Café ralo

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Publicado en fecha julio 01, 2011

Los precios del grano se dispararon en el mercado internacional, pero la producción boliviana cayó a casi la mitad por los bajos precios del pasado. Empresarios y productores retornan al cultivo del cafeto.

Mientras el mercado internacional consume café a sorbos cada vez más grandes, la producción boliviana del estimulante llena cada vez menos tazas. La elevada demanda disparó el precio de la libra a más de tres dólares, el más alto de las últimas tres décadas. Por el contrario, los cafetales bolivianos que en 1999 llenaban 125 mil sacos de 60 kg.   para la exportación, el año pasado alcanzaron apenas para 70.000.
El café es así: existen épocas en que sus precios se elevan junto a su aroma y otras en las que se asientan al fondo de la taza. Sin embargo, ni el más optimista de los especialistas esperaba una remontada como la que registra el grano desde la pasada gestión.
Dicen que cuando los mercados asiáticos se resfrían el resto estornuda, pero si se recuperan, los productores de materias primas pueden comenzar a organizar la fiesta. Los chinos han encontrado en el café el estimulante que estaban buscando para amortiguar los efectos de su estilo de vida cada vez más acelerado. Para muestra basta una cadena: la norteamericana Starbucks tiene previsto triplicar sus cafés en el gigante oriental, de los 450 actuales a 1.500 hasta el año 2015.
Pero no todo es apetito chino. La crisis mundial de alimentos pilló con los cafetales cubiertos por la maleza a los productores y con los depósitos vacíos a las transnacionales del rubro. Es el caso del gigante colombiano que normalmente producía más de 11 millones de sacos de 60 kilos al año y que en esta gestión hace grandes esfuerzos para superar los nueve millones.

