Modisto visionario

Publicado en Entrevista, Moda, Reportaje

Mr Paco Rabanne

Publicado en fecha agosto 14, 2010

“La creación no es seducción, es impacto.”
“La moda es y debe seguir siendo
un juego, un placer,
dice Paco Rabanne.

El 18 de febrero de 1934 nacía en San Sebastián, en el País Vasco español, un niño cuyo destino se iba a salir de lo corriente. Su infancia, marcada por la Guerra Civil Española, transcurre entre una abuela profundamente religiosa, poseedora por tradición de los secretos de la naturaleza y sensible a las ciencias ocultas, una madre que era miembro destacado del Partido Socialista Obrero Español y firmemente atea y un padre muerto prematuramente por no renegar de sus convicciones republicanas.
La guerra y este universo familiar dotan al joven Paco Rabanne de las cualidades que conformarán su carácter y que le ayudarán a lo largo de su trayectoria: la tolerancia, la certeza de que la realidad tiene múltiples caras, la generosidad, el interés por los demás y la apertura al mundo.
Refugiado en Francia desde los cinco años, Paco Rabanne cursa estudios académicos que le llevan a la Escuela Nacional de Bellas Artes en 1952, donde se matricula en la rama de arquitectura. Sus maestros le instan a conocer a fondo su siglo si quiere convertirse en un buen arquitecto, y para ello, a visitar numerosas exposiciones, ver películas y obras de teatro, no olvidar la música y relacionarse con artistas e intelectuales.
Paco Rabanne escucha, aprende, construye su propia cultura. Impelido por lo que él denomina la “doble mirada”, esa mirada que se ha forjado, Paco Rabanne se interesa desde siempre por el objeto y su razón de ser.
Muy pronto empieza a fabricar accesorios para la moda, con los que financia sus estudios de arquitectura. No se trataba de un mundo desconocido para él, ya que, cuando vivían en España, su madre era oficiala primera de la casa Balenciaga.
Diseña y fabrica bolsos, joyas y cinturones para Roger Model, el talabartero de la Alta Costura, y luego para Charles Jourdan. Hasta que en el 66, Courrèges, Cardin, Balenciaga y Givenchy le dan el impulso definitivo comprando sus bocetos y Gérard Pipart, que acaba de entrar en Nina Ricci, le confía el bordado de los modelos. Paco Rabanne conoce a Cristóbal Balenciaga, Hubert de Givenchy, Jacques Griffe, Christian Dior, Yves Saint Laurent…
¿Qué le impulsó a dedicarse a la moda?
Me crié en su seno: mi madre era oficiala de modista en Balenciaga. Mis hermanos, hermanas y yo siempre le echábamos una mano para rematar una bonita pieza. Más tarde, para costearme los estudios, diseñé bolsos para Roger Model y zapatos para Charles Jourdan, así como botones y bordados para la alta costura.
Sin embargo, lo que realmente me impulsó a dedicarme a la moda fue el contexto de la época. En los años 60, existía un gran desfase: mientras que el movimiento artístico resultaba fascinante, las siluetas de la época estaban inspiradas en los años 30. Bonitas pero pasadas de moda. Para mí, la moda se convirtió en el medio perfecto para lograr una repercusión y desencadenar un impacto.
¿Por qué razón decidió, de entrada, dar preferencia al metal?
Desde Prouvé a César, todos los grandes artistas de la época trabajaban este material. Eso fue lo que me inspiró para crear mi primera colección en febrero de 1966: doce vestidos imposibles de llevar realizados en materiales contemporáneos. ¡El mundo de la moda gritó escandalizado! La Señorita Chanel, que sutilmente me llamaba “el metalúrgico”, llegó incluso a excluirme de la corporación de modistos. A mis amigos artistas, sin embargo, les encantaron.
¿Es verdad que usted es el artífice de la primera gran colección de Courrèges?
Conocí a Courrèges en Balenciaga y realicé para él un abrigo bordado con placas de plástico fluorescente. Fue la pieza que dio impulso a su fabulosa colección del año 1965.
Ha sido el primero en hacer desfilar maniquíes de color. ¿Fue simplemente para provocar al mundo de la moda que sólo empleaba modelos de raza blanca?
No, no me gusta el juego de la provocación. Simplemente, me rijo por la lógica. Cuando me dicen: “la alta costura va dirigida a todas las mujeres”, encuentro normal que mis creaciones sean lucidas por maniquíes blancas, negras, mediterráneas y asiáticas.
El público y la prensa le describen como futurista. ¿Qué piensa de eso?
No estoy de acuerdo. Por el contrario, soy terriblemente contemporáneo. No me adelanto a mi época. La prueba es que siempre he trabajado con materiales propios de la época en la que vivía. Siempre he buscado la experimentación y la diversión. Para mí, la moda es y debe seguir siendo un juego, un placer.

Arte y arquitectura
“Disciplina artística principal, la arquitectura cohabita a la perfección con la moda”.
¿Por qué decidió estudiar arquitectura?
Porque, al igual que la pintura, la escultura y la música, es una disciplina artística principal, difícil, suprema. Un arte de precisión que no es una utopía. Exige un rigor absoluto y una cultura sólida. Eso es lo que me han aportado mis doce años de estudios en la Escuela Nacional Superior de Bellas Artes de París. Ahí aprendíamos tanto el oficio de arquitecto, como Filosofía, Historia del Arte, Pintura y Música.
¿Qué le ha aportado para crear su moda?
Me ha permitido explorar las prendas desde una perspectiva totalmente nueva. Al igual que todos los arquitectos, tengo sentido de la realidad, sé valorar los volúmenes, razono de forma instintiva en tres dimensiones y aplico una lógica de los materiales. Eso explica por qué yo no puedo tener la misma visión que un modisto: disfruto experimentando e inventando las cosas más locas que uno se pueda imaginar.
Poesía y tecnología, densidad y ligereza, serio y lúdico, usted consigue aunar los antagonismos. ¿Es una preocupación propia del arquitecto?
En efecto, así es. Sin embargo, la razón por la que yo me muevo tanto dentro de lo sublime como de la lógica se debe al hecho de haber sido criado por dos mujeres bien diferentes: mi madre se distinguía por su pragmatismo, mientras que mi abuela tenía un don para lo inmaterial. Compaginar las dos dimensiones es una necesidad para mí. Por ejemplo, cuando imagino un vestido de metal, aluminio o plástico con hologramas, pienso hasta en la luz que va a reflejarse sobre el material. Aunque no sea palpable, forma parte integrante de la prenda.
En su trabajo, la arquitectura, el arte y la moda están íntimamente ligados. ¿Sus creaciones son más las de un artista que las de un modisto?
Jean Prouvé, que fue uno de mis profesores en Bellas Artes, nos decía: “todo es arquitectura, incluso el pomo de una puerta”. Mis colecciones no escapan a esta regla. Incorporan preocupaciones diferentes de las propias a la moda y que se impregnan de los principios básicos de la arquitectura: la reflexión sobre los materiales, el respeto del medio ambiente, la economía y la democratización del estilo. Sin embargo, mis creaciones no son piezas de arquitectura ni obras de arte. Sólo son moda.

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