¿Magnicidio y golpe?

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PRESIDENTE RAFAEL CORREA LLEGÓ AL PALACIO DE GOBIERNO

Publicado en fecha noviembre 03, 2010

5 muertos y 274 heridos dejó la revuelta policial.

José Luis Caicedo, de 29 años, no olvidará nunca el pasado 30 de septiembre del 2010. El joven técnico en computación salió de su empresa cuando escuchó el alboroto callejero. Se indignó al ver que algunos policías lanzaban bombas lacrimógenas a ancianos, mujeres y niños.
Caicedo les reclamó que no atacaran a las personas indefensas y también recibió un bombazo en pleno rostro, que le destrozó la mandíbula, la nariz, la frente y cuatro dientes. Estuvo en el quirófano durante cinco horas y en terapia intensiva dos días, dice a IN Cristina Caicedo, hermana de José Luis.
Él trabaja en el barrio Las Casas, al norte de Quito, la capital de Ecuador. Allí también está el Regimiento Quito Nº 1, donde la tropa de la Policía se sublevó ese día. La insubordinación, que se extendió a 11 ciudades ecuatorianas, fue contra la Ley de Servicio Público, recientemente aprobada por el presidente Rafael Correa.
El nuevo reglamento termina con los premios económicos que reciben los policías y militares por sus años de servicios (desde los 15 a los 38 años); cancela la entrega de medallas, anillos y canastas navideñas; cambia la seguridad social de los militares; y dispone que su jubilación se pague con bonos del Estado y no con dinero.
El levantamiento dejó cinco muertos (con balas del Estado) y 274 heridos, entre ellos Caicedo. El 30 de septiembre (30-S), los uniformados ultrajaron al presidente Correa y lo retuvieron durante 11 horas en el hospital de la institución, ubicado al lado del regimiento.
El Gobierno dice que hubo un intento de golpe de Estado, planificado con anterioridad. Pero la oposición y la prensa privada sostiene que no fue así: no hubo un sucesor ni una reivindicación política de nadie, todo fue un “show montado por el propio Correa”.
“Sí hubo un intento de golpe para cambiar de presidente, hay elementos que prueban esa situación. También quisieron  sembrar el caos y la inseguridad en la gente”, dice la ingeniera guayaquileña Patricia Coloma.
El imbabureño Héctor López sostiene lo contrario. El presidente Correa gobernó incluso desde el hospital, recibió llamadas y visitas, y hasta dio órdenes. “Nunca estuvo privado de sus derechos ni secuestrado”.

EL ULTRAJE AL PRESIDENTE
El 30-S, los noticieros de las 7h30 anunciaron que en el Regimiento Quito Nº 1 cientos de policías protestaban contra la Ley de Servicio Público. Quemaban llantas, gritaban consignas contra el Gobierno y no salieron a patrullar las calles ni a vigilar las ciudades. Una situación extrema en un país, donde la inseguridad por asaltos, robos y secuestros rápidos es diaria.
El presidente Correa, quien está en el poder desde el 2007, acudió personalmente a ese regimiento, a las 10h00. Quería resolver el problema y explicarles el alcance de la nueva ley. Según él, ningún otro régimen ha entregado tantos recursos a la institución ni ha incrementado al doble el salario de los uniformados.

SILBARON AL PRESIDENTE
El Primer Mandatario se abrió el botón del cuello de su camisa, se aflojó la corbata y dijo en tono enérgico: “¡Si quieren matarme, mátenme…!!”.
A las 10h20, Correa salió del lugar en medio de golpes, puñetes, bombas lacrimógenas y empujones, que le propinaron los uniformados. No tenía guardias de seguridad y caminaba apoyado en un bastón, porque hace poco lo operaron de la rodilla. La tropa también se tomó el helipuerto de regimiento para impedir que se vaya.
A las 10h40, el Presidente llegó hasta el Hospital de la Policía (cercano al lugar), asfixiado y exhausto. Allí permaneció durante 11 horas.

OTROS FOCOS DE INSURRECCIÓN
Mientras tanto, en la Asamblea, la escolta legislativa se plegó al paro e impidió el ingreso de los asambleístas del oficialismo. Según la Ministra Coordinadora de la Política, Doris Soliz, la Asamblea fue otro foco de conspiración, porque la escolta se reportaba con Gilmer Gutiérrez, líder de la oposición y hermano del ex presidente, Lucio Gutiérrez.
A las afueras del Ministerio de Defensa, en Quito, los militares de baja graduación se sumaron a las protestas. El aeropuerto quiteño Mariscal Sucre también fue tomado por otro grupo de militares.
En el resto del país, hubo asaltos, robos y saqueos a negocios y supermercados. “Ahora confiamos menos que antes en la Policía. No pueden reclamar así, perdimos un día de trabajo y todo fue un caos. ¿Cómo les pido que me ayuden si alguien me ataca?”, señala Rosario Anasi.

EL ESTADO DE EXCEPCIÓN
A las 11h00, los simpatizantes del presidente Correa se dirigieron a la Plaza Grande, el centro de Quito, para resguardar el Palacio de Gobierno. Y al Hospital de la Policía, donde estaba retenido el Primer Mandatario.
Allí los policías los recibieron con gases lacrimógenos.
A las 13h30, se decretó el estado de excepción y los militares tomaron el control de la seguridad. 30 minutos más tarde (de 14h00 a 20h00), los medios de comunicación (radio y TV) debieron transmitir la señal de la televisión Pública.
De las 20h45 y las 21h30, 850 miembros de las Fuerzas Armadas y de la Policía de élite rescataron al presidente Correa del hospital de la Policía. Hubo un enfrentamiento entre los francotiradores de los amotinados y los cuerpos especiales.
Una hora después, el Primer Mandatario hablaba desde el balcón presidencial, en medio de los gritos de sus simpatizantes y de las banderas tricolores: “No habrá ni perdón ni olvido…”, advertía.
A pocos metros de distancia del Palacio de Carondelet, José Luis Caicedo, estaba inconsciente y en terapia intensiva en una clínica privada.

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