La madurez de Alejandro Sanz

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Publicado en fecha agosto 29, 2011

Por: Carlos Dávalos / madrid
Fotos: José Luis Beneyto
“Esquire en colaboración con Hugo Boss Fragancias entrevisto a Alejandro Sanz”

Ya no es el adolescente que arrancaba gritos y suspiros a las chicas que repetían sus temas de memoria. A sus 42 años, Alejandro Sanz se ha consolidado como uno de los cantantes españoles más populares en su país y en Latinoamérica. esquire, con la colaboración de Hugo Boss fragancias, lo entrevistó y fotografió en exclusiva en su natal Madrid.

uando Alejandro Sanz sonríe se le achinan los ojos. Es lo primero que noto cuando entra en la habitación. Va vestido de manera casual: jean, playera amarilla y chamarra de piel. Se acerca, me estrecha la mano y luego hace lo mismo con todos los que están en la suite del hotel wellington, en el centro de madrid. Sanz no es muy alto –mide un metro setenta y cuatro– y es de contextura media. Lleva una pulsera de abalorios de color rojo, negro, verde y amarillo en la muñeca derecha. “Me la regalaron unos niños de zimbabwe que las hacen a mano”, me dice, y después me cuenta que acaba de estar en ese país.
Desde hace un tiempo, Sanz es una de las caras visibles de la campaña española de Médicos sin Fronteras, una ONG que, entre otras cosas, trabaja por la prevención del sida pediátrico en los países del África subsahariana. Al igual que otras renombradas personalidades como el futbolista Andrés Iniesta y el chef Ferran Adrià, Sanz ha participado en una intensa campaña publicitaria para la televisión. En ella anima a la gente a ir a las farmacias a comprar las llamadas Pastillas Contra el Dolor Ajeno, caramelos de menta que –al simbólico precio de un eurohan ayudado a recaudar más de tres millones de euros para financiar proyectos de salud en las naciones menos desarrolladas.
“Fue impresionante estar con esos niños que, si no fuera por esa ayuda, no existirían, que de otra manera serían como fantasmas, ¿no?”, dice Alejandro. “Además te hace pensar en las tonterías por las que nos preocupamos en nuestro mundo, en esas cosas que nos sacan de nuestras casillas y que en realidad son absurdas. Y ellos, con todas sus miserias y penurias, tienen la capacidad de sonreír, cantar y dar las gracias. Es una enseñanza muy grande. Tres días parecieron un mes. Se vive muy intensamente todo eso”.
Sanz también acaba de recibir el premio Save The Children por su labor humanitaria con los niños junto a otras personalidades como la activista y filántropa Bianca Jagger, la ex presidenta de Irlanda Mary Robinson y el arquitecto Norman Foster.
La suite donde nos encontramos es amplia y desde una de las ventanas se puede tener una buena vista de la parte más exclusiva del centro de la ciudad. De repente tocamos el tema de Twitter, donde Sanz tiene más de dos millones de seguidores y puede llegar a colgar una media de entre treinta y cincuenta tweets al día. Se considera un fervoroso usuario de las nuevas tecnologías y en algún momento comienza a mencionar las últimas peticiones hechas por sus fans. Algunas le piden que regrese pronto a sus países de origen para hacer un nuevo concierto, y otras simplemente sueñan con un encuentro a solas con él. Pero hay quienes sólo quieren molestar, como cuando le criticaron una falta de ortografía en uno de sus mensajes.
Cuando le pregunto qué es lo que más le gusta de las redes sociales, me responde con ironía: “El Twitter casi ni lo uso”, con lo que hace soltar una carcajada a la maquilladora y a su jefa de prensa. “Lo hago para mantenerme en contacto con mis fans. Y con mis enemigos, también, que por fortuna son menos que mis amigos. Y menos cultos también.”

MIENTRAS ME ACERCABA AL HOTEL WELLINGTON IBA RECORDANDO LA PRIMERA CANCIÓN DE ALEJANDRO SANZ QUE OÍ.
Tendría trece o catorce años y el estribillo todavía suena con facilidad en mi cabeza. “Pisando fuerte” fue un éxito descomunal en la Lima de entonces, ciudad donde nací, y en toda Latinoamérica y España. La canción se escuchaba en todos lados, estaba en todas partes. El disco que la incluye, Viviendo deprisa, salió en 1991, vendió más de un millón de copias y muy pronto Sanz se convirtió en el niño prodigio de la música en español. Tenía 23 años.
Sin embargo, su afición por la música comenzó desde muy pequeño: a los siete años ya mostraba interés por la guitarra y no pasó mucho tiempo para que comenzara a rasguear las cuerdas del instrumento dentro de la casa. Una de esas noches de insomnio, su madre, harta del ruido que hacía el pequeño Alejandro, entró en su habitación y le rompió la guitarra en la rodilla. “Aunque el golpe iba a la cabeza”, me asegura. Luego agrega: “Fue como un golpe de suerte, ¿no?”
A pesar de ello, Sanz insistió y cuando su familia se mudó al barrio madrileño de Moratalaz, comenzó a frecuentar los locales flamencos donde no sólo aprendió de la música, sino también de la vida. Siempre le gustaron los monstruos del flamenco como Camarón de la Isla o Paco de Lucía, a los que sigue escuchando, aunque me asegura que cuando va en el coche le gusta oír AC/DC. Ya de adolescente se escapó más de una vez de su casa y recorrió varios lugares turísticos de la costa andaluza, tocando en tabernas y restaurantes a cambio de un plato de comida. Comenzó a tomar clases de guitarra y rápidamente logró conseguir trabajos en estudios de grabación donde lo contrataban para hacer los coros y el acompañamiento musical de algunos cantantes. A los dieciséis años recibió su primer sueldo y poco después grabó el disco Los chulos son pa’ cuidarlos, que presentó bajo el seudónimo de Alejandro Magno y pasó inadvertido.
Un par de años después de Viviendo deprisa vino Si tú me miras, pero fue hasta Alejandro Sanz 3 publicado en 1995 -y en particular gracias al single “La fuerza del corazón”-, que se consolidó como ídolo juvenil. Con el dinero que ganó le compró un Mercedes Benz nuevo a su padre y le puso una peluquería a su madre. También se compró una casa de 600 metros cuadrados en el norte de Madrid y siguió componiendo. En 1997 lanzó Más, que incluía el tema “Corazón partío” y que hasta la fecha ha vendido más de cinco millones de copias. Dos años más tarde ganó el World Musica Award al músico hispano más vendido y en el 2000 recibió dos premios Ondas de la Música.
En 2001 Alejandro ganó cuatro Grammys latinos por El alma al aire – lanzado un año antes – y en septiembre de ese año estaba previsto que tocara en la ceremonia de entrega. “Ensayamos mucho y el día del ensayo general, cuando se iban a entregar los premios, ocurrieron los atentados terroristas del 11-S en Nueva York”, me cuenta Rosa Lagarrigue, su mánager. La ceremonia se canceló y los aeropuertos se bloquearon: “Tuvimos que salir en coche, vía Tijuana, porque teníamos que volver a España cuanto antes.”
Por ese entonces comenzaron las giras por toda España y América Latina. “Uno de los momentos más gratificantes de su carrera fue en 2001, cuando abarrotó el estadio Vicente Calderón”, dice Lagarrigue. “Llenar un estadio como ése, en tu ciudad natal, es muy emocionante.” Hoy, muchos años después de aquel guitarrazo de su madre, Alejandro Sanz ha vendido más de 22 millones de copias de sus 11 álbumes de estudio, y ha ganado 16 Grammys latinos y tres americanos.

Rosa Lagarrigue es una mujer que lleva el pelo rubio y viste de negro.
A sus 55 años ha sabido posicionarse como una de las mánagers más importantes del mundo de la música en español. Representa, entre otros, a Miguel Bosé y Raphael. Es chilena, pero habla con un acento neutro.
Una tarde, a mediados de 1991, mientras regresaba de un concierto de Mecano, llamó a Alejandro Sanz y lo invitó a cenar en un restaurante en el centro de Madrid.
Lagarrigue había escuchado  “Pisando fuerte” y su olfato le dijo que tenía que ocuparse de él. Esa misma noche quedaron para cenar en un restaurante cerca del estadio Santiago Bernabeu de la capital española. “La primera impresión que tuve fue de: ‘¡Qué chico más atractivo!’, porque tenía esa picardía que lo caracteriza, pero muy en su sitio, también”, recuerda Lagarrigue. “Me encantó. Me sorprendió que con esa juventud (apenas tenía 23 años) tuviera ese carisma. Madre mía, me dije, este niño se va a comer el mundo.”
Desde entonces, ella ha estado siempre a su lado y ha sido fundamental en su carrera. En los veinte años que llevan trabajando juntos, la toma de decisiones han sido fundamentales para lograr el éxito.
“Lo bueno de Alejandro es que es muy intuitivo, tiene una inteligencia natural para saber cuándo decir que sí y cuándo decir que no a las cosas… Y eso ha jugado muy a su favor en su carrera”, afirma Lagarrigue. “Toma, por lo general, las decisiones correctas.”
En febrero de 2011, Lagarrigue y Sanz tomaron una de las decisiones profesionales más importantes de su carrera artística.
Optaron por cambiar la disquera de toda la vida, Warner, y firmaron con Universal.
“Su incorporación representa un valor estratégico muy importante en la política de apoyo a nuestra cultura”, me dice Jesús López, presidente de Universal desde Miami. “Cuando alguien ha demostrado la fidelidad a su antigua compañía por más de 20 años, tomar la determinación de cambiar es bastante complicado.”
El último disco que Alejandro sacó con Warner, Paraíso Express, contó con la participación de Alicia Keys, que cantó juntó a Sanz en el tema “Looking for Paradise”.  “A Alicia la conocí hace muchos años en Lisboa, en un Rock en Río que hicimos juntos”, dice Alejandro. “Nos caímos muy bien, y luego coincidimos en Nueva York y empezamos a improvisar. La verdad es que hay mucha química musical entre los dos. ”
Pero Alicia Keys no ha sido la única celebridad en grabar con Sanz. La versatilidad y adaptabilidad del compositor español a los diferentes estilos musicales, así como su prestigio y popularidad, le han valido varias invitaciones de artistas reconocidos. De esta manera ha podido colaborar con Shakira, Miguel Bosé, The Corrs, Armando Manzanero y Lena, entre otros.
En 1998, Sanz contrajo matrimonio con la modelo mexicana de padre estadounidense, Jaydy Mitchell. La boda se realizó de manera secreta en Bali, Indonesia. La prensa del corazón no soportó el hecho de no tener ni siquiera una foto, y empezó a especular. Se corrieron rumores mal intencionados de que la boda había sido por conveniencia. Las lenguas viperinas del amarillismo dejaron correr los chismes y dijeron que ella lo hacía para ganar notoriedad y él para desmentir unos supuestos rumores de que era homosexual.
El acoso que sufrió durante esos años fue devastador y le hizo pasar muy malos momentos. “Alejandro no pertenece a ese mundo del amarillismo. Él es un artista, un creador, y eso fue algo que le fue totalmente ajeno. Eso es algo que no le gusta”, advierte Lagarrigue.
Poco después, en 2001, nació Manuela, su primera hija. A finales de 2006, Alejandro lanzó un comunicado de prensa en el que afirmó tener otro hijo, Alexander, de tres años, fruto de una relación fuera del matrimonio. De esta manera contrarrestaba los rumores antes de que empezaran a correr como reguero de pólvora. Ahora Sanz espera su tercer hijo junto a su actual pareja, Raquel Perera; el nacimiento está previsto para el verano de 2011. “Me encanta ser padre, no lo puedo remediar. Creo que los niños son un regalo del cielo”, dice Alejandro.

Con su cara asomando por detrás de la cámara. El fotógrafo José Luis Beneyto le pide a Sanz que cierre el botón de su chamarra.
—No sé si cierre—dice Sanz, que ahora lleva puesto otro traje—, acuérdate que acabamos de salir de las navidades.
Alejandro baja la mirada, observa el botón y lo cierra. Luego se acerca a donde está José Luis y le pide que le enseñe las fotos que ha tomado hasta ese momento.
—¿Tú de dónde eres? —pregunta Alejandro.
—De Venezuela —dice Beneyto.
En 2004, Sanz manifestó abiertamente que el gobierno de Hugo Chávez no le gustaba. Tres años después, como represalia, el presidente venezolano canceló una presentación que el músico tenía prevista en noviembre. Ese mismo año, 2007, en un concierto en Miami, Sanz sacó una camiseta sobre el escenario en la que se podía leer: “Chávez Sucks (Chávez apesta)”, lo que le valió críticas positivas y negativas. Finalmente, luego de pedírselo expresamente a Chávez a través de Twitter, Sanz pudo tocar en tierras venezolanas en 2010.
—Es una pena lo que pasa en tu país. A mí me hicieron la vida un poco imposible ahí.
—¿Qué te pasó?
—Oficialmente no me negaron la entrada, pero ningún proveedor quería distribuir mis discos, ningún hotel me quería hospedar. En fin, me nombraron persona non grata con indirectas.
En las pasadas elecciones presidenciales de Estados Unidos, Sanz apoyó abiertamente la candidatura de Barack Obama. Manifestó que en ese país se necesitaba una reforma de las políticas de inmigración. Su postura fue tan explícita que incluso participó en una campaña promocional en las primarias demócratas en Puerto Rico, donde, junto con otros artistas, pedía que la gente votara por el actual presidente estadounidense.
“No soy un artista político, o al menos no creo que defender los derechos humanos sea una cuestión política. La política debe ser otra cosa”, dijo un par de años después, cuando periodistas españoles le preguntaron acerca de su compromiso en ese sentido.
Pero su entusiasmo por decir lo que piensa quedó demostrado a finales del año pasado, cuando salió a  defender los derechos de autor contra las descargas ilegales en Internet. En aquella ocasión, los políticos españoles habían rechazado el proyecto de ley que prohibía dichas descargas. En un artículo publicado en el diario El País y titulado “Es la dictadura de los señores de la red”, Alejandro escribió: “…algunos políticos han actuado de forma cobarde e hipócrita… Creo que muchos de ellos, aun sabiendo que era una ley justa, votaron en contra por conveniencia o por cobardía.” Luego siguió con su argumentación: “Aquí se protege al pirata, al proxeneta de las canciones robadas… se votó para proteger el derecho del pirata a mantener su burdel musical abierto y se votó en contra del artista… y de nuestros derechos…”
Finalmente, la ley que protege a los creadores fue aprobada en España poco después de la publicación del artículo de Alejandro Sanz, y se espera que entre en vigor este verano.
La sesión de fotos continúa y antes de que la luz natural se vaya subimos a la azotea. Desde ahí, la vista de la ciudad es impresionante.
—Mañana estaré con (Lionel) Messi en una campaña de la que no te puedo adelantar nada —me dice en otro momento, refiriéndose a la promoción publicitaria de una línea aérea en la que también participará la actriz Paz Vega.
—¿Te gusta el fútbol? —le pregunto, para seguir con lo de Messi.
—Sí, soy seguidor del Real Madrid y del Betis. Pero cuando estuve en el Camp Nou de Barcelona me hicieron sentir como en casa. Me invitaron a los vestuarios y los chicos me regalaron sus camisetas. Me escribo de vez en cuando con Pujol y con Piqué.
—¿Dónde viste la final del Mundial?
—En Miami, aunque fue España contra un equipo de karatecas, ¿no? —dice, antes de soltar una sonrisa—. Sufrí un poco, sobre todo porque era la final de un Mundial y todo se desquiciaba un poco. Y en esas circunstancias nunca le ha ido bien a España.
—¿Practicas el fútbol?
—Me gusta el tenis. En mi casa en Miami tengo una cancha y a veces se viene a jugar Verdasco (Fernando Verdasco, uno de los mejores jugadores españoles).
Cuando las fotos en la azotea terminan bajamos a los salones del hotel. La gente lo saluda y alguna que otra mujer se queda mirándolo con asombro. Nada a lo que él no esté acostumbrado.
En diciembre de este año, Alejandro Sanz lanzará Generación positiva, un disco solidario con Médicos Sin Fronteras, con la participación de músicos como Paco de Lucía, Alicia Keys, Juan Luis Guerra y Javier Limón, entre otros, que tiene como finalidad concienciar a la gente y ayudar a las zonas menos favorecidas de África.
El proyecto ya está en marcha y consiste en la producción de temas y arreglos musicales sobre grabaciones de música y ritmos hechos por los niños de Zimbabwe: “Es un proyecto muy interesante, porque, además, creo que toda la música viene de allí, y espiritualmente es maravilloso, también.”
Por ahora, en el plano profesional, Alejandro Sanz sólo piensa en nuevos temas para otro álbum. Espera sacar un nuevo disco el próximo año, por lo que durante la segunda mitad de 2011 estará enfocado en el proceso creativo. “Quiero ponerme ya las pilas y comenzar a componer”, dice. Sus fans esperan ansiosos.

ESTILO SANZ
Aunque no se considera un experto, el cantante español nos platicó sobre sus gustos en la moda.

¿Cómo llevas esto de la moda?
La moda está entre nosotros, y cobra cada vez más importancia; creo que en la sociedad en la que vivimos cuidar el aspecto es muy importante.
¿Te consideras elegante?
La elegancia para mí es sentirse y estar cómodo, sobre todo. Voy aprendiendo con el tiempo, porque siempre he sido muy desaliñado. Pero en los grandes eventos, como los Grammy, siempre agrada un traje que te quede bien y que te haga sentir más
seguro. En ese caso, el traje se convierte en una especie de amigo que te apoya.
¿Alguna vez una chica ha influido en tu manera de vestir?
Más de una vez. Siempre hay una mujer alrededor que te dice “esto sí o esto no”.
¿Por qué aceptaste colaborar con Hugo Boss Fragancias?
Porque es una marca que me gusta. Llevo mucho tiempo usándola. Me gusta la ropa, sobre todo en trajes. Me sientan bien. Me
siento cómodo.
¿Recuerdas alguna prenda que te haya gustado más?
Hay una gorra que perdí, La que llevé en los Grammys de 2009, que fue muy criticada por esta gente que analiza a los mejor y peor vestidos. También recuerdo el traje de hace dos ediciones del Grammy latino. Era de color raro, como burdeos, como tostado. Llevaba una corbata de color dorado. Fue muy comentado ese traje.
¿Qué fragancia prefieres de Hugo Boss?
Uso Boss Bottled.
¿Cómo la descubriste?
Alguien me la regaló una vez. Me gusta el olor que tiene. Sirve para algo serio y también para llevarla de día, no es demasiado
empalagoso. No me gustan los olores empalagosos. Es muy varonil, hay algunos perfumes que tienen un toque ambiguo.
Prefiero un perfume que tenga un olor más a madera, más cítrico.
¿Crees que el olor puede decir algo de una persona?
Desde luego. Todo el mundo recuerda algún tipo de olor en concreto, el de su madre, el de su padre. El olor es fundamental.
¿Recuerdas algún olor de tu infancia?
Sí, en navidad íbamos a Sevilla y allá hay muchas naranjas. Sevilla huele a azahar, por ejemplo. Esos olores son característicos.
¿Qué aspecto de tu personalidad has querido mostrar para tu colaboración con Esquire y Hugo Boss Fragancias?
Un poco el de la madurez, la sofisticación y el éxito. Me parece que los 42 años me definen como una persona ya madura y al mismo tiempo sin renunciar a esa parte más salvaje que quiere uno conservar.
¿Haces algo para tener un estilo propio?
Creo que el estilo se va afianzando casi sin que uno se lo plantee. Si abres mi armario ahora, verás que todo tiene un sentido, una línea. Las cosas se van pareciendo, ellas a mí o yo a ellas, no sé.
¿Cómo definirías el éxito?
Creo que el éxito es un estado de ánimo. Es sentirte bien y realizado con lo que haces y encontrarte sin necesidad de más.

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