PIRAÍ VACA

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Publicado en fecha julio 01, 2011

“Tengo que caminar mucho para encontrarla paz que busco”

El consagrado concertista cruceño Piraí Vaca y su guitarra conquistaron los públicos de varios países del mundo durante 25 años. Hoy, ya de retorno al nido, comenta de su intención de quedarse a residir en Bolivia, sin desprenderse ni un instante de su pasión por la música. Esta nueva etapa lo lleva a impulsar proyectos con jóvenes artistas y a experimentar el papel de maestro para transmitir sus conocimientos.
Está seguro de que el nacimiento de su hija Casiopea (4 años) y el reencuentro con el amor alimentan sus pretensiones de encontrar la plenitud en su vida y la paz como padre, pareja y consigo mismo. La llegada de la niña se produjo cuando el artista se alistaba para ser monje en un templo de China.
En un ambiente tranquilo, lleno de energía y con música clásica que sale de una computadora se desarrolla la conversación de IN con Piraí Vaca, poco antes de que el artista se vaya de viaje a Quito (Ecuador) para asistir a una bienal de guitarra.

¿Quién es Piraí Vaca?
A través de los años he logrado que las cosas se ordenen en mi vida y caminen como deseo, pero es apenas un comienzo. Si bien ahora estoy más tranquilo que hace 10 años, todavía tengo que caminar mucho para encontrar la paz que busco como padre, como pareja… conmigo mismo. En cuanto a lo profesional, aún recuerdo aquellos tiempos en los que después de un concierto exitoso salía llorando de decepción. Por suerte esos días quedaron atrás; pero, todavía no he logrado cubrir mis expectativas. Sigo preguntándome cuándo llegará el día en el que pueda tocar la guitarra como yo quiero, reconozco que no lo hago tan mal; sin embargo, sigo en ese camino. Piraí Vaca es un tipo que desea encontrar la plenitud que busca.
Usted siempre ha vivido fuera del país, ¿qué lo trae de retorno?
Durante 25 años viví fuera de Bolivia; sin embargo, en los últimos cuatro años por primera vez sentí la necesidad de regresar, a vivir en Bolivia. Antes, eran suficientes los pocos meses que permanecía aquí, pero han cambiado mucho las cosas en mi vida; he sentido que quiero volver y hacer cosas en mi país. Me gusta mucho enseñar, tengo una serie de proyectos para realizar con músicos jóvenes. Ésas son las razones lógicas por las cuales he querido regresar. Desde diciembre estoy residiendo en el país.
¿Qué lo ha llevado a vivir tanto tiempo fuera del país?
He vivido un año en Argentina, siete en La Habana (Cuba), dos en Estados Unidos y 12 en Alemania, y siempre por la guitarra que me ha llevado absolutamente a todo lo que soy, lo que hago y lo que tengo. A la Argentina fui a estudiar; a la Habana también, allá tienen uno de los niveles más altos en cuanto a guitarra se refiere. A Estados Unidos fui detrás de un gran maestro que admiro, el señor Manuel Barrueco; estuve un año pasando clases particulares con él y finalmente me fui a Alemania detrás de otro gran maestro al que admiro mucho también, Hubert Käppel. Estudié tres años con él y tuve la suerte de que decidiera formar un cuarteto de guitarra (Fenix International Guitar Quartet), y fui invitado junto a un italiano y un griego. Fue un honor para mí y, por supuesto, sumó un montón de puntos a mi carrera.
¿Desde cuándo toca la guitarra a nivel profesional?
Desde el año 90 tengo una vida profesional como guitarrista, desde que gané mi primer premio internacional en La Habana…  prácticamente me sostengo sólo tocando la guitarra. Después, mi  trabajo se empezó a difundir en Alemania, contraté un manager y me quedé a vivir allá porque tenía las posibilidades de hacerlo. Me enamoré de María Fe Maldonado, madre de mi hija Casiopea, de quien actualmente estoy separado desde el 2009. Y bueno, así fui creciendo y evolucionando.
¿En qué se inspira al interpretar su música?
La inspiración que tengo es la música misma, la música tiene sobre todos nosotros un poder extraordinario, y en mi caso no hay nada más que me mueva y conmueva. Además, es mi método de conocimiento; mis momentos de mayor claridad siempre los he descubierto a través de la música, que es capaz de llevarnos a otros estadios de conciencia, es una fuerza, un ente, un espíritu que me guía, me protege y me salva. Entonces, no hay mayor inspiración que la música misma para la vida, para mis sentimientos y lo que deseo hacer.
¿Se considera una persona exitosa?
Soy una persona que tiene la suerte de hacer lo que le apasiona y puede vivir de eso. La palabra éxito es muy engañosa y cuando alguien tiene éxito se entiende que gana bastante plata y que le va súper bien. En nuestra sociedad esto genera competitividad e implica decir: “Te hago a un lado para estar mejor, yo solo”. Así que ese término es muy relativo.
