Doble golpe para 47 familias

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Doble Golpe

Publicado en fecha marzo 24, 2011

La presencia de arcilla y agua en abundancia en las áreas afectadas por los deslizamientos multiplicó el peso del terreno en la zona este de La Paz.

El calendario de infortunios tiene marcados los años 1984 y 2011 para la familia de Efraín Salinas Vitre, un mecánico de tornería de 47 años que, en ambas ocasiones, vio su casa destruida.
Él es uno de los seis mil afectados por los deslizamientos de tierra que a finales de febrero pasado removieron un área de por lo menos 140 hectáreas en el sector este de la ciudad de La Paz.
En 1984, Efraín vivía con sus padres y sus cuatro hermanos en Villa Alto San Antonio, una zona que en los días próximos al Carnaval también se deslizó y dejó sin techo a 47 familias.
Pasaron casi dos años en carpas y luego fueron reubicados al barrio de Pampahasi Bajo Central. Cuando el tiempo pareció haber sepultado ese mal recuerdo, 27 años después, el suelo otra vez se deslizó el sábado 27 y el domingo 28 de febrero de 2011 por efecto de un fenómeno natural que algunos medios de comunicación bautizaron con el nombre de “megadeslizamiento”.
El geólogo Marco Antonio Guzmán Porrez no está de acuerdo con ese denominativo porque, en su opinión, no hubo un solo deslizamiento, sino al menos tres movimientos de magnitud.
Se derrumbaron o dañaron seriamente viviendas en las zonas Pampahasi Bajo Central, Kupini II, Valle de las Flores, Santa Rosa de Callapa, Callapa, 23 de Marzo, Metropolitana, Cervecería, Irpavi II (parcial) y el sector donde se levantaba el colegio Leonardo da Vinci.
Según la Alcaldía de La Paz, es un movimiento de tierras que se reactivó después de 80 años.

ARCILLA PELIGROSA
Guzmán opina que hay tres causas fundamentales que alimentaron el desastre: la erosión del terreno provocada por la crecida de las aguas del río Chujllunkani, el sobrepeso de las viviendas edificadas, sobre todo en la parte alta del terreno en declive, y la saturación de suelos por las intensas lluvias de los días y noches previos a la catástrofe.
La Alcaldía coincide con ese diagnóstico, pero añade otras cuatro causas más, en su informe del pasado 2 de marzo. (Ver cuadro)
El Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senahmi) informó que durante los 28 días de febrero cayeron en total 157 milímetros de agua en el centro de La Paz, equivalentes a 157 litros por metro cuadrado.
La erosión debilitó el suelo, las enormes viviendas presionaron hacia abajo y los suelos de arcilla y pequeñas piedras dispersas absorbieron las aguas subterráneas y de las lluvias, con lo que el terreno cobró sobrepeso.
Guzmán, que trabaja en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), cuenta que la arcilla, a diferencia de la arena y la grava (piedra fragmentada), absorbe el agua como la esponja y se expande, y con ello, a veces triplica o cuadruplica su peso.
Después de las lluvias, viene otra etapa no menos peligrosa. La arcilla pierde humedad, se contrae y se deshace, lo que también podría causar procesos de remoción de masas de tierra.

LA PESADILLA DE 1984
Corría el año 1984. La tierra en Alto San Antonio se deslizó y dañó las viviendas de 47 familias. La gente fue desalojada e instalada en carpas, en las que permanecieron casi dos años, recuerda Rubén Salinas Vitre (64 años), el mayor de los hermanos Salinas.
Explica que la Misión Alianza de Noruega en Bolivia, organización no gubernamental cristiana evangélica, ayudó a canalizar un crédito para que las familias afectadas pudieran comprar un terreno. Añade que las autoridades de la Alcaldía de entonces encontraron tierras en Pampahasi Bajo Central.
Los damnificados de aquel año pagaron entre 3.200 y 3.400 dólares por un terreno de entre 90 y 95 metros cuadrados y en esa superficie volvieron a levantar sus casas, que ahora están con grietas.
Las 47 familias fueron reubicadas en cuatro sectores. En uno de ellos, en el callejón Noruega, los padres de los Salinas habían comprado su terreno, colindante con las propiedades de otras ocho familias que también llegaron de Alto San Antonio. Pero, el suelo cedió. Los Salinas y sus vecinos son damnificados por segunda vez.
Tres de los hermanos Salinas levantaron sus departamentos sobre el terreno. Efraín, el menor de todos, ocupaba el tercer piso junto con su esposa Claudia Martela y sus tres hijos de 22, 20 y 17 años de edad.
Nicanor (59 años), Gualberto (57) y Miguel (49), que vive en Argentina por motivos de trabajo, completan el quinteto de hermanos Salinas Vitre.
Hoy, aguardan una solución definitiva para su situación. Están alojados de nuevo en carpas, cerca del mercado 10 de Enero, y comparten su suerte junto a quienes sufrieron la pesadilla de 1984.
Efraín no quiere hablar más del asunto. Pero, algo más: pide a las autoridades que no se les cobre dinero por otra vivienda o terreno, porque dice que su familia ya pagó por lo que era suyo.

RIESGO MILENARIO
Gran parte de la sede Gobierno se asienta sobre lo que los geólogos llaman Formación La Paz, de 1,8 millones de años de antigüedad, que tiene estabilidad regular. Pero esa estabilidad se esfuma si hay saturación de agua, tal como sucedió en la ladera este de la ciudad.
Esos 1,8 millones de años representan una edad geológica muy joven. Un suelo adquiere solidez -estima Guzmán- cuando tiene más de cinco millones de años.
La erosión provocada por los ríos, en cientos de años, fue cortando los depósitos, mayoritariamente arcillosos, dejando expuestas las laderas sobre las cuales se ha levantado la ciudad.
“Por eso se dice -comenta el geólogo- que entre el 30 y 40 por ciento de lo suelos en La Paz son aptos para construir, pero el resto no porque están en altas pendientes y son terrenos ya deslizados en algún tiempo geológico”.
Técnicos de la Alcaldía monitorean el comportamiento de suelos y aguas en 39 barrios en riesgo para evitar problemas. Según el Senahmi, debajo de la ciudad corren más de 230 ríos subterráneos, riachuelos y torrenteras.
¿Es posible reconstruir la zona afectada?
Es necesario un estudio para identificar el origen de los deslizamientos y el orden en que se han producido, luego atacar las causas y mitigarlas o, si es posible, eliminarlas. Luego, según Guzmán, se podría pensar en reconstruir la zona afectada, pero con trabajos de magnitud. Lo más recomendable es que todo el sector sea convertido en área de recreación y parques que no necesiten de mucha agua para su mantenimiento.
Si las autoridades municipales estimaron una pérdida económica global de 50,5 millones de dólares, la reconstrucción demandaría un gasto de tres o cinco veces más que esa suma, según un cálculo a priori realizado por el geólogo de la UMSA.

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