“Evo está desesperado”

Publicado en Entrevista, Sin categoría

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Publicado en fecha marzo 01, 2011

El presidente de Anapo advierte que este año puede agravarse el déficit en la producción agrícola si no adoptan medidas urgentes. Tiene el mérito de haber tendido puentes entre el agro y el gobierno.

Perfil

Demetrio Pérez Flores (48)

Nació en Inchasi, provincia Linares de Potosí. Su familia se trasladó a Santa Cruz cuando apenas tenía un año.

Se asentaron en Yapacaní y posteriormente en San Pedro, en el Norte Integrado.

Realizó estudios escolares en Montero y posteriormente cursó dos años de veterinaria en la UAGRM, estudios que interrumpió por un curso de especialización en producción de arroz en Italia. Es productor soyero y arrocero.

Fue presidente por varias gestiones de la filial norte de Anapo que le dio derecho a participar del directorio de la entidad. En marzo de 2009 fue elegido presidente de Anapo, la primera vez que un productor pequeño y migrante campesino accede a esta posición.

Está casado con Felipa Mamani, tiene cinco hijos.

La vida de Demetrio Pérez Flores (48) guarda cierta semejanza con la del presidente Evo Morales. Nació en el campo, en Inchasi, un pequeño poblado de la provincia Linares de Potosí. Con apenas un año migró junto a sus padres para colonizar tierras en Yapacaní. Su niñez transitó entre arrozales, cañaverales, maizales y los estudios. Forjó su liderazgo desde abajo, primero en el sindicato de transporte de San Pedro y más tarde pasó al mando de la filial norte de la Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo (Anapo), entidad que preside hace dos años. Este pequeño productor que hoy representa a cerca de 15.000 asociados -entre grandes, medianos y pequeños- se propuso como primera tarea poner fin al encono entre el gobierno y los productores cruceños; buscó a Morales y desde entonces no ha dejado de aprovechar ninguna oportunidad para llevar beneficios a su sector.
Con casi una decena de encuentros públicos y por el buen relacionamiento, Pérez se siente próximo al primer mandatario, lo que no le quita el sentido crítico que asume sobre los errores de administración gubernamental en la crítica escasez de productos alimenticios -hoy con la caña de azúcar y el maíz- y el posterior incremento de precios.
“Vamos a tener escasez. Se agravará si no se toman medidas urgentes y el gobierno, el presidente Morales, lo saben. Las señales tienen que darse antes que termine febrero. Es probable que aliviemos la crisis, pero no saldremos del problema”, advierte el máximo directivo de Anapo.