¿Cómo descubrió su gusto por la guitarra y la música?
Hay cosas que no se pueden explicar. En esta nuestra educación lógica en el colegio y luego en la universidad andamos buscando una razón para todo y aquellas cosas que no podemos explicar son justamente las más importantes y profundas, no necesitan explicación, no tienen lógica alguna.
Tuve conciencia de esta pasión a partir de mis 22 años, conciencia de que realmente sirvo para la música y la música me sirve a mí; antes de eso, simplemente tocaba. Puse una guitarra entre mis manos a los 10 años y empecé a tocar, y sobresalía en todo, tocando en las horas cívicas y  a mis 16 años di mi primer concierto en un teatro. No pensaba en hacer otra cosa que no fuera tocar la guitarra, fue tan natural que yo crecí con eso. Es más, a los 15 años quería abandonar el colegio para dedicarme sólo a la guitarra. Estaba en el colegio Alemán y nos ponían clases en la tarde, y no me dejaban tiempo para hacer aquello que para mí era importante… sucede mucho, en el colegio no te dejan tiempo para lo realmente importante.
¿Jamás dudó de su pasión por la guitarra?
Una de las suertes más grandes que me ha tocado en esta vida es el haber descubierto desde pequeño esa inclinación tan fuerte por la música y no haber dudado nunca de ella. Tuve que terminar el colegio porque es parte del sistema y necesitaba el bachillerato para meterme a la universidad. Muchas veces en la vida nos encontramos entrampados por la sociedad y por lo que se considera la subsistencia. La gente es incapaz de ver más allá y vive una vida muchas veces a medias, una vida que tiene sus consecuencias, no sólo para la persona, sino también para la humanidad. La humanidad está como está porque nadie hace lo que quiere, todos se dejan cegar por el sistema. Particularmente, yo nunca dejé mis sueños, jamás pensé en hacer otra cosa que tocar guitarra.
¿Siempre tuvo el apoyo de su familia?
La verdad es que sí y si bien los padres se olvidan muy pronto de que han sido jóvenes y de que alguna vez tuvieron sueños, yo tuve la suerte de que mi padre sea un artista (Lorgio Vaca, pintor y muralista) y, entonces, mi tránsito en ese sentido fue natural. Yo no pensaba en otra cosa que no sea tocar la guitarra. Alguna vez mi madre (Ada) me sugirió que estudiase una carrera, pero su sugerencia fue sutil y, por otro lado, mi convencimiento era tan grande que yo ni siquiera pensaba en esa posibilidad.
Hablando de su papá, ¿de qué manera influyó en su vida?
Mi padre, en su momento, fue la universidad más íntegra que he podido cursar. De mi padre aprendí lo más importante, algo que en ninguna universidad enseñan. En las aulas dan instrucción, pero no desarrollan tu criterio, ni tu identidad; entonces, mi padre para mí ha sido muy importante. Hubo una época en la cual quise ser monje, la música me llevó a ese punto, me hizo ver que necesitaba otras herramientas para seguir adelante, quería desarrollar mi cuerpo y mi espíritu, por eso me fui a China. Tenía planificado estar unos cuatro o cinco años en un templo taoísta, en busca de maestros. Cuando tengo la oportunidad de estar con mi padre, ver lo que hace y lo que vive, pienso que me fui tan lejos buscando maestros, teniendo uno aquí, en mis narices.
También aprendí de él a ser obrero en mi trabajo. Empecé con la guitarra cuando en Santa Cruz no había nada, cuando no había espacio cultural en ningún medio, ni siquiera existía la carrera de guitarra en La Paz. Empecé haciendo mis primeros conciertos, pegando mis afiches en la calles, caminando periódico por periódico, llevando mis casetes a las radios y mostrando a los periodistas lo que hacía. Yo mismo he producido mi trabajo y he crecido con ello. Un artista en nuestro país no sólo necesita tocar bien su instrumento o hacer bien su trabajo, tiene que saber promocionarse para salir adelante y eso lo aprendí también de mi papá. Mi padre y mi madre han sido el punto de apoyo más sólido de mi desarrollo como persona, todo lo demás lo he conseguido afuera, pero ellos me han dado lo más importante.
¿Alguna anécdota que recuerde junto a su padre?
Anécdotas quizás no, pero me acuerdo de mi padre hablando o leyendo sus escritos o sus trabajos, y desde chico siempre me sorprendió la visión que tiene, es un hombre a largo plazo, es capaz de ver el todo y así comprender las cosas de una manera más profunda y con perspectiva. Tiene una visión extraordinaria; eso es lo que más admiro de mi padre desde pequeño.
¿Cómo ha sentido Piraí Vaca la acogida de su música en Bolivia?
