Mountain Biking Por el camino de la muerte

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Publicado en fecha abril 20, 2011

La peligrosa vía a Yungas concita semanalmente a 2.000 turistas ávidos de participar en una aventura de descenso de cerca de 3.400 metros.

entir la gélida brisa matinal con los primeros rayos del sol a 4.700 metros sobre el nivel del mar; admirar el manto blanco de la sucesión de montañas que forman parte de la cordillera real bordeando la urbe paceña; atreverse a tomar el manubrio de una bicicleta para bajar  hasta 1.200 metros e ingresar a la Amazonia por una ruta normal y placentera en las primeras pedaleadas, pero accidentada, angosta, de precipicios profundos, con espesa neblina la mayor de las veces y sembrada de cruces como clara advertencia de que allá ronda la desgracia por el menor descuido, es mucho más que un desafío. Es una aventura contagiante, de mucha adrenalina que a diario abrazan centenares de turistas en un mountain biking de 67 kilómetros por la vía a Yungas, en la ruta del “Camino de la Muerte”.
El año 1995, un informe sobre infraestructura del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) calificó al camino La Paz-Yungas como “the world´s most dangerous road” por la precariedad de la única vía que comunicaba al norte amazónico con la sede de gobierno, los riesgos extremos de conducción y, sobre todo, por el centenar de muertes suscitadas anualmente. La posterior construcción de la carretera Cotapata-Santa Bárbara redujo sustancialmente el tránsito de motorizados por esta vía y, por ende, los accidentes.
La trágica fama del camino, la riqueza paisajística y los desafíos que deben afrontar los ciclistas en el descenso de más de 3.600 metros se ha tornado en todo un atractivo para turistas nacionales y extranjeros. Se calcula que alrededor de 2.000 personas contratan semanalmente los servicios de empresas especializadas en el equipamiento, capacitación y acompañamiento en un trayecto entre La Cumbre y Yolosa.

BAJAR 3.400 METROS
“El descenso es una experiencia única, emocionante, placentera, si previamente se toman los recaudos necesarios. En nuestro caso, la seguridad, el cuidado por la integridad de los turistas y el servicio de excelencia son elementos esenciales. Por ello que nos empeñamos en la previa capacitación, la contratación de seguros, la provisión de bicicletas y complementos diseñados especialmente para esta práctica. Contamos con guías y soporte en todo el trayecto, además de esmerarnos en la alimentación”, afirma Sarah Castellanos Maldonado, gerente administrativa de Atrapa Aventura Travels, compañía dedicada al turismo de aventura por el “Death Road”.
La aventura arranca  muy temprano con la concentración del grupo de turistas en el centro paceño para luego ser trasladados hasta La Cumbre, el paso por la cordillera situado a 4.660 metros sobre el nivel del mar donde se procede a servir el desayuno, la charla previa de los guías, la revisión y distribución de las bicicletas Haro de doble o simple suspensión y equipos como cascos, guantes, lentes, coderas, rodilleras, uniforme distintivo, chaleco, pantalón y polera Racing para grupos de no más de nueve integrantes.
Acto seguido el grupo comienza el descenso por una vía asfaltada con una temperatura ambiente no superior a los 5ºC. En el recorrido se puede observar el manto blanco de los nevados, la fauna y flora típica del lugar y formaciones de pequeñas lagunas. A los 15 minutos el grupo atraviesa por el túnel de San Rafael con poco más de 200 metros de longitud y a cuyo término la temperatura bordea los 18ºC. Más adelante el control policial antinarcóticos de Unduavi marca el fin del asfalto y convoca al descanso y una revisión del ánimo de los turistas, además de incidir en las recomendaciones de seguridad para mantener la huella derecha en el recorrido.
Con la ruta algo más empinada el ancho de la vía se reduce a poco más de tres metros, el terreno se torna húmedo, enlodado y pedregoso, producto de cientos de caídas de aguas de deshielo. A partir de la zona de San Juan las tumbas a lo largo de la vía dan razón al nombre infausto. En la parte izquierda, los precipicios resultan cada vez más interminables para la vista de los turistas. La flora es casi tropical con helechos y arbustos que cubren las quebradas. En los recodos de las curvas las cascadas son una invitación difícil de rechazar para un baño fugaz.
Las curvas y contracurvas se suceden de manera interminable. Los extremos de curva hacen de balcones improvisados desde donde se especta el abismo a cientos de metros. Estos miradores son espacios ideales para la toma de imágenes para el recuerdo.
Superada la zona de las quebradas con riachuelos en medio, el trayecto continúa con la última etapa caracterizada por algunos ascensos y pocos descensos y menos riesgoso. El clima subtropical marca 30ºC. Al cabo de casi tres horas de pedaleo, con cierto efecto en antebrazos y piernas, el grupo llega algo exhausto pero satisfecho a los 1.295 metros sobre el nivel del mar de Yolosa, un descenso de casi 3.400 metros. Una experiencia que vale la pena repetir o reproducir con otra ruta.
Al arribo y tras un breve descanso, el bus de asistencia recoge las bicicletas y equipos y al grupo entero le aguarda un almuerzo buffet en un hotel de Coroico para luego disfrutar de la piscina antes del retorno a la ciudad de La Paz.

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