“Ser sede de gobierno tiene sus perjuicios”

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Publicado en fecha noviembre 03, 2010

El historiador Fernando Cajías de la Vega analiza las posibilidades y limitaciones de la ciudad de
La Paz, en el mes de su fundación.

Fernando Cajías de la Vega es más paceño que la marraqueta: Nació en el barrio de Sopocachi, en el seno de una de las familias más tradicionales de la ciudad, dio sus primeros pasos en el Montículo y hasta baila llamerada en la entrada del Gran Poder. Su carrera de historiador le permitió meterse en los más íntimos vericuetos del pasado de la sede de gobierno y su actividad política lo involucró en sus posibilidades y limitaciones.
Él considera que ser sede de gobierno ha reportado beneficios para La Paz, pero también perjuicios. Por ejemplo, no le permite explotar su potencial turístico: Topográficamente es una ciudad única, pero además tiene a la vuelta de la esquina atractivos como Tiwanaku, el Lago Titicaca, Copacabana, Coroico, Sorata y las mejores posibilidades de conectar con lugares tan diversos como Uyuni y Rurrenabaque. El problema es que también es sede de casi todos los conflictos sociales en el país. No hay día en que no sufra marchas y medidas de protesta o tenga bloqueada alguna de sus vías de acceso.
El ser sede de gobierno, ¿ha sido un beneficio o un perjuicio para La Paz?
Siempre ser sede de gobierno tiene su perjuicio en sentido de la agitación política, creo que lo más terrible de ser sede de gobierno es esta profunda inestabilidad política que vivimos todos los días, si no es uno es otro el que bloquea nuestras calles, es raro un día tranquilo. Ese es la gran debilidad, la gran amenaza.
Pero lo demás, creo, debemos reconocer, que hemos sido beneficiados, sobre todo en la primera mitad de siglo. Gracias a ser sede de gobierno hemos tenido un gran desarrollo como ciudad, pero creo que luego, con las luchas regionales, esa gran ventaja se ha ido diluyendo, hemos ido perdiendo. Claro, el prefecto aquí  tiene menos fuerza que los prefectos de otros lugares, porque aquí está el presidente y es más difícil hablar de descentralización. Creo que si bien hay que continuar con las ventajas de ser sede hay que eliminar las desventajas. Por ejemplo, todos los líos y sobre todo no perder el espíritu de lucha. Hay muchas cosas por hacer en La Paz y un poco nos diluimos pensando que el gobierno está acá.
¿No cree usted que el ser sede de gobierno le ha impedido a La Paz generar sus propios ejes de desarrollo?
Es cierto que mucha gente se dedica a ser funcionario público, esa labor por supuesto es importante, pero no debería ser la única. Es cierto, no encontramos nuestra vocación productiva, sobre todo en los últimos tiempos estamos un poquito a la deriva en esto de diseñar nuestro destino, somos una ciudad eminentemente comercial, pero realmente nos falta tener claridad sobre nuestra vocación económica.
Por ejemplo, hay una vocación turística que no termina de ser explotada…
Ese es un punto dramático. Yo creo que La Paz es una de las regiones más beneficiadas con atractivos culturales y naturales y, sin embargo, el turismo sigue siendo un turismo de segunda mano, por nuestra inestabilidad política y porque no hay una vocación turística que dé prioridad en inversiones y en acciones a lo que significa el turismo. Obviamente, se permiten los bloqueos y todo eso hace huir a los turistas o, por ejemplo, no se hacen todas las inversiones que deberíamos tener en servicios y en accesibilidad. Aunque no hay duda que La Paz ha progresado en materia de turismo, ahí se ve un problema: unos asumen esa vocación y otros no. No hay políticas de Estado, se puede decir, en el departamento. Ese es un problema.
¿Qué perspectivas le ve usted a la ciudad de La Paz?
La Paz hay que verla como ciudad y como región. Creo que hay una perspectiva muy grande. Todo parecía indicar, a fines del siglo XX, que La Paz iba a perder su liderazgo y, sin embargo, creo que se ha consolidado su liderazgo. Todavía somos la ciudad donde se toman la mayor parte de las decisiones políticas, yo creo que su liderazgo político es todavía indiscutible. Pero, si no tomamos una política regional en la que todos nos pongamos de acuerdo, como la de invertir en turismo, yo creo que nos podemos venir abajo nuevamente.
Creo que falta más unión de los paceños y sobre todo de los paceños con los alteños, estamos obrando como si fuéramos dos ciudades diferentes. Entonces, en ese sentido, hay dos caminos: si seguimos así, fraccionados y divididos, esto se puede perder, podemos perder ese liderazgo político y podemos entrar en franco deterioro; pero si nos unimos, aceptando y respetando la diversidad, logramos políticas unitarias tanto en la ciudad como en la región, creo que es muy importante. Entonces, tenemos que ponernos de acuerdo para una política común.
Y en lo económico, hay también un potencial manufacturero que sigue durmiendo…
La ciudad tiene varias vocaciones, no. Quizá ahí sea la diferencia de que no seamos una sola vocación sino vocaciones diversas. Por lo que significarían los ingresos, el turismo, en primer lugar, y, en segundo lugar, la manufactura, la industria alimenticia, textil, la artesanía y todo lo que significa ese tipo de producción. Indudablemente, no vamos a dejar nunca de ser una ciudad comercial, nacimos como mercado y creo que vamos a morir como mercado, pero ese mercado tiene que dar ingresos a la ciudad, no puede ser tan informal. Se sabe que mueve mucho dinero y queda muy poco para la ciudad y el país. Creo que hay que apoyar a esta actividad comercial, porque creo que es muy importante el intercambio de productos, pero ver la manera para que esa actividad tenga que pagar impuestos, como lo hacía durante la Colonia.
¿Cómo imagina a La Paz en 2025, cuando Bolivia cumpla 200 años?
Una ciudad mucho más grande, va a seguir creciendo, y no solamente un centro cultural representativo de Bolivia, sino de todo el centro oeste de Sudamérica. Yo creo que si seguimos en el camino de esa identidad tan fuerte vamos a ser el punto de referencia de Bolivia, del norte argentino, del norte chileno y del sur peruano.
“El paceño tiene una identidad diversa”

