“SONILUM FUE UN ACTO DE LOCURA”

Publicado en Entrevista

Sonilum 2

Publicado en fecha junio 13, 2010

Abelardo Suárez Parada
El gerente general de Sonilum, la mayor compañía de sonido e iluminación del país, cuenta de su primer contacto con la raqueta. El tenis constituye  su mayor inversión en salud. Su juego agresivo en las canchas se traslada al mundo de los negocios.

belardo Suárez Parada (53) es un apasionado por el tenis. Es amante del juego agresivo, de la temeraria volea para subir casi siempre a la red. La estrategia de la defensa, de la cautela, no forma parte de su estilo ni su forma de vida. Ese patrón de comportamiento es el que acompaña a este economista que en 2003 -con muy pocos dólares en la cuenta- ofreció comprar una vieja factoría de gaseosas para erigir Sonilum, el centro de convenciones más grande del país, allá donde tienen lugar 9 de cada 10 conciertos artísticos nacionales e internacionales.
“Tengo tesón en cada cosa que hago. Sé que la constancia es la madre de todos los logros, por imposibles que parezcan”, afirma mientras se acomoda en el sillón de su oficina de la Gerencia General de Sonilum donde guarda una veintena de trofeos que hablan de sus victorias en las canchas de tenis, el deporte que conoció a los 17 años.
Nacido en el seno de una familia cañera, el primer contacto de Suárez con la raqueta fue de cierta manera accidental. Recuerda que mientras estudiaba en la Complutense de Madrid, pretendía organizar un picadito de fútbol, pero reunir y armar un equipo era una tarea casi imposible, hasta que advirtió dos canchas de tenis, cuyo juego requería sólo dos contrincantes.  “Lo aprendí por una cuestión práctica”, indica.
Pero los primeros juegos no eran nada fáciles. Los tropiezos lo empujaron a asumir el desafío de jugar bien. Y así fue. A los ocho meses ya pudo medirse competitivamente con sus compañeros de juego y dos años más tarde alzó su primer trofeo universitario. Pero su temperamento firme lo llevó a inscribirse en el ranking de la Federación Española de Tenis, a tomar cursos en la Real Escuela de Maestría de Tenis y en el Instituto Nacional de Educación Física de España. Reconocido por su destreza, participó de torneos abiertos e incluso impartió clases de tenis y fue docente en un programa de masificación del tenis. “Este deporte se ha convertido en mi forma de vida. Es mi inversión en salud y me siento bien”, comenta mientras confiesa que practica este deporte cuatro veces por semana.
SONILUM, LOS PRIMEROS PASOS
Sonilum es hoy la mayor marca en el mundo del espectáculo nacional. Primero a través del servicio de sonido e iluminación y desde hace siete años con el Centro de Convenciones, la empresa asiste anualmente alrededor de 80 a 100 artistas que se presentan en el país. Pero el comienzo de este emprendimiento resultó también accidental.
De retorno al país en 1985, Suárez junto a sus socios Enrique Roda y Miguel Ángel Joffré, se iniciaron en la actividad empresarial a través de FM Antena 1, negocio al que se sumó la comercialización e instalación de equipos para radio y televisión.
“Era el año 1986 y se acercaba la feria Expocruz. Nos consultaron si no hacíamos transmisión de sonido puesto que el servicio lo traían de La Paz. Teníamos muy poco que ofrecer, pero asumimos el reto”, confiesa. El primer concierto que atendieron fue el de José Feliciano. La velada resultó desayuno y vacuna para la entonces incipiente empresa de Sonido & Iluminación (Sonilum). “Nos faltaba mucho, pero nos fascinó y decidimos apostar por este negocio”, continúa. A partir de entonces, todos los ingresos fueron destinados a la compra de consolas, micrófonos,  parlantes y luminarias.
Y el tiempo no pudo ser más propicio. Los años siguientes arribaron al país estrellas de la talla de Emanuel, Franco de Vita, Charly García, Miguel Mateos, Soda Stereo, GIT, Piero, entre muchos. Pero la cresta de la ola fue la visita de Juan Pablo II en mayo de 1988, periplo que Sonilum acompañó llevando el sonido para concentraciones de 400.000 personas en el aeropuerto El Trompillo y multitudinarias reuniones en Cochabamba y Trinidad.
Hacia adelante el camino se hizo más llano. Los socios se desvincularon, la empresa se expandió, abrió oficinas en La Paz y firmó alianzas con competidores para optimizar el servicio y así cumplir las exigencias de las bandas y artistas que fueron arribando al país.

EL JUEGO DE LA OPORTUNIDAD
Es posible que el juego más arriesgado de Suárez se haya producido en 2003 cuando adquirió el predio de la vieja embotelladora de Pepsi. “El espacio estaba vacío. Teníamos el sueño y el lugar donde plasmarlo, pero no teníamos ni un centavo. Era una locura, una extravagancia”, reconoce hoy.
Carente de solvencia financiera y asistido por su amigo, el empresario Arturo Grinstein, se presentó ante los ejecutivos de la multinacional Quinsa para negociar la millonaria compra del espacio.
Para sorpresa suya -quizá una consecuencia de los conflictos sociales de Febrero y Octubre Negro de ese entonces-, le respondieron positivamente con un esquema financiero casi salvaje que le obligaba a hacer efectivo dos millones de dólares hasta fines de 2005. Sin tiempo que perder y luego de desprenderse de la mayoría de sus bienes, concentró sus energías en la construcción del centro de convenciones más grande del país; promovió de manera personal conciertos y eventos públicos que contribuyeron a que la marca Sonilum  tenga un mayor valor intangible.
Pero la deuda seguía en pie y los plazos del contrato se cerraban. “La buena noticia la recibimos del Banco Santa Cruz un día antes de la ejecución. Compararon la cartera y nos otorgaron un financiamiento a seis años de plazo. No era lo mejor, pero sin duda era muy importante”, indica el principal ejecutivo de la compañía.
Negociaciones posteriores con recompras de cartera permitieron aliviar la presión para concentrarse en la incorporación de nuevos equipos, la prestación de nuevos y mejores servicios en los 33 salones que dispone el centro de Convenciones Sonilum sobre una superficie cubierta de 18.000 metros cuadrados.
“Aún no estamos cosechando los frutos porque queda mucho por hacer. Sin embargo, viendo estos casi 25 años de trabajo, el recorrido es inmenso y reconfortante”, reflexiona Abelardo Suárez mientras esboza los nuevos retos.

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