BOLIVIA EN EL MUNDO CAFETALERO
Bolivia nunca gravitó en el mercado internacional del café. En 2008 el país exportó 15 millones de dólares, nada frente a los más de 4.000 millones de dólares que vendió Brasil. La taza boliviana no es grande, lo interesante es que se divide en gotas pequeñas que mojan a miles de pequeños productores nacionales. “El efecto social de este producto, por más pequeño que sea en el mercado internacional, es extraordinario”, subraya el agrónomo Hernán Romero.
El problema es que los precios han caído tanto en los años anteriores que muchos productores dejaron sus cafetales a expensas de la mala hierba. Producir 100 libras de café exportable tiene un costo de 90 dólares, aproximadamente. Hasta hace algunos años los precios del producto en el mercado internacional no se acercaban, ni de lejos, a esa barrera.
Y nadie está loco para producir a pérdida, los cafetaleros de Caranavi tampoco. Menos aún cuando tienen en la parcela de al lado a la tentadora coca. Romero explicó que en 2006 mientras 100 libras de la hoja tenían un precio de 196,76 dólares, igual cantidad de café alcanzaba apenas a 114,40 dólares. La frontera agrícola del arbusto creció tanto en ese municipio yungueño que hasta tienen un mercado propio para su expendio legal en la ciudad de La Paz.
Lo cierto es que de no haber sido por la creciente demanda internacional de cafés especiales y los denominados “mercados justos” de Europa, Bolivia habría desaparecido completamente del mapa de países productores del grano aromático.
El empresario Pedro Rodríguez considera que la producción de cafés de alta calidad seleccionados a través de la taza de excelencia ha logrado garantizar precios para los productores muy por encima de los que paga el mercado convencional. Cada vez más caficultores han hecho esfuerzos para entrar en esa selecta bolsa y mantenerse en el rubro.
Pero son los mercados justos de Europa los principales compradores del grano boliviano. Se trata de organizaciones solidarias con los pequeños productores del Tercer Mundo, que han montado cadenas de comercialización que se dedican a la venta de productos, a precios que toman en cuenta los costos de producción. Sin embargo, no compran a cualquier exportador. Exigen que éstos salgan de las manos de pequeños productores, que estén organizados en asociaciones democráticas y que hagan esfuerzos permanentes por mejorar la calidad de su producto.
Hernán Romero explicó que, en el caso del café, el mercado justo pagó en 2001 más de 120 dólares el saco de 60 kilos cuando el mercado convencional no pasaba de 65 dólares. Y cuando los precios internacionales del grano superan los costos de producción -como en la actual coyuntura- los “justos” pagan 10 dólares por encima de la cotización mundial vigente.
Esa es la razón por la que, en la actualidad, los pequeños productores bolivianos exportan más café que los empresarios privados. El presidente de la Federación de Caficultores Exportadores (Fecafeb), Eustaquio Huiza, aseguró que las 40 organizaciones de pequeños productores que existen en el país exportan más del 80% de la producción nacional.
Pedro Rodríguez -uno de los pocos empresarios fieles al rubro- explicó que los privados que siguen exportando el grano son aquellos que se han dedicado a producir e incluso procesar el estimulante, además de comercializarlo.
Pero la fuerza ascendente de precios en el mercado internacional es como un imán y tiene fuerza suficiente para levantar muertos…, perdón, empresarios. El dirigente de la Fecafeb explicó que los productores también están desyerbando los cafetales que habían comenzado a abandonar por las bajas cotizaciones de su producto.
Pero todos los países productores están en el mismo camino. La Organización Internacional del Café espera una producción de 130 millones de sacos de 60 kilos para el año agrícola 2011-2012 y estima que, para la gestión 2012-2013 la producción mundial subirá a 140 millones de sacos. La potencia cafetalera brasileña encendió motores.
La pregunta es en qué momento el café encontrará su techo. Pues si hay un producto acostumbrado a las oscilaciones extremas es el grano aromático. Hernán Romero considera que la estrategia del momento en el país debería pasar por la ampliación de la actual frontera agrícola, sin perder los niveles de calidad alcanzados con la estrategia empleada para responder a la época de precios bajos.
El dirigente Huiza aseguró que los productores ya están transitando por ese camino. Mucho más cuando los precios del café han aumentado la competitividad del grano frente a los de la hoja yungueña: “La libra de cafés especiales cuesta en el Japón entre cinco y 10 dólares, mientras que la de coca llegó a 28 bolivianos”.
Todo parece estar listo para que los pequeños caficultores bolivianos aprovechen el cuarto de hora para tomarse un buen café, llenando muchas más de las sedientas tazas de los consumidores del hemisferio norte y consigan recursos frescos para sus siempre alicaídas economías. ¿Servimos el desayuno?

Tintico peruano

El Perú está saboreando la excelente coyuntura por la que atraviesan los precios del café. El vecino país ha trabajado duro para convertirse, en poco tiempo, en el tercer productor de Sudamérica, detrás únicamente de las tradicionales potencias mundiales Brasil y Colombia.
El año pasado, el vecino país exportó alrededor de cuatro millones de sacos de 60 kilos. Lo llamativo es que hace dos décadas producía menos café que Bolivia. ¿Qué hizo para lograr semejante crecimiento?
El agrónomo Hernán Romero explicó que se trata de un esfuerzo conjunto de las instituciones estatales peruanas, junto a productores y empresarios. “El gobierno habló con los empresarios exportadores y comprometió su ayuda, a cambio les pidió compartir sus ganancias con los productores”.
Las autoridades desplegaron el aparato estatal para promocionar el grano aromático en los mercados europeos y no dudaron en utilizar símbolos turísticos de la nación andina -como las ruinas de Machu Picchu- para llamar la atención de los consumidores.
Según el diario El Comercio, de Lima, en apenas una década el café peruano tuvo un crecimiento acumulado del 160 por ciento. Su principal mercado es la Unión Europea, a la que vende más de la mitad de su producción, la cuarta parte llega al mercado estadounidense y, vaya paradoja, un 14 por ciento a las tazas colombianas.

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