¿Hay una identidad paceña? ¿Se puede hablar de lo paceño?
La Paz, como el resto de los departamentos, tiene una identidad diversa, es una confluencia de identidades. Hablando desde su aparición histórica, la primera fuerte es Tiwanaku, como cultura madre. Y su simbología, sobre todo la cruz andina, actualmente es como parte de la identidad de un sector de la población. Mucho más fuerte es la influencia aymara, esta es una ciudad muy aymara, basta ver la mayoría de los nombres en los barrios: Achachicala, Kantutani, Auquisamaña…, son nombres en aymara y especialmente del señorío Pacaje. Indudablemente que en el idioma, en la toponimia, en la religiosidad y en la población hay una fuerte presencia aymara.
Luego de la fundación llegaron también los españoles, los criollos y, entre lo aymara y lo español, se formó un mestizaje muy especial aquí en La Paz, un mestizaje que se refleja en las comidas, en la religiosidad, inclusive en la forma de hablar. Además, no se puede olvidar de la identidad afro. Entonces,  hay varias identidades, pero por otro lado yo considero que hay una identidad superior, una identidad más grande, y esa es la identidad paceña.
¿Cree usted que este conjunto de identidades ha logrado tejerse en una identidad paceña?
Está en pleno proceso de construcción. Este sentido de pertenencia a La Paz ha crecido o se ha consolidado, pero todavía falta, igual que la identidad boliviana, que es otra identidad mayor de confluencia. Si bien las identidades particulares son muy fuertes, creo que también hay una identidad paceña fuerte, ¿no? No diría que asumida por todos de la misma manera, pero existe una identidad paceña.
Pero cuando uno compara lo cruceño, lo chaqueño, uno siente que en La Paz aún no existe ese espíritu, esa identidad…
Lo que pasa es que La Paz quizá fue una de las regiones, dentro de la historia, con más identidad propia, ¿no?, sobre todo en el siglo XIX. En los inicios del Siglo XX lo paceño fue una identidad muy fuerte, tan fuerte que fue capaz de tomar la sede de gobierno.  Pero, probablemente la responsabilidad adquirida de ser sede de gobierno, y por lo tanto tener una cuestión más nacional que regional, ha hecho que todas las luchas de reivindicaciones paceñas no sean tan fuertes como en otras regiones. Como aquí está la sede de gobierno es como que la identidad boliviana aquí es más fuerte que la identidad paceña, pero no obstante creo que es una identidad bastante fuerte, asumida por mucha gente.
Cuando llegan los hermanos cruceños a La Paz mantienen su identidad, hay una cantidad de restaurantes de comidas orientales, lo mismo cuando va el paceño, algunos se adentran en lo que es la cultura camba, pero otros mantienen una identidad tan fuerte que, no solamente han hecho un restaurante, sino toda una entrada folclórica, entonces creo que es una identidad fuerte, pero a la vez una identidad dispersa.
¿No cree usted que lo nacional ha puesto en segundo plano lo regional?
Están en el mismo plano, lo que pasa es que en otros lugares la identidad regional o la identidad étnica llega a estar un poquito más alta, aquí yo creo que está en el mismo plano. Lo que sí es cierto es que no hemos tenido suerte con nuestras organizaciones cívicas, no se han logrado institucionalizar, no son de convocatoria. Pero, en cambio, el himno paceño se lo canta en todos los actos, ¿no? Es de una fuerte simbología. Más bien hay actos en los que el himno paceño se canta antes, yo creo que hay nomás una fuerte identidad…
Pero a diferencia de otros departamentos, uno encuentra a migrantes de los distintos departamentos en La Paz que mantienen su ligazón con su tierra, pero en Santa Cruz, por ejemplo, encuentra a paceños asimilados como cruceños…
Es indudable que la cultura cruceña es muy fuerte, lo que hace que mucha gente se apropie de ella, inclusive su forma de hablar, sus comidas, etc. Pero creo que la identidad paceña es igualmente fuerte, lo que pasa es que está, como digo, más dispersa. Yo conozco mucha gente de muchos lugares que realmente son tan parte de La Paz que uno ya se ha olvidado de su origen.
Ojala mantengamos esa virtud de no preguntar nunca de dónde eres, a no ser cuando el dato es absolutamente necesario. Es muy difícil que sea lo primero que entre en una conversación, porque tenemos más apertura. Así, en ese sentido, mucha gente que a veces es de afuera ha sido icono de la cultura paceña. Guzmán de Rojas, potosino, es el gran pintor de La Paz, de Llojeta, y así hay otros personajes que han venido de afuera, como el propio historiador cruceño Humberto Vásquez Machicao, que terminó siendo muy fuertemente representante de la cultura paceña o, por lo menos, de la cultura que se hace en La Paz.
Creo que es una identidad bastante diluida porque hay dentro de ella identidades muy fuertes como la alteña, aymara…
Bastante nacional, digamos…
Y hemos asumido mucho nuestro rol de sede de gobierno y hemos asumido mucho la tarea de construir identidad nacional. Creo que lo bueno es que eso no ha hecho perder la identidad paceña.

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