Estoy impresionado de cómo pudo tener impacto un tipo que toca la guitarra solo, que no canta, ni toca ritmos como la cumbia. Me sorprende mucho y me da un sentimiento de gratitud con la gente y también de pertenencia porque me hace sentir parte de este país. Creo que mi trabajo ha tenido resonancia porque la gente se ha dado cuenta de que la sensibilidad no tiene edad ni clase social; cuando tocas de manera sincera y estás bien preparado, la gente te escucha. Para muchos, seguro que es difícil imaginarse un concierto de una hora y media de guitarra, mucho más todavía con el tipo de música que toco, música clásica; pero, cuando la gente se topa con eso en vivo el resultado es impresionante, se emociona hasta las lágrimas muchas veces. No hay fuerza más grande y más importante que me mueva que la música y creo que eso se refleja cuando toco, más allá de que interprete algo de Mozart o las notas de Alma Cruceña. La música que hago está dirigida a varios aspectos del ser humano, no sólo en lo emocional. Como he pasado tantas horas, tantos años estudiando, mis dedos tienen una técnica aceptable; entonces, la gente tiene la posibilidad de admirar esa técnica.
¿Qué diferencias hay entre el público boliviano y el de los lugares donde has vivido o visitado, tomando en cuenta que en otros países existe más apertura y más espacios al tipo de música que interpretas?
Es cierto esto, pero tampoco es una verdad absoluta. He tocado en el Plan 3.000 (barrio de Santa Cruz de la Sierra), en la ciudad de El Alto. Una vez incluso toqué en Cochabamba y el director de la sala donde actuaba metió como a 70 campesinos; entonces, los tuve como público extraordinario, que si bien no conocían el rito de asistir a un concierto, yo tocaba algo que les gustaba y ellos se ponían a comentar muy afanados y asombrados. Con esto quiero decir que el público siempre, más allá de su clase social, de su edad o de su educación, responde bien, sobre todo si estás preparado y tu discurso es interno.  Ahora, en un país como Alemania la gente sabe perfectamente cómo es un concierto y existen intensas actividades de este tipo, pero sinceramente yo no haría una gran diferencia porque para mí el punto va por otra parte. La única diferencia en la que puedo pensar es en qué tipo de música voy a tocar en Europa y qué tipo de música voy a interpretar en Bolivia, ya que debo hablar un lenguaje claro para todos, pero no pienso en mayores diferencias.
¿Piraí Vaca está enamorado?
Sí, estoy saliendo con una muchacha; tengo la suerte de estar acompañado por una gran mujer cruceña que se llama Jackeline Lavadenz. Eso es algo muy importante para mí porque por más que uno se pierda en el mundo, tarde o temprano retorna al mismo lugar y tengo la suerte de estar acompañado por ella, que además es actriz y comprende mi trabajo. Gracias a eso nuestras formas de vida se alimentan entre sí.
¿Qué significa para usted ser padre?
Casiopea es mi hijita, es el nombre de una constelación y de una reina Etíope. Al principio, cuando me enteré de que iba a ser padre, para mí fue un shock, no esperaba ser papá y ella apareció en el momento en el que había decidido dejar todo atrás; estaba en China para ser monje, ella llegó y cambiaron los planes. Pero, después Casiopea pasó de ser un shock a ser mi nuevo templo. Casiopea es alemana y tuve que volver allá (a Alemania), y lo que quería aprender en el templo de los monjes lo aprendí con ella, me abrió el mundo a lugares insospechados, a nuevas dimensiones, sensaciones y colores; yo creo que con ella me acerco mucho más al lugar adonde quiero llegar. Ahora, con cuatro años de edad, es una compañera extraordinaria, viajo mucho con ella.
¿Qué planes o proyectos tienes a corto o mediano plazo?
En Santa Cruz se han desarrollado varios músicos en los últimos años, hay muchachos extraordinarios, precisamente con tres de ellos hemos formado “El cuarteto de fuego”, un cuarteto de guitarras, estamos en ensayos y preparando una gira nacional. Es un proyecto, un regalo para mí poder compartir con ellos, somos muy buenos amigos, son mis alumnos y esto es producto de mi nuevo gusto por enseñar también.
Por otro lado, estuve hace 10 días en Alemania para grabar mi disco “Latino”, que debería presentarlo en la gira, pero no quedé satisfecho con lo que hice, así que lo voy a volver a grabar aquí. Parece que tengo una cruz encima, no hay nada que no lo haya hecho dos veces, todos los discos que tengo los he hecho dos veces. Quiero que salga como yo lo oigo y debo hacerlo otra vez.
El disco “Latino” tiene música barroca, clásica, moderna… música de Argentina, Paraguay, Chile y Cuba, por eso se llama así. Me inspiré en lo que me gusta, en lo que me conmueve.

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