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Publicado en Economía, Política

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Obama

Publicado en fecha agosto 29, 2011

La primera potencia del mundo tambalea y mueve las estructuras de las economías de todos los países del planeta. Estados Unidos superó su crisis de deuda, pero ¿el planeta puede dormir tranquilo?

Había una vez un país que producía y consumía la mitad de la riqueza del planeta, cuyo Producto Interno Bruto (PIB) doblaba y hasta triplicaba los ingresos totales de los países más desarrollados, que imponía consensos sobre la forma en que los gobiernos debían manejar sus chequeras y con una economía tan estable y fuerte que convirtió al dólar en la moneda de todos los mortales…
Hay un país que no está endeudado hasta el cuello, sino hasta casi la sien: Su PIB de 2010 fue de 14,5 billones de dólares y su deuda a mayo de este año llegaba a 14,29 billones de verdes. Que puso en vilo a la economía mundial al dejar abierta la posibilidad de dejar impagos a sus acreedores. Que tiene políticos que, al mejor estilo de sus colegas tercermundistas, alcanzaron un acuerdo al borde del abismo. Que tuvo un crecimiento económico de apenas 0,4 por ciento en el primer semestre de este año. Que por primera vez en su historia una calificadora de riesgos –la Standard & Poor’s- se atrevió a bajar la confianza en su capacidad de endeudamiento, de AAA a AA+.
“Los mercados subirán y bajarán, pero este es Estados Unidos de América. No importa lo que pueda decir una agencia, siempre estaremos y siempre seremos un país triple A”. Barack Obama, el presidente de la todavía primera potencia mundial, ponía en duda las sacrosantas calificaciones de una agencia internacional de riesgos, las que siempre han guiado el norte de las inversiones estadounidenses.
El lunes 16 de mayo debe estar marcado con rojo en el calendario de la Casa Blanca. Aquel día, la administración Obama llegó al límite de su endeudamiento. Es el Congreso norteamericano el que fija el techo a la deuda de su país. El problema es que el Partido Demócrata, al que pertenece el Presidente, no tiene mayoría en la Cámara de Representantes (Diputados): Los republicanos tenían la sartén por el mango. La línea más conservadora de los eternos rivales de los demócratas controla esa instancia legislativa.
Ambos hablaban inglés sobre la necesidad de elevar el nivel de endeudamiento y bajar el elevado déficit fiscal, pero eran la Torre de Babel cuando discutían sobre el qué hacer para lograrlo. La propuesta de los demócratas pasaba por un incremento de los impuestos para los sectores más acomodados de la sociedad estadounidense y la de los republicanos por un duro recorte de los gastos sociales.
Al final se impuso gran parte de la receta republicana: Se elevó el nivel de endeudamiento, pero el gobierno debe recortar 2,4 billones de dólares del gasto público en los próximos 10 años. Mientras la administración Obama pretende afectar más los gastos militares y de seguridad, los republicanos prefieren dejarlos intactos y buscar otros ítems.
Hasta ahí, en cualquier país, ese debería ser un problema doméstico, una noticia sin mayor trascendencia para la CNN. El problema es quiénes son los acreedores de la Casa Blanca. Y en esa bolsa hasta usted puede estar metido, incluso sin saberlo. El mundo bursátil consideraba a los bonos del Tesoro de Estados Unidos la inversión más confiable del mundo. Por ello los compran gobiernos de todo el planeta, incluido el boliviano. Las administradoras de fondos de pensiones de todas las latitudes son también clientes habituales. Es decir, si el gobierno estadounidense deja de pagar sus deudas medio planeta deja de cobrar.
Pero ahí no acaba el problema: Si la todavía primera potencia decide reducir su gasto público, los vendedores pueden comenzar el recuento de pérdidas. La resta es tan sencilla como tres menos uno son dos: Menos plata en el bando de los compradores tiene como resultado bajos precios para los productores. Y el mercado estadounidense sigue consumiendo buena parte de la producción mundial.
Lo grave es que los medicamentos para la crisis estadounidense no son de efecto inmediato. La Comisión Económica Para América Latina (Cepal) ya advirtió que la economía de ese país seguirá convaleciente por los próximos tres o cuatro años.
Más grave aún, ¿los remedios elegidos son los indicados para paliar la crisis? El economista mexicano Alejandro Nadal considera “que es absurdo tratar de resolver el problema del déficit fiscal en medio de una recesión”. En su criterio, la solución pasa por otorgar incentivos fiscales para que las empresas vuelvan a encender motores, contraten gente y paguen mejores salarios. De esa manera, el estado aumentaría también sus recaudaciones. Todo eso, acompañado de un serio recorte a los dispendiosos gastos militares.
Para el experto, es necesario buscar las causas de los problemas de la economía norteamericana en las últimas dos décadas de abusos por parte del sector financiero. Recientemente, el senador por el estado de Vermont, Bernie Sanders, hizo conocer los resultados de una inédita auditoría a la Reserva Federal –el Banco Central de EEUU- que muestra que, en los últimos tres años, fueron inyectados en secreto 16 trillones de dólares, con intereses cercanos a cero, a grandes bancos y corporaciones estadounidenses y del mundo, para evitar su quiebra.
El Citigroup habría recibido 2,5 trillones de dólares; Morgan Stanley 2,04 trillones; Bank of America 1,3 trillones; Merrill Lynch 1,9 trillones; Goldman Sachs 814 mil millones; Barclays PLC (Reino Unido) 868 mil millones y Deutsche Bank (Alemania), entre otras transnacionales, aparecen en la lista de compañías que recibieron el salvavidas estadounidense.
De cualquier manera, al terminar el día, la que lleva la peor parte es la inmaculada imagen estadounidense. La reconocida revista “América Economía” se atrevió a titular “Acuerdo de deuda y baja de nota de Standard & Poor’s respaldan teoría del declive de EE.UU.”. Fue el reconocido historiador británico Paul Kennedy quien consideró que la crisis ha mermado “el respeto” hacia ese país. “Hasta (…) que no pueda poner en orden el aspecto fiscal, va a ser una especie de gigante lisiado”, sentenció.
Esa percepción no es compartida por el ex diplomático James Dobbins, quien –entrevistado por la misma publicación- dijo que la mancha en la reputación de la Casa Blanca es lavable. “Tiene algo de efecto a corto plazo”, minimizó.
Fue el Fondo Monetario Internacional (FMI) el que le puso plazos al declive. En su informe de abril último, proyectó que el PIB de China superará al de EEUU dentro de cinco años. La estimación establece que el producto total de Pekín llegará a 19 billones de dólares en 2016, mientras que el de Washington alcanzará a 18,8 billones en ese mismo lapso.
Sin embargo, la administración del presidente Hu Jintao parece tener pocas razones para festejar la inminente caída. La potencia del norte es la principal compradora de los productos del gigante asiático, el que, a su vez, es el principal tenedor extranjero de los bonos que vende el Tesoro americano. La balanza comercial entre los dos colosos es claramente favorable a Pekín. Según la agencia AP, en octubre de 2010, China le vendió 135.980 millones de dólares y compró únicamente 108.830 millones. Además, el gobierno nipón tiene invertidos cerca de dos billones de dólares en bonos estadounidenses y otras acciones.
Quizá por ello, la agencia oficial de noticias Xinhua publicó un comentario con tinte de reclamo: “China, el mayor tenedor de deuda de la única superpotencia mundial, tiene ahora todo el derecho de exigir que Estados Unidos aborde sus problemas estructurales de deuda y garantice la seguridad de los activos en dólares de China”.
Y ha comenzado a dar algunos pasos para zafarse del problema: Ha sugerido “establecer una nueva y más estable moneda global de reserva” y, desde hace algún tiempo, está tratando de vender de a poco los bonos del Tesoro que tiene en su poder. Pero la solución no está a la vuelta de la esquina.
Para América Latina, la situación empeoraría si el resfrío gringo pone en cama a la maquinaria china. “La gran preocupación no es sólo la desaceleración en China, que nos compra cosas, sino el precio al que nos compra”, dijo Augusto De la Torre, del Banco Mundial.
Paradojas de la historia: la crisis estadounidense tampoco es una buena noticia para los gobiernos “antiimperialistas” de la región. Estados Unidos sigue siendo el principal comprador del petróleo venezolano, es también el más importante mercado de los productos ecuatorianos y el segundo de los productos bolivianos, mientras que Brasil tiene gran parte de sus reservas en bonos americanos.
Tras la Segunda Guerra Mundial, en 1945, Estados Unidos se consolida como la primera potencia del planeta. El bloque socialista soviético le hizo sombra hasta 1991, cuando se cae a pedazos. Fue entonces que el politólogo Francis Fukuyama se atrevió a pronosticar “el fin de la historia”. Pero colorín colorado, este cuento aún no se había acabado…

