NEGOCIOS DE PELÍCULA EN LA ALTURA

Publicado en Economía, Negocios

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Publicado en fecha marzo 14, 2010

Dos empresas invierten millones en un rubro que parecía muerto en La Paz


Primera escena
En menos de cinco meses, La Paz estrena 22 nuevas salas de proyección de cine. ¿Cómo se llama la película? Los paceños ya se habían acostumbrado a detenerse en el puesto del vendedor de películas pirateadas antes que en las boleterías del Cine Monje Campero, cuando una millonaria inversión dispuso que la función debe continuar.
Hace rato que se estaban extinguiendo los electrodos de las lámparas de los proyectores de las antiguas salas de la ciudad. El céntrico Cine Tesla sigue vendiendo ilusiones, pero ya no mostrando la pantalla grande, sino el cielo. El hermoso Princesa también vende, pero pollo frito, hamburguesas, ropa, zapatos…; mientras que el Madrid gana más comercializando cervezas que cobrando entradas. Y los epitafios siguen…
El video ilegal había asaltado las escuálidas boleterías. La gente prefería ver una película clonada pagando cinco o 10 bolivianos, recostada en el sofá o en la cama, a llegar hasta una sala, pagar entradas superiores a 15 bolivianos por persona, y sentarse en una incómoda butaca. Sí, la calidad del DVD trucho es mala. Pero la necesidad de ver cine también tiene cara de pirata.
La pantalla grande estaba al borde del “The End” cuando Grentidem inauguró, en agosto pasado, el Megacenter, con 14 de las 18 modernas salas que tiene previstas. ¿Alguien dijo que es mucho? Roduga Inversiones abrió el Multicine en diciembre, ocho nuevas salas que, en unos días, serán 11. En ambos casos con butacas más cercanas al “bus cama” que a la silla del comedor, además de lo último en sonido y proyección de imágenes en movimiento. Y, por si le hacía falta un final feliz a esta naciente historia, los novedosos proyectores de películas en tercera dimensión (3D).

Segunda escena
Muchas salas de cine junto a un inmenso patio de comidas. ¿Cómo se llama la película? Los viejos cines venían solos. En el mejor de los casos, tres o cuatro vendedores de caramelos se asentaban en las puertas. El Monje Campero innovó con el snack de pipocas, pero hasta ahí llegó. Los negocios de película ahora traen una gran variedad de filmes, patios con todo tipo de comidas, supermercados, tiendas de ropa, gimnasio y hasta guardería.
“El cine es la locomotora de nuestro centro comercial. La prueba la tiene en todos los centros comerciales que se han abierto en La Paz y no funcionan”,  explica Jordi Chaparro, presidente ejecutivo de Grentidem Bolivia. El gerente general del Multicine, Gabriel Nelkenbaum, lo ratifica: “Las galerías comerciales fallaron en La Paz porque no tienen un ente que produce gente. El cine es el gancho, produce gente”. La gente va a ver cine, pero luego se queda a comer o a hacer compras en las distintas tiendas.
Y no se trata de experimentos. El matrimonio entre multisalas de cine y centros comerciales es bastante prolífico en ganancias en diversas capitales del planeta. La primera experiencia boliviana tuvo lugar en Santa Cruz de la Sierra, con el Cine Center.
Grentidem tiene la película muy clara. La empresa -de capitales catalanes- tiene una gran experiencia en este tipo de aventuras en mercados europeos y latinoamericanos. Por eso se animó a invertir 23 millones de dólares sólo en el Megacenter de La Paz, dinero que espera recuperar en los próximos seis años. Desde entonces tendrá alrededor de 18 años para cosechar las ganancias. En 25 años, la infraestructura debe pasar a poder de las Fuerzas Armadas, pues, los terrenos en los que está construido el centro comercial pertenecen a la institución militar.
Roduga Inversiones tampoco se estrena en el mundo del cine. Se trata de una compañía de capitales bolivianos, encabezada por la familia Nelkenbaum, la que comenzó la aventura en el Cine Center, en Santa Cruz de la Sierra, el cual luego fue vendido a la española Grentidem. Los montos invertidos los mantienen en reserva, aunque aseguran que son cuantiosos. Además de las plantas destinadas a las salas, restaurantes de comida rápida y locales comerciales, están construyendo un edificio de 15 pisos destinado a oficinas.

Tercera escena
100 personas en una sala de cine, con capacidad para 200, todas ellas comiendo pipocas. ¿Cómo se llama la película? El vínculo entre cine y pipocas no es casual. El tostado de esos pequeños granos de maíz está ayudando también a la explosión del negocio del cine en La Paz.
La proyección de películas es, habitualmente, una aventura de riesgo compartido entre las empresas distribuidoras y las salas de cine. Dependiendo del potencial comercial del filme, la empresa que trae la producción cinematográfica al país se queda con alrededor del 60 por ciento de las entradas durante la primera y segunda semanas de proyección, luego con el 50 y finalmente el 40 por ciento. El porcentaje restante se queda en la boletería del cine.
Cuando tenga todas sus salas habilitadas, el Megacenter tendrá una capacidad de 4.700 butacas. En la actualidad, los porcentajes promedio de ocupación fluctúan entre el 20 y el 35 por ciento. Los porcentajes de ocupación de los 2.750 espacios que tiene el Multicine son parecidos. Es decir, la proyección de películas como tal tiene márgenes que permiten cubrir costos de operación y mantenimiento, además de algunos porcentajes de ganancia.
Pero las palomitas de maíz son de película: “La exhibición de películas es rentable en la medida en que sean rentables las pipocas”, resume Jordi Chaparro. “Las pipocas y la Coca Cola son un buen negocio”, responde Gabriel Nelkenbaum a la pregunta de si la proyección de cine otorga buenos réditos.
La inversión en el maíz del que sale el pop corn es abismalmente pequeña en relación a los millones que bailan en la producción de una cinta, pero sus márgenes de rentabilidad se multiplican grano a grano para los dueños de la sala.

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