Mi prioridad fue el automovilismo

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Armin

Publicado en fecha febrero 28, 2011

Armin Franulic fue uno de los principales exportadores de café del país y ahora se dedica a comercializar carburantes.

Armin Franulic dice que, en realidad, su otro oficio es el de empresario privado. Y tiene razón, en el país se lo conoce más por su capacidad para circular a más de 100 kilómetros por hora a través de las difíciles carreteras bolivianas que por sus inversiones.
Y no es que no haya tenido una intensa actividad en el mundo de los negocios. Desde muy joven estuvo vinculado a la actividad minera y en 1970 -a sus 27 años- le puso color a su vida: se dedicó a la exportación de café, actividad a la que se dedicó hasta hace algunos años.
Fue distribuidor mayorista de combustibles hasta que el gobierno de Evo Morales decidió devolver esa actividad a YPFB. Sin embargo, la economía de Franulic aún funciona a gasolina: Es dueño de la más importante estación de servicio de la Zona Sur, en la ciudad de La Paz, y es el responsable del aprovisionamiento de combustible de algunas instituciones nacionales.
Pero es el ruido de los motores el que enmudece al empresario. “No me cuesta decirlo, le di prioridad al automovilismo”, afirma. Y sus razones se cuentan en trofeos: Tiene ocho títulos nacionales de automovilismo deportivo en su haber.
Su afición por las competencias automovilísticas comenzó temprano, incluso antes que su vocación emprendedora. Su padre tenía la propiedad Huancapampa, en el municipio paceño de Palca. Y pese a que tenía apenas 13 años le confiaba el volante del vehículo en el que iban al lugar. Todos los días su desafío era superar los tiempos del día anterior.
Hasta que en 1976 decidió darse “una carrerita para sacarme el gusto”. Participó en el Gran Premio Nacional de ese año al mando de un Torino. El problema es que nunca pudo sacarse el gusto.
Franulic había cumplido 33 años cuando disputó su primera competencia. Para entonces, su actividad empresarial ya estaba bien encaminada: “Primero pensé en la familia y que no le sea un óbice mi participación en la parte económica”. Pero sólo en lo económico.
Familia y empresa tuvieron que adaptarse a su pasión. Recuerda que en repetidas ocasiones tuvieron que postergar las vacaciones familiares que habían sido planificadas con anticipación por el cambio de fecha de una competencia deportiva.
Y como las urgencias de cualquier empresa no pueden esperar, se llevaba trabajo al volante. Entre llantas y repuestos, su equipo de auxilio estaba obligado a trasladar un equipo de comunicación de alta frecuencia para que Franulic -una vez concluida la etapa- deje el volante de su bólido y tome las riendas de sus emprendimientos. Claro, eran las épocas en que los celulares eran una entelequia.
El empresario no se explica cómo han pasado más de tres décadas en las que ha tenido que combinar el manejo de sus empresas con las competencias automovilísticas. Considera que ha sido definitivo el apoyo de su esposa e hijos, quienes, de a poco, se han involucrado en ambas actividades.
Patricio, Pablo y Mauricio Franulic, además de estar dedicados a la empresa privada, también han incursionado en competencias de bicicross, karting y automovilismo deportivo. “A mi esposa hay que hacerle un monumento. Ella cuenta que un domingo fue a ver a Patricio en una carrera de bicicross, en Achumani; a Pablo y Mauricio en el karting, en Alto Irpavi; mientras tenía una radio en la oreja para seguir la Vuelta a los Yungas que estaba corriendo yo”.
Hasta que en noviembre de 2009 decidió ver por el retrovisor su exitosa carrera deportiva, aunque todavía no puede desprenderse del todo del mundo tuerca: Es presidente de la Federación Boliviana de Automovilismo Deportivo.
“No sé, es difícil de decir, es algo que llevamos dentro, un desafío”. Franulic intenta encontrar una explicación para justificar una pasión de tan alto riesgo. Confiesa que ahora lo sufre, cuando ve a sus hijos participando de alguna competencia automovilística. Les pidió que ya no corran porque le están sacando “canas verdes”. “Ellos me han dicho que sufrían igual cuando yo corría”. ¿Con qué moral, campeón?

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