Mubarak

Publicado en Política

EGIPTO-PROTESTAS

Publicado en fecha marzo 01, 2011

En Túnez cayó Ben Alí. Quedan ¿Buteflika, Argelia,rey abdalá II jordania, al asad siria?

Todo empezó el 17 diciembre de 2010, cuando el joven tunecino de 26 años, Mohamed Buazizi, se quemó a lo bonzo al retirarle la Policía la licencia para su puesto de verduras ambulante, su único medio de vida.
La muerte de Buazizi fue la mecha que encendió una revuelta histórica en Túnez y que provocó la huida de su presidente, Ben Alí. Más de un centenar de muertos quedaron en el camino, pero fue un ejemplo para millones de árabes que se dieron cuenta de que las protestas callejeras pueden provocar cambios políticos y tumbar dictadores.
Para Rafael Bustos, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid y coordinador científico del observatorio electoral TEIM (Taller de Estudios Internacionales Mediterráneos), “las revueltas tunecinas son históricas porque, no sólo han dejado a todos sorprendidos, sino que han mandado al mundo árabe un mensaje muy potente y persistente”.
Este mensaje, en palabras de Bustos, es que “se puede derribar a regímenes autoritarios sólidamente instalados y con apoyo exterior, no por medio de la violencia o del terrorismo, ni siquiera por medio de elecciones, sino por la vía pacífica de revueltas masivas y sostenidas en el tiempo”.
La llama callejera de Túnez prendió rápidamente en Egipto donde el presidente Hosni Mubarak, en el poder desde 1981, resistió 18 días de protestas anunciando varios cambios en su gobierno que no satisfizo a los manifestantes que siguieron con las protestas hasta festejar la dimisión.

EGIPTO, EN EL FOCO
Miles y miles de personas se manifestaron desde el 25 de enero contra la falta de empleo, pobreza, atraso económico que vive la población de ese país con más de 80 millones de habitantes.
“Son protestas de liberación cuya característica principal es que nacieron desde abajo, sin una organización centralizada ni líderes conocidos”, apunta Bustos.
La fuerza de las redes sociales ha sido un punto de arranque y de unión entre los manifestantes, como sucedió en el caso tunecino, y ha provocado un pulso con las autoridades egipcias que han intentado interferir el acceso a internet, ha prohibido emitir a la cadena de televisión Al Yazira y ha tenido a la población sin teléfonos móviles algunos días.
Esta situación ha salpicado al mismísimo gobierno estadounidense de Barack Obama que se ha visto en la coyuntura de respaldar, a la vez, a su mayor aliado en Oriente Medio y  apoyar las manifestaciones en contra de Mubarak.

EFECTO DOMINÓ
De lo que sucedió en Egipto, punto estratégico en el norte de África y Oriente Próximo, ya sienten los efectos el resto de países de la zona como un efecto dominó. En Argelia, Yemen y Jordania ya se han producido revueltas populares.
Argelia fue el primer país que siguió las movilizaciones de Túnez y en los barrios populares de su capital, Argel, el pasado 6 de enero se produjeron graves enfrentamientos para denunciar la subida de los alimentos básicos, con un saldo de tres personas muertas y más de 400 heridas, según fuentes del gobierno argelino.
El país norteafricano vive en estado de emergencia desde hace 19 años y el gobierno de Abdelaziz Buteflika, que preside desde 1999, ha rechazado levantar este régimen debido a cuestiones de seguridad.
En Jordania, tras tres viernes de protestas, el rey Abdalá II aceptó la dimisión de su primer ministro, Samir Rifai, y designó a otro antiguo jefe de gobierno, Maaruf Bajit, responsable del nuevo gabinete. El monarca jordano, que porta las riendas del país desde 1999 tras suceder a su padre, solicitó a Bajit en un comunicado llevar a cabo “reformas políticas reales y rápidas”.
En Yemen, el país más pobre del mundo árabe, las protestas populares han obligado a su presidente, Alí Abdalá Saleh, en el cargo desde 1978, a reconocer que no introducirá enmiendas en la Constitución que le permitirían perpetuarse en el poder. “No voy a trabajar para prolongar mi mandato”, aseguró Salah en un discurso reciente ante el Parlamento, y añadió que “se van a congelar las reformas constitucionales de acuerdo con lo que exige el interés público”.
Otros países como Siria, con el presidente Bachar al Asad al frente, el más joven de los mandatario árabes, tampoco han permanecido al margen de las revueltas populares y sus autoridades han sido denunciadas por bloquear los sistemas de internet y de telefonía móvil.
El efecto “dominó” de todas estas revueltas ha puesto en alerta al resto de mandatarios de los países del mundo árabe, como el caso de Marruecos, Libia o Arabia Saudí, naciones de gran influencia en la zona del norte de África y Oriente Próximo.
Tanto Mohamed VI en Marruecos, como Muammar el Gadafi en Libia, el decano de los dirigentes árabes con 41 años en el poder; como el rey Abdalá bin Abdulaziz en Arabia Saudí, se han apresurado a ofrecer mejoras económicas que calmen las primeras revueltas que se han dado en sus calles por grupos opositores, todavía acciones minoritarias comparadas con lo sucedido en Túnez o Egipto.
“Cada país tiene dinámicas de oposición y resistencia distintas, por lo que toda generalización está condenada al fracaso”, responde Rafael Bustos cuando se le pregunta sobre qué países pueden seguir el ejemplo tunecino y egipcio. “Ningún régimen de la región está completamente protegido de insurgencias y rebeliones”, añade.

EE.UU.EN ENTREDICHO
Las autoridades israelÍes miran con preocupación los sucesos y han mostrado su temor de que la caÍda de Mubarak sea el trampolín para que asciendan al poder fuerzas  islamistas, lo cual consideran un serio riesgo para el mantenimiento de la paz y la seguridad en la región.
En este sentido, la tunecina Souhayr Belhassen, presidenta de la Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH), declaró que ôIsrael teme la propagación del movimiento islamista” y que las revueltas populares en Túnez y Egipto y otros países de la zona “quizás lleven” a Estados Unidos y a las autoridades israelíes “a resolver el verdadero problema del mundo árabe: el quiste, el problema israelí-palestino”.
Para el profesor de Relaciones Internacionales, que ha realizado estudios de investigación en procesos electorales en países árabes, el papel de Estados Unidos “está en entredicho por su apoyo duradero a Mubarak. Por otra parte Israel se ha equivocado gravemente al sostener al presidente egipcio”.
“El principal desafío “de Estados Unidos- es revisar todo el proceso de paz” que ya no será el mismo, explica Bustos. “Aunque un Egipto democrático sea mucho mejor mediador que un Egipto autoritario”.
Para el experto español, el verdadero debate que se plantea es “cómo llevar a buen puerto procesos democráticos haciendo frente a acuciantes necesidades socio-económicas al mismo tiempo”.
Bustos rechaza un debate sobre una propagación del islamismo radical que se aproveche de estas situaciones de revueltas. “Es un debate falso que lo alimenta la derecha política y mediática, y los sectores islamófobos”.
“Ya es hora de que veamos en los pueblos árabes, pueblos como otros cualquiera no ‘homos islamicus’. Quitémonos de una vez nuestro velo mental que nos impide ver a estas sociedades como gentes que buscan igualdad, democracia, justicia y prosperidad”, concluye el profesor de la UCM.

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