SEÑORES DEL CHOCOLATE

Publicado en Negocios

EL CEIBO PRESENTATION

Publicado en fecha junio 13, 2010

El Ceibo, la empresa que compite en la “Champions League”
de los bombones europeos

o siempre el chocolate fue delicioso para los productores de cacao del Alto Beni. Ellos se encargaron de mejorar el sabor. Para lograrlo, fueron grano a grano: Crearon la Cooperativa El Ceibo, aprendieron a exportar, luego a industrializar su producto y ahora están a punto de conseguir visa para sus tiendas propias en Estados Unidos, Francia, España y Alemania.
Fue el Plan de Colonización, impulsado por los gobiernos nacionales de la década de los 60, el que introdujo en la zona las primeras semillas de cacao. Las trajeron de Ecuador, Perú y Trinidad y Tobago, además de las silvestres, de la región amazónica boliviana. Los técnicos gubernamentales enseñaron a los campesinos a abonar las nuevas plantas, pero no les dijeron ni media palabra sobre cómo venderlas en el mercado.
La idea de formar El Ceibo brotó en las puertas de las empresas privadas que, entonces, intermediaban la comercialización del producto. Surgió de la frustración y la impotencia de los agricultores frente al “vuélvase la próxima semana”: Cobrar por el cacao entregado era un vía crucis. Eran épocas en que las nuevas plantaciones producían más bronca que billetes. Pero sirvieron para que los colonizadores del Alto Beni entren en cuenta de que el problema les era común y que entre todos debían hallarle una solución.
En la zona, existían siete pequeñas cooperativas de consumo. Ellas fueron el caldo de cultivo de la organización que nació el 5 de febrero de 1977. La bautizaron con El Ceibo, en homenaje al árbol con el que mejor se lleva la planta del cacao. ‘Y la cosa fue poniendo’: Cada organización afiliada entregó toda su producción como el primer aporte para capitalizarla. Reunieron 15 toneladas, las que fueron exportadas a Estados Unidos.
Abraham Apaza creció con y como El Ceibo. Cuando tenía cuatro años, su padre lo descolgó desde los 4.000 metros del altiplano orureño hasta los 300 de la región del Alto Beni. En ese lugar, encontró a una organización cooperativa que aprendía a exportar la producción de cacao de sus socios, daba sus primeros pasos, igual que él.
“Francamente, soy más yungueño que orureño”, confiesa Apaza. Finalmente, el lugar de nacimiento es una casualidad. Se es de donde se han formado tus primeros recuerdos y Abraham rememora la escuela de techo de hojas de palmera, nadando en las aguas de los caudalosos ríos de la zona y trepado en los árboles de cacao.
Durante toda su infancia y adolescencia escuchó hablar de El Ceibo. Para los campesinos de la zona era el sobrenombre de la esperanza. Reuniones, viajes, actividades, todo justificaba el sueño que se habían propuesto alcanzar.
Abraham Apaza no podía imaginar entonces que, gracias a los ingresos del cacao que producían sus padres, estudiaría Administración de Empresas y, peor aún, que sería el Gerente General de la empresa que creció junto a él.
El Ceibo tiene hoy 130 empleados -90 en su planta de La Paz y 40 en el centro de acopio de Sapecho, en la zona productora-. Además de los documentos de formación académica, cada uno de ellos tuvo que presentar en su historia de vida la certificación de que es miembro de una de las 1.200 familias socias de la empresa.
El Ceibo cumple este año la edad de Cristo, pero la crucifixión no es su preocupación, ni por asomo. Es más, está a punto de dar el paso que puede garantizarle vida por muchos años: La apertura de una cadena de tiendas propias en los principales mercados del hemisferio norte.
En la actualidad, la empresa exporta alrededor de 500 toneladas de cacao en grano y productos preelaborados, como manteca, licor, cocoa y cáscara. Otras 350 toneladas son comercializadas en el mercado boliviano, la mayoría de ellas en forma de chocolate, en las más diversas presentaciones. Todas producidas en su planta instalada en la ciudad de El Alto.
En 2009, vendió barras de chocolate fino elaborado en los mercados de Japón, Estados Unidos y Suecia. La experiencia fue exitosa y mostró la solidez de la marca creada por los campesinos hace más de tres décadas. El valor agregado de los productos terminados permite generar mayores fuentes de empleo para los hijos de los socios, además de mejorar los ingresos de la empresa.
Lo que es aún mejor, les permitió darse cuenta que ya tienen la estatura como para meterse a competir en la “Champions League” de los chocolates europeos y con equipo propio. Ello, sin embargo, demandará una serie de ajustes en su fábrica, debido a que necesitan mejorar su capacidad de producción de chocolate fino.
En la pasada gestión, el movimiento comercial generado por El Ceibo superó los cuatro millones de dólares. Abraham Apaza considera que las potencialidades del mercado y la calidad del cacao producido en Alto Beni pueden elevar más la flecha de las estadísticas de ingresos de la empresa. Las 1.200 familias que forman la cooperativa pueden comenzar a chuparse los dedos.

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