Carlos Caballero Fabricante de industrias

Publicado en el otro oficio, Entrevista

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Publicado en fecha septiembre 29, 2011

Ex arquero del Vélez Sarsfield, campeón de 1968, Caballero apostó todo por Bolivia. Dirige junto a su hijo la mayor industria metalmecánica boliviana, capaz de fabricar las piezas más complejas. Es proveedor de las industrias más grandes del país.

Cuando los licitadores del gigante domo para la minera San Cristóbal le consultaron a Carlos Caballero si tenía experiencia alguna para fabricar una infraestructura tan grande como para cubrir una cancha de fútbol, éste les respondió que ninguna pero que su mejor arma era la imaginación y su personal capacitado y que traería la mejor tecnología del mundo para ejecutar el proyecto con manos bolivianas. Sus palabras resultaron convincentes para adjudicarle la obra de más de 10 millones de dólares.
Y no fue sólo un toque de suerte. Caballero (64) es responsable hoy de la fabricación de los equipos y partes para las más grandes industrias del sector agrícola, minero, cementero y petrolero. De hecho, por estos días arriban a Oruro las primeras partes de un gigantesco horno de tecnología australiana para la fundición de Vinto, una mole de 1.800 toneladas de acero fabricadas pieza a pieza en los talleres Carlos Caballero Srl. en el Parque Industrial de Santa Cruz.
“No hay nada que no podamos hacer si se tiene decisión, capacitación y las certificaciones más altas”, afirma mientras hace un recorrido por los galpones de la planta y va soltando claves a cada paso.

DE TUCUMÁN A SANTA CRUZ
El primer contacto de Carlos Caballero con Santa Cruz fue en septiembre de 1976. Llegó buscando suerte para vender chatas e implementos para el cultivo y cosecha de caña de azúcar que fabricaba en su natal Tucumán. “Vine a la Expocruz, que entonces era una cancha, Vendí todo y noté que acá podía hacer muchas cosas”, recuerda.
Sin embargo, el vínculo definitivo se produjo mucho después, en 1990, cuando un viejo amigo le encargó que le fabricara chatas tronqueras, pero Caballero estaba dispuesto a hacerle un mejor precio si además había alguna oportunidad de trabajo adicional. “Cerré las puertas del taller que mi padre había abierto en los años ’30 y me animé a esta aventura junto a mis 10 mejores empleados”, comenta al recordar que arrancó fabricando chatas para el agro cruceño.
Su arribo coincidió con la expansión de la frontera agrícola cruceña, cuya superficie por entonces apenas superaba las 400.000 hectáreas frente a los casi dos millones actuales. Y años más tarde se activaría la actividad petrolera a través del proceso de capitalización. “Justo por entonces estaban llegando inversionistas extranjeros y la demanda agrícola. Llegué en el momento oportuno, cuando había mucho trabajo”, indica.
Y fue en 1998 cuando se independizó y constituyó la compañía Carlos Caballero Srl. de la mano de sus hijos. “Era comenzar de nuevo, pero lo hice sin dudar porque conservaba mi principal capital: la gente con la que trabajaba y los clientes que conocían nuestra calidad”. Pero las cosas no resultaron fáciles, la  nueva industria comenzó a realizar trabajos para la agroindustria en terrenos prestados, sumado a que entonces no era el cliente preciado que es hoy en el sistema financiero.
Con la competencia de por medio, decidió dar un paso adelante, invirtiendo en certificación de sus operaciones para acceder a proyectos más complejos. La adhesión a casi una docena de normas y certificaciones prestigiadas le abrió paso a desafíos cada vez más grandes. Hace unos años accedió a la norma ASME (Sociedad Americana de Ingenieros Mecánicos, por sus siglas en inglés) que la habilita para fabricar productos de metalmecánica de alta calidad y reconocida en el mundo sólo por la industria nuclear, petrolera y agroindustrial.
Con estas certificaciones, Carlos Caballero Srl. accedió a decenas de proyectos para una selecta cartera de clientes entre los que se hallan los ingenios azucareros Guabirá, San Aurelio, La Bélgica, Unagro y Aguaí; las petroleras Petrobras, Repsol, YPFB Chaco, Refinación, Transporte, BG Bolivia, Bolinter y Equipetrol; las mineras San Cristóbal, Vinto, Manquiri y San Bartolomé; las aceiteras ADM-SAO, Fino, IOL, Gravetal y Granos; las principales agrícolas; la cementera Soboce y Fancesa y la ferroviaria FO, entre muchos.
Bajo la premisa de que es posible fabricar todo a través de alianzas con las marcas líderes del mundo, la industria transforma mensualmente 700 toneladas de metal en chatas, vagones ferroviarios, contenedores, calderos, antenas de telecomunicación y hasta tanques petroleros y plantas de tratamiento de gas.
“Las alianzas son fundamentales”, remarca. En esa línea, la metalúrgica cruceña concluye por estos días el transporte de las piezas del horno Ausmelt a la siderúrgica Vinto. La multinacional australiana cedió a Carlos Caballero Srl. la ingeniería para la réplica de una estructura de 60 metros de altura con capacidad de procesamiento de 38.000 toneladas anuales de estaño.
Una situación similar se presentó en San Cristóbal donde la subsidiaria de Sumitomo ordenó construir un domo para aminorar la contaminación producida por el polvo de mineral. Carlos Caballero acudió a Geométrica, una de las mayores industrias del ramo, para recibir el know how respectivo de la obra que está a punto de ser inaugurada.
La industria recibió además la confianza del Ingenio Azucarero Aguaí para la construcción de chatas y calderos, basándose en el diseño de un fabricante brasileño.

EL TIEMPO DEL FÚTBOL

El mundo de Carlos Caballero está vinculado a la metalmecánica, la industria que absorbe a diario unas 12 horas de su atención, pero hubo un tiempo en que el cuero era su gran pasión.
Hijo de Torcuato Caballero, inmigrante español que se asentó en Los Ralos, un pequeño poblado de Tucumán donde instaló su taller de herrería en 1937, Carlos Caballero había mostrado destrezas en el fútbol y pronto fue incorporado a las filas de Tucumán Central, el club que lo hizo debutar poco antes de cumplir los 15. No tardó mucho en captar la mirada de los grandes de la capital y fue Vélez Sarsfield quien adquirió sus servicios.
Pronto, a los 17 años, