Evocaciones a media luz…

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Publicado en fecha agosto 29, 2011

Buscando el gato de porcelana… El Corrientes 348 de la vida real sí tiene porteros y vecinos…

El sol regalaba sus últimos rayos y la gélida Buenos Aires ese viernes de julio se aprestaba a iniciar otra jornada nocturna  de bohemia y tango. Fui remontando Corrientes hasta llegar al lugar.
La primera vez que escuché el tango de Donato y Lenzi ni siquiera reparé en aquella dirección, me pareció una simple composición  interesante sobre la vida rioplatense y los estilos de cierto grupo social. “A media luz” es uno de los tangos más famosos del mundo, aún con la “estilización” que le regaló Julio Iglesias en 1996.
De verdad existe. Estaba parado frente a los tres números que juntos forman la cifra más famosa de Argentina, una que se traduce en una idea completa, una evocación y un pasado lleno de enigmas. Los números con adornos arabescos están a escasos centímetros de mis ojos, los puedo apreciar estampados en la pared del viejo edificio.
De inmediato descubro la primera contradicción: un portero malhumorado intenta cerrarme el paso. La legendaria canción refiere que aquí “no hay porteros ni vecinos”….
A mucha insistencia, y con cierto tacto, logro convencerlo de que me deje echar un inofensivo vistazo, no estaba dispuesto a dejar pasar esa oportunidad.
No pude evitarlo, estando adentro de inmediato me transporté a otra época. Una época que yo sólo conocía por referencias y mi escasa experiencia sobre el tango. Era el mismo lugar al cual había llegado minutos antes, sin embargo todo se torna diferente…
Cerca del pasillo principal veo un haz de luz que se filtra por debajo de una antigua puerta, me acerco hasta una distancia prudente, el ambiente emula una de aquellas tardes de té con masitas. Los acordes se hacen más nítidos, era la melodía extraña pero a la vez familiar de un viejo tango de mi flor…
Las voces y los susurros eran tan reales que no había lugar a dudas sobre lo que allí pasaba, era evidente el ambiente de cóctel y amor. Subí por el ascensor al segundo piso, llegué hasta un impresionante living decorado, abajo se podía apreciar con toda claridad el pisito que puso Maple, la empresa de decoraciones más famosa de Argentina.
Dirijo la mirada hacia la izquierda, estaba ahí, en uno de los veladores que a la vez le servía como pedestal, era el gato de porcelana con su mirada fría y penetrante como mudo testigo de todo lo que acontecía en ese inusual escenario. Su color negro azabache producía una sensación entremezclada de temor, expectativa y sosiego. A dos metros del felino está un majestuoso piano diseñado para animar las veladas de tango y milonga. Al borde de una elegante mesa hay restos del té con masitas.
Veo todo en penumbras y puedo imaginar esas fiestas en medio de las cortinas de terciopelo, divanes y almohadones que le dan al lugar el ambiente perfecto para que la  vitrola que llora los viejos tangos acompañe especiales encuentros clandestinos…
Por primera vez advertí la presencia humana en el lugar. En la esquina derecha del salón están ellos, justo debajo del antiguo telefón. Él con sus impecables zapatos negros y un sombrero de fieltro, ella lucía una ajustada falda de raso que le caía hasta por debajo de las rodillas. No se percataron de mi presencia, envueltos en besos, a media luz los dos…
-    ¿Para qué querés entrar aquí?, me pregunta por segunda vez el portero.
-    Callé por algunos segundos más mientras mis pensamientos retornaban al presente.
-    ¡Era simple curiosidad! respondí, desconcertado conmigo mismo y con lo que había ocurrido.
Yo seguía parado en la puerta de entrada del edificio “Lipsia”, en plena calle Corrientes, cerca del Obelisco mientras meditaba y trataba de darme una respuesta coherente a lo que acababa de ocurrir.

Buscando al gato de porcelana
El imponente Obelisco se constituye en el vigilante mudo de la vida nocturna y bohemia bonaerense. La intersección de las Av. 9 de Julio (la más ancha del mundo) y la tradicional Corrientes alberga al monumento histórico nacional que simboliza el cuarto centenario de la creación de la ciudad, desde aquí se puede advertir un hervidero de gente comprando,  yendo y viniendo de sus fuentes de trabajo, haciendo turismo y transacciones.
La curiosidad me invade, como a toda persona que alguna vez escuchó el prestigioso tango de Edgardo Saverio Donato a quien Carlos César Lenzi le ayudó con la letra.
¿En realidad existe el Hotel California?, aquel lugar inmortalizado por “The Eagles”. ¿Alguien habrá buscado su ubicación alguna vez?. Yo busco algo similar.
El tango “A media luz” hizo famosa la numeración 348 de la calle Corrientes,
Antes de iniciar la búsqueda conversé con Carmen Valdivia, su lucidez mental no va acorde con sus 97 años de edad. Aunque nació en Perú, vivió en Europa, también en Santa Cruz y estudió durante 2 años en el colegio “Sagrados Corazones” de La Paz. Carmen vive en un edificio de la intersección entre las calles Corrientes y Castelli.
“Corrientes 348 y Juncal 1224 son dos direcciones que se relacionan con la historia misma de la ciudad” dice mi ocasional informante. Cerca de ella siempre tiene su bandera, dice que posee los colores más bellos del mundo, ¿por qué? Le pregunto. ¡Y…no sé, eso fue lo que dijo el General Belgrano! responde con una tímida sonrisa.
A nadie se menciona en el tema musical compuesto en 1924, solo refiere el interior de lujosos departamentos. De manera casi impresionista los autores nos dan a entender de qué se trata el asunto: mobiliario, alcohol, todo a media luz….Sin duda aquí discurren actividades y costumbres particularmente disímiles: frecuentar a la mujer que no es la de uno, de manera anónima y disponiendo de una considerable cantidad de dinero.
¡Ahí estaba!… ¿eso era Corrientes 348?. Una puerta grande y un automóvil blanco me dan la bienvenida.
“Me dijeron que la inspiración le surgió a papá una noche que prendió la luz, luego la apagó, y dijo “ah, mirá, está todo a media luz” dice Ada Saverio, hija de uno de los autores, en la entrevista reciente que le concedió a una revista colombiana.
Estoy sorprendido, caminé por 4 horas pero llegué al sitio. A 87 años del estreno de la pieza musical, Corrientes 348 ya no es lo mismo…

Convertido en parqueo
Cambió considerablemente, Corrientes 348 está convertido en un parqueo para autos de ejecutivos y comerciantes que tienen instaladas sus oficinas y tiendas cerca del obelisco de 67 metros.
Está prohibido tomar fotografías en el interior del estacionamiento. Como ya había mencionado, el Corrientes 348 de la vida real sí tiene porteros y vecinos…
-    ¿Aquí es el lugar del tango “A media luz”?, pregunto con curiosidad a uno de los ciudadores
-    Aquí era, hace mucho tiempo, ¿viste?…
-    ¿Usted conoce la historia?
-    Sólo sé que las hijas de los señores que hicieron la canción siguen viviendo del asunto, y que todos los días viene gente a preguntar lo mismo que vos.
En efecto, mediante investigaciones posteriores me enteré que “A media luz” todavía le significa a las hermanas Donato un cheque cuatrimestral que haría palidecer a muchos. “Fue tan buen padre… -recuerda Ada-. Si supiera que aún hoy nos sigue cuidando…”. Ellas son las únicas que pueden dar el permiso para el empleo de los tangos de su padre en comerciales, películas o programas de televisión.
Los porteños aseguran que acuñaron el tango, y ese es uno de sus mayores orgullos, pero uno de los más famosos de Argentina paradójicamente no fue escrito aquí, la noche en la cual Donato y Lenzi crearon la pieza estaban reunidos en Uruguay. Si el tango A media luz tuviera un certificado de nacimiento, en éste diría que su lugar de nacimiento es Montevideo, pero Buenos Aires hizo los mejores méritos adoptando a la creación musical.
Ni Donato ni Lenzi sabían en realidad qué había en Corrientes 348, sólo necesitaban una dirección sonora para la canción. Cuando Lenzi retornó a Buenos Aires también quiso saber qué había en aquel lugar inventado, entonces se encontró con un puesto de zapateros y lustrabotas que sólo coincidía con el segundo piso y el ascensor. En lo que respecta a la segunda dirección que cita el tango, Juncal 1224, es en la actualidad una joyería, bautizada como Rochaix Jewerly & Watches en el próspero barrio de La Recoleta.
En la nostálgica Buenos Aires la gente está encariñada a tal grado con la pieza que casi todos la conocen y la interpretan, pero pocos saben que se concibió a 200 km., en el otro extremo del Río de La Plata. Lo que sí es innegable es que “A media luz” estableció una dirección física donde habita el espíritu de esa música.

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