doy en el libro es que lo importante es el amor y que es mejor dedicarse al amor de la pareja que darle esquinazo para irse con la vecina o el vecino del quinto”.
Ahora bien, Cotta sostiene que el amor es un sentimiento involuntario y la fidelidad, una conducta voluntaria.
“La fidelidad hay que ganársela, no es un derecho que yo tenga, es un regalo que me hacen y tengo que merecerlo. Todo es poco para mantenerlo vivo. Si soy un amante sucio, maleducado o poco generoso, me habré ganado el cuerno”, dice.
El filósofo reconoce que la persona que más ama nunca pondría un cuerno, pero también apunta que no hay amantes perfectos ni héroes, sino mucha debilidad.

CUERNO DE ORO
En ese sentido, asegura que una infidelidad no siempre está motivada por la falta de amor o la frustración, sino que puede llegar simplemente por debilidad o porque se presenta la oportunidad de probar algo nuevo.
Es lo que él llama “el cuerno de oro”, un encuentro sexual ideal, sin implicaciones emocionales, sin sentimiento de culpa, sin riesgo de ser descubierto y sin posibilidad de repetirse.
“Ulises y las sirenas. El dilema de la infidelidad” se limita a hablar de las infidelidades ocasionales, deja a un lado las relaciones paralelas y prolongadas porque su autor considera que son propias de un comportamiento triste y poco inteligente.
Uno de los problemas que tiene quien pone un cuerno es que no quiere engañar al amado, pero sí darse un gusto con otra persona.

¿CONTAR O NO CONTAR?
El autor ha definido esta disyuntiva como el síndrome de Ginebra: la reina quería mucho a Arturo, no le quería traicionar, pero apareció el bellísimo Lancelot y no pudo reprimir las ganas de “darse un lote” con él.
En el caso de que se eche una canita al aire, Cotta recomienda al infiel perdonarse a sí mismo, no repetirlo y no contarlo porque “es una parte fea de nosotros mismos” que puede terminar con un gran amor.
“Es un asunto muy peculiar porque si nadie se entera de que hay un cuerno es como si no hubiese pasado nada. Si sale a la luz es una tragedia”, explica el autor.
Jesús Cotta describe el paisaje de la infidelidad desde un punto de vista muy personal, sin querer sentar cátedra: “Yo no doy consejos para ser infiel, hablo de la fidelidad, la infidelidad y el amor para que la gente sepa qué es y en qué terreno se está moviendo si está tentado a poner el cuerno”.

EL AMOR, SEGÚN LOS FILÓSOFOS
En su ensayo, el escritor ha identificado diversos tipos de amantes y los ha clasificado asociando cada concepción del amor con una determinada escuela filosófica.
Así, el amante socrático es el que identifica fidelidad con amor y exige santidad y heroísmo en nombre del amado y el kantiano ama porque es un deber.
El amante sofista es fiel por miedo a las consecuencias de poner cuernos pero no por convicción, el epicúreo persigue “mariposear” sin compromiso y el cristiano quiere un amor hasta la muerte que sea capaz de perdonar los pecados de la carne.
Para el amante posmoderno el amor es “cualquier cosa que negocie la pareja” y el platónico vive en una búsqueda constante, ya que se enamora de la belleza más que de una persona y cuando consuma el amor queda frustrado.

¿QUÉ CLASE DE AMANTE ERES?
Su favorito es el amante aristotélico, al que considera “humano y comprensivo”, ya que no busca la perfección ni se considera perfecto y ama pero es indulgente porque sabe que la gente es débil, que el hombre no sólo es razón y voluntad, sino también un animal de carne y sangre.
Cotta le añadiría al amante aristotélico una pizca del “nietzscheano”, que introduce la idea de que en el amor debe haber libertad.
“Pero si somos sólo amantes ´nietzscheanos`, sin imponernos deberes, condenamos al amor a durar poco. Porque el amor, además de un sentimiento e instinto sexual, necesita un cuidado voluntario”, finaliza el autor.

Comparte este articulo

No Comments

Comments for Cuernos y filósofos are now closed.