El dibujante de Sombras

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El lugar del cuerpo copy

Publicado en fecha diciembre 14, 2010

Ambientada en el siglo XVIII, esta novela de la mexicana Ana Clavel,  da vida a un dibujante de sombras, convertido en devoto del arte y del sensualismo en el cuerpo amado de su mujer.

Ana Clavel, Premio Juan Rulfo de Novela 2005, nos regala una narración que revela un estilo depurado y agradable que hereda de la literatura japonesa la estructura y la forma pausada de narrar. Con El dibujante de sombras, Ana Clavel realiza un trabajo impecable en donde la simplicidad es el eje de la narración.
El dibujante de sombras está ubicada a finales del siglo XVIII y cuenta la historia de Giotto, no el afamado pintor florentino Giotto di Bondone, sino la ficción de Giotto de Winterthur su doble, su sombra, su avatar. Un juego de reflejos, luminiscencias, de contrastes y de tinieblas. Lo importante siempre aparece por partida doble. Los ejes temáticos son el erotismo, la belleza, el cuerpo como un lienzo y la imagen como el origen del deseo.
La lectura de esta narración va también acompañada de una serie de imágenes que llevan de la mano al espectador por el mundo de Giotto. Ofrece además una explicación minuciosa del funcionamiento de la cámara oscura, y hace un retrato meticuloso de los primeros experimentos para fijar la imagen, lo que después se convertiría en la fotografía.

El arte: doble de la vida
Todo mundo sabe que los laberintos han existido desde la antigüedad más remota. Ahí está, por ejemplo, el famoso laberinto de Creta donde vivió el Minotauro. Muchos creen que la bestia de rasgos humanos se hallaba ahí aprisionada en contra de su voluntad. Nada más erróneo: según el más avezado de sus cronistas, el laberinto poseía, entre otras maravillas, jardines y hermosas áreas dedicadas al disfrute de los sentidos pues su inventor sabía un secreto clave en la construcción de laberintos: No hay laberinto más perfecto que aquel del que no se desea salir.
Esto llegó a conocerlo demasiado bien nuestro personaje, un dibujante que vivió a la sombra de un sabio de su época: el pastor suizo Johann Kaspar Lavater. Lavater es un nombre casi desconocido en nuestros días, pero hubo un tiempo, a fines del siglo XVIII, en que los visitantes de Zürich hacían una parada obligatoria en la casa del reverendo. De todos los rincones de Europa llegaban forasteros para solicitarle una cartilla fisiognómica y un retrato de sombras realizado por su ayudante.
No lo sabían a ciencia cierta, pero intentaban encontrar una luz en el oscuro laberinto de sus propios corazones.
Se trataba literalmente de otro universo. No existían ni la fotografía ni el cine. Fines de siglo XVIII, también llamado Siglo de las Luces, por más que su impronta fueran los claroscuros y los contrastes.
Por esos lejanos días, el capitán James Cook descubría el archipiélago de Hawai y era venerado por los aborígenes como un dios; Joseph Guillotin acababa de obtener su título de médico y aún no se apiadaba de los condenados a muerte con ese artefacto revolucionario que perpetuó aciagamente su memoria: la guillotina; y el todavía joven poeta Goethe se enamoraba de Madame de Steine con sólo contemplar su imagen en una sombra chinesca.
“Sería un maravilloso espectáculo ver cómo se refleja el mundo en esta alma”, había revelado el autor de Las cuitas del joven Werther a su reciente amigo Kaspar Lavater con el retrato de sombras entre sus manos.
El retrato había sido elaborado por Giotto, no el famoso pintor medieval, sino un dibujante de sombras originario de Winterthur, a quien el pastor de Zürich había recogido de niño y dado el nombre del pintor italiano. Giotto, el otro Giotto. El desconocido Giotto de Winterthur.

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