EL NEXO ENTRE EVO Y EL AGRO
La relación de Evo Morales con Santa Cruz y los sectores productivos ha sido tensa, polarizada. ¿Cómo se acercó Ud.?
Cuando fui elegido presidente de Anapo, la relación era tensa; la posición era no ir a ningún diálogo mientras no resuelvan varios problemas que se estaban suscitando. Esa postura no estaba dando resultados, sino al contrario, estaba tensionando más aún y la falta de diálogo e intercambio de información con el Estado nos perjudicaba. Entonces, ¿seguíamos o cambiábamos?
¿Cómo se produce este encuentro?
Tanto él como yo somos de extracción campesina y ambos buscamos el desarrollo de los pequeños productores. Ese fue quizá el gancho para que me invitara a una reunión en la que pretendíamos desmitificar que Anapo estaba siendo manejada por oligarcas y terratenientes. Fuimos todo el directorio con la propuesta de establecer una agenda productiva, lejos de toda consideración política. Y desde entonces venimos trabajando con avances importantes y rezagos. Lo importante es que conseguimos avances importantes para el sector. Es más, nos convertimos en puente para la apertura de diálogo con otros sectores.
¿Cuántas veces se reunió con Evo Morales?
Llevamos como unas 8 a 10 reuniones. El trabajo lo ejecutamos con sus colaboradores de ministerios y viceministerios. Su presencia es importante para evaluar resultados e impulsar nuevos proyectos.
¿Cómo han sido estas reuniones?
En un principio muy tensas, de mucha desconfianza. Recuerdo que en la primera cita comenzó la charla con advertencias: “Si vienes a defender a terroristas, terratenientes y separatistas es mejor que te vayas; pierdes el tiempo. Ahí tienes la puerta, es mejor que te vayas”, me dijo. Pero nosotros fuimos con un plan de trabajo para concentrarnos en política productiva. Desde entonces fuimos construyendo un espacio de confianza, presentando nuestras propuestas, proporcionando la información necesaria que el gobierno requiere. Creo que esto nos abrió puertas.
Por estas reuniones, el Comité Cívico lo calificó a Ud. de traidor, lo mismo que a la Cainco y la CAO. ¿Cómo se sintió?
No me sentí en ningún momento como tal, ni me preocupa. Recientemente recibí un reconocimiento por tender puentes, por trabajar por mi sector. Propiciamos una inversión de 30 millones en la región, generamos fuentes trabajo, aseguramos la producción de más de 200.000 hectáreas; estamos trabajando en la búsqueda de más y mejores oportunidades para nuestros productores. Las posiciones duras no nos llevan a ninguna parte. A nosotros nos interesa producir cada vez más y para eso se requieren condiciones.
Sin embargo, el vicepresidente García Linera, en sentido contrario, ve productores aprovechadores y advierte restricción a las exportaciones
Sí, hemos tenido esa situación de mal enfoque hacia el sector. Es probable que no tenga la información correcta o aún no entienda la dinámica del sector productivo. Hay colaboradores que piensan igual. Justamente nuestro problema actual de déficit de alimentos se explica en parte por la prohibición de las exportaciones. En el caso del maíz, por ejemplo, Bolivia nunca tuvo problemas de provisión, pero coincidieron dos problemas al mismo tiempo, primero una baja de precio en temporada de cosecha y a la vez las restricciones a las exportaciones que compensaban los bajos precios internos. El maíz es esencialmente un cultivo de rotación y al tener una perspectiva de precios bajos, el producto prefirió no sembrar, se bajó de 300.000 a casi unas 65.000 hectáreas; obvio que no alcanza a cubrir la demanda interna. Esas son las consecuencias de no tener una lectura cabal. El gobierno debe entender que no se trata sólo de cortar exportaciones; debe prestar más atención y coordinar. De eso se trata la soberanía alimentaria.
¿Ese mismo efecto se produjo con la soya y el sorgo?
Sí, claro. No hemos tenido un crecimiento en la frontera agrícola. Los mercados externos se cerraron cuando los precios estaban entre 450 y 500 dólares por tonelada. El productor tuvo que absorber los altos costos de producción y perder. El girasol venía creciendo muy bien, pero también fue presa de costos altos y bajos precios, además de la restricción de exportaciones. La recuperación de las pérdidas no es inmediata.
¿Entonces coincide con el informe de la FAO que indica que el déficit es en parte consecuencia de las restricciones a las exportaciones?
Yo agregaría algo más: el control de precios, el famoso “Precio Justo”, ha sido una medida popular, pero obstaculiza el crecimiento del agro. Esta crisis es producto de varios factores como el contrabando, el clima, con inundaciones y con sequía. Se sumaron las restricciones a las exportaciones  de soya, aceites, arroz, maíz, azúcar, sorgo y girasol. Pero además están otros obstáculos que el gobierno fue poniendo. Amenazó con aplicación dura de la Función Económica Social (FES) en la nueva Ley de Tierras, a ello se sumó la exigencia del PLUS -el Plan de Uso de Suelos- cuyo incumplimiento es sujeto de reversión. Eso creó temor, inseguridad.
No es con prohibiciones que se soluciona…
Por supuesto que no. Esta es la gran lección para el gobierno. Las prohibiciones nos han hecho daño a todos los productores. Fíjese en el girasol: se sembraba más de 300.000 hectáreas y el consumo no pasaba del 5%, pero se prohibió y el resultado es que tenemos menos de la mitad de siembra.
¿Este 2011 tendremos problemas aún con la producción?
Claro que vamos a tener escasez; será más grave si no se adoptan medidas urgentes. Este año podríamos aliviar la crisis, pero no saldremos del problema. De no revertirse las restricciones sobre el girasol y el grano de soya, vamos a tener algunos problemas. En el caso del maíz -que no tiene un precio de mercado- la situación es más crítica. Necesitamos señales, acciones urgentes del gobierno no más allá de febrero para ir salvando los problemas, extender las áreas de siembra en el invierno. Con la siembra anual de 110.000 hectáreas sólo tendremos unas 400.000 toneladas de maíz y eso no alcanza para cubrir la demanda de 700.000 toneladas. El gobierno ofrece 10% más sobre el valor de mercado a través de Emapa, eso resulta interesante. Ojalá estemos a tiempo.

