EL DESIERTO Y LA PAZ

Publicado en Política

BOLIVIA-ANIVERSARIO

Publicado en fecha agosto 14, 2010

El Presidente habló de unidad, del fin de las
discordias, pero lo hizo pocos días después de
que el Vicepresidente anunciara la quinta etapa
del proceso que, se nos informaba, importa la
toma absoluta del poder.

Repasando el 6 de agosto pasado, el presidente Morales dijo un discurso conciliador, pidiendo unidad y reconociendo errores, como lo presentó un periódico paceño. Las referencias al narcotráfico, que han estado por tiempo en la pluma de muchos opositores y periodistas más bien críticos del régimen, pueden ser tomadas como un modo de evitar que los problemas derivados de las mafias de la droga, manchen al régimen; algo así como abrir el paraguas antes de la tormenta, lo que me ha provocado un grave escozor en el alma.
Para ponerlo con franqueza, hasta esas palabras del Presidente se podía pensar que las alusiones al narcotráfico eran un modo de hacerle sombra al MAS, dado su origen cocalero; un flanco de alfilerazo fácil. Desde las notas del Presidente, habría que preguntar ¿qué es lo que saben los mandatarios que nosotros no, para hacer esas advertencias, para curarse en salud?
El Vicepresidente, si recordamos bien, precedió en la alarma, pocos días antes del 6 de agosto, advirtiendo que el narcotráfico era uno de los adversarios del régimen. Antes tales frases estaban dedicadas a los medios de prensa como enemigos del gobierno, los que parecen, así a primera vista, un adversario más manejable que los narcos. Malas deben ser las noticias que les traen los organismos de seguridad para que se animen a compartirlas.
Cambiando de frente, el Presidente habló de unidad, del fin de las discordias, pero lo hizo pocos días después de que el Vicepresidente anunciara la quinta etapa del proceso que, se nos informaba, importa la toma absoluta del poder.
Tales divergencias me hacían recuerdo a la sentencia de Tácito, el historiador romano, puesta en boca de Calgacus, a propósito de los romanos: “… y donde hacen un desierto, lo llaman paz”. Esperemos que las buenas nuevas que el discurso del 6 de agosto del Presidente sean más bien, como algunos las han tomado, un modo indirecto de desautorizar los ominosos bocetos de nuestro intelectual Vicepresidente. Los hechos hablarán más que las palabras.
Para verle el lado bueno, no deja de ser un camino alterno bienvenido el que eligió el Presidente para dirigirse a la(s) nación(es). Para crear un orden, un puerto seguro incluso para los que disienten, la intimidación puede dar victorias de corto plazo, pero sembrar la hidra de la discordia, en el largo. Porque, para volver a las citas, Tácito afirmaba que “los dioses están de lado de los más fuertes” y Lenin, un caro líder e intelectual para nuestro Vicepresidente, solía recomendar que en política uno punce, y si encontrara harina, siga y sólo si encontrara metal se detenga. Y con lo harinosos que están los adversarios del gobierno, sería un poco cándido no pensar si hay muchas tentaciones de llamarle paz al desierto.

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