“La política y el poder son temas ineludibles”

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Etji

Publicado en fecha junio 01, 2011

Su nombre es toda una marca; está presente en cuadros, cajas, escenografías y hasta vestidos de reinas. A la vez, se destaca por su visión crítica a la sociedad.

A Ejti Stih se la identifica como una de las artistas que mejor ha sabido reflejar la realidad boliviana, describiendo -con una alta dosis de sarcasmo y controversia-  un entorno de constantes enconos y cambios que trascienden la política. Pero su prolificidad va más allá de los cuadros, pues el sello de Stih está presente en la escenografía de una obra teatral o de un desfile de modas, en el diseño del traje de la reina del carnaval o la casaca de una comparsa, en estatuillas, esculturas y hasta pequeños cuadros y detalles que hacen las veces de souvenires.
“Si me preguntan si soy artista, yo digo que ante todo soy pintora, esa es mi profesión. Pinto, esculpo, diseño y experimento. Calificar si es arte o no corresponde al público. Para mí el arte es un oficio”, manifiesta, mientras procura hacer un alto en el trabajo de su taller.
Su voz potente, su tono siempre positivo, delatan ese espíritu inquieto, emprendedor, el mismo que la empujó -en los inicios de la década de los años ’80- a tomar la mochila para dejar su natal Eslovenia y visitar a compañeros de estudio bolivianos, un tour que resultó sin retorno porque acá encontró el amor del compañero de vida y nuevos colores y luces a su innata capacidad creativa.

DE LJUBIJANA A SANTA CRUZ
Nacida en el seno de una familia de artistas, con la madre pintora, autora de la ilustración de cientos de libros y un padre escritor que a la vez gerentaba teatros y cinematógrafos, Stih creció entre obras teatrales, museos y bienales. Cuenta que a los 17 se había propuesto abrazar la ciencia médica, empujada por un espíritu de voluntarismo para asistir a los millones de niños del África, pero pronto comprendió que lo suyo no estaba allá, sino en los pinceles.
Fue entonces que se enroló en la Academia de Bellas Artes de Ljubijana y más tarde perfeccionó su técnica con un masterado en el Zagreb, Croacia, recuerda que arribó a Bolivia en 1982 como mochilera. “Los militares estaban todavía en el poder. Vine de visita, pero acá conocí a Lucho (su esposo, el arquitecto Luis Fernández de Córdova), me enamoré y aquí me tienen”.
Con varias exposiciones y reconocimientos en su carrera había llegado dominando el oficio de la pintura, apegada más al expresionismo y no dejándose influenciar por la corriente abstracta de entonces. Pero sin duda, el país produjo cambios en su estilo.
“Creo que lo esencial no cambió. Sigo asumiendo una posición crítica en mis trabajos, sólo que cambió de pinta, de expresión, de gesto. Tiene más color, es más libre, pero además con los años fui mejorando mi oficio. Sin duda que el color que hoy me caracteriza es gracias a Bolivia”, reconoce.
Sumado a ello, la política se fue convirtiendo en su gran veta de inspiración. De ahí que no resulta extraño hallar en sus exposiciones cuadros sobre marchas, manifestaciones, bloqueos, avasallamientos, elecciones, o la imagen de determinadas autoridades, todo con un sentido crítico que le ha valido reparos, pero también muchos elogios. “Mis cuadros se ajustan a determinadas coyunturas. Eso genera mayor interés, mayor proximidad con la gente. Es reconfortante que la gente vea tu trabajo, que te critique, que asimile”, argumenta.

ENTRE EL ARTE Y EL COMERCIO
Pese a sus múltiples compromisos -entre ellas las obligaciones que demanda el espacio de arte de la Manzana 1- Ejti Stih procura la disciplina. A diario viste un atuendo cómodo para concentrarse en el trabajo, “pero en estos momentos me es difícil conseguir la paz necesaria”, observa.
Este es un oficio que aprendí del cual vivo -puntualiza-. Pinto, hago esculturas, hago trajes para una reina y otras cosas que no me cuesta hacer y que se adecuan a las necesidades del público y así genero mis quintos. No es cierto que los artistas vivan de grandes e históricas obras.
Sin embargo, están aquellas obras que forman parte de la necesidad artística de comunicar, ya sobre la ola de linchamientos que producen, la percepción sobre la imagen del presidente Morales en determinadas circunstancias, las movilizaciones sociales, los bloqueos, la burocracia y hasta la visión sobre la mujer y la belleza en la sociedad actual. “Esta es la faceta que me fascina”, acota.

STIH EN SIETE BROCHAZOS

Pintor boliviano. Raúl Lara. Un tremendo pintor, auténticamente boliviano en todo sentido, con temática muy íntima.

Un pintor internacional. Francisco Goya. Por su compromiso con la realidad, por su capacidad de reflejar la historia, la dureza de la inquisición y el grado de corrupción de la sociedad de entonces.

Santa Cruz. Mi casa. Bolivia es mi país. Es obvio que mis raíces y mi educación están en Eslovenia, que también es mi patria. Pero mi desarrollo profesional, mi familia, mi felicidad están acá.
Evo Morales. La fuente de mi inspiración.

El valor de sus obras. Depende. Hay cuadros pequeños de 20 dólares y también tengo las de gran formato.

Si no es acrílico. Sería escultora seguramente, de arcilla porque a los fierros no creo. No me veo dedicada a la tinta china. Yo soy de la brocha gorda.

Manzana 1. Proyecto cultural que llegó por casualidad el 2005 y que se convirtió en mi principal preocupación. Lo defenderé con uñas y dientes.

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