Materia prima dependientes

Sergio Almaraz predicó en el desierto. A más de cuatro décadas de su muerte, el país no abandonó el círculo vicioso de la exportación de materias primas. Es más, la venta de productos elaborados ha caído durante el primer semestre de este año. Es decir, aún no tiene las vacunas que la inmunicen contra la crisis que afecta a las economías desarrolladas.
De acuerdo al Instituto Nacional de Estadística, hasta el primer trimestre de este año Bolivia ratificó su tendencia: El 45% de sus ingresos por ventas al exterior vino del gas; 28,94% de los minerales; y de las manufacturas sólo 22,38%.
El gobierno boliviano anunció que aplicará un plan destinado a paliar la crisis que se avecina. El vicepresidente Álvaro García Linera anunció que se impulsará la industrialización para diversificar la oferta boliviana, se fomentará la producción con una parte de las reservas, no se recortará el gasto público, se vigilará de cerca el tipo de cambio y se revisará la estructura actual de las Reservas Internacionales Netas.
El director ejecutivo de la Fundación Jubileo, Juan Carlos Núñez, dice que esa es la receta exacta, pero que debería habérsela aplicado desde que Evo Morales llegó al poder y no sólo ahora que el país tiene la crisis al borde de sus bolsillos. En su criterio, las autoridades no aprovecharon la época de las vacas gordas para este tiempo de arcas flacas.
El viceministro de Desarrollo Productivo Minero Metalúrgico, Héctor Córdova, espera que el estaño no baje de la barrera de siete dólares la libra fina. Una cotización menor sería desastrosa para las más de 100 mil familias que dependen de su explotación. Hasta el viernes 12 de agosto, el precio estaba arriba de 11 dólares.
El barril de petróleo se mantuvo por encima de los 80 dólares y parece recuperarse del shock inicial. Bolivia no es productor del crudo, pero sus cotizaciones son tomadas en cuenta al momento de establecer los precios del gas que exporta el país, los cuales son reajustados cada trimestre.
Sin embargo, la suerte de la economía nacional sigue pendiendo de los vaivenes de los precios internacionales de las materias primas. Si el célebre Sergio Almaraz seguiría vivo podría volver a presentar “Petróleo en Bolivia” o “El poder y la caída” y su lectura parecería tan actual como entonces.

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