EVO DESESPERADO
¿Cómo vio al presidente Morales en la última reunión de hace unas semanas?
Muy preocupado, buscando una solución inmediata, pero las cosas no son así de rápidas en el sector productivo; existe un proceso gradual. En una campaña se pueden producir avances, pero son necesarias otras herramientas que pasan por aspectos como la seguridad jurídica. Vi un Evo Morales distinto de hace dos años.
¿Preocupado o desesperado?
Desesperado sería el término cabal. Evo Morales quiere soluciones ya. Podemos comenzar a solucionar dándole confianza al productor para que expanda sus áreas de siembra, incorpore nueva tecnología. Es decir, hay que velar porque los productores se dediquen a producir y no estén dudando entre sembrar o no porque no tendrán mercado o vendrán a revisar su carpeta para revertirle sus tierras o lo avasallen.
¿Y sus ministros?
Ese es el problema. Los ministerios no están en la misma línea, no lo acompañan con la urgencia que se requiere. Evo Morales quiere correr a 100 kilómetros por hora para apagar este déficit, pero sus colaboradores van a 20 y con miedo, con dudas. Si no hay señales ya, le reitero, la situación se agravará.
Pero ante los medios el Presidente ratifica el impulso de plantaciones estatales como solución a la escasez, continúa criticando al agro cruceño.
Es parte de esa desesperación y una clara posición política. El presidente debe concentrarse en soluciones integrales, de corto y largo plazo. Puede desarrollar una planta en La Paz u otra región, claro, sin embargo, ¿cuánto tiempo demandará?
¿Pudo evitarse esta crisis?
Pudo evitarse si las autoridades hubieran tenido una visión diferente, de trabajo con el sector productivo, sin colores políticos, sin enfrentarse y diseñando políticas de  incentivo a la producción. Pero se enfrascaron en la confrontación, no buscaron mercados, no observaron el crecimiento de la demanda interna ni los precios internacionales, no coordinaron. Cerraron puertas a las exportaciones como única solución al alza de precios. Estamos en el peor momento, pero también estamos a tiempo de evitar una crisis mayor.
¿Qué acciones plantea usted?
Lo inmediato puede darse con algunos decretos y eso está en manos de ministros y directores de área. Eso tiene que ver con incentivo a la producción, mecanismos de compra, reposición de mercados externos, autorizaciones para otros eventos de transgénicos en soya y otros productos, viabilizar, ordenar e impulsar los biocombustibles, regularizar el ingreso de maquinaria agrícola que se halla en las zonas francas, por ejemplo. Otras medidas de largo plazo en las que se debe consensuar tienen que ver con el Plan de Uso de Suelo, reformar algunos puntos de la Ley de Tierras. Lo importante es generar seguridad.
UNA APUESTA POR LOS TRANSGÉNICOS
Evo Morales critica los transgénicos ¿Qué porcentaje de la soya corresponde a transgénico?
Calculo que el 90%. Al principio, hacia 2004, cuando nos proponíamos que el gobierno aprobara la utilización de soya con resistencia al glifosato, hubo mucha resistencia de los productores y algunas ONG,  pero los resultados en la productividad fueron revirtiendo las opiniones. El pequeño productor no es tonto y se dio cuenta que el control efectivo de malezas es con soya transgénica. Estamos buscando la aprobación de otras herramientas con resistencia a enfermedades e incluso la sequía. El uso de transgénicos nos asegura menos aplicaciones y representan un ahorro para el productor y un alivio para el medio ambiente. La competitividad viene por este lado. Esta experiencia se puede extender al maíz y así asegurarnos una mayor producción.
¿Qué le dijo el Presidente?
Se le hizo llegar un documento al respecto. Incluso en las conversaciones le dijimos que, como todos, ha consumido productos transgénicos, en la leche, el yogurt, el aceite o la papa, y no vemos astas ni nada por estilo. Será necesario normar la exposición de productos elaborados en base a transgénicos, pero más allá no consideramos que sea dañino para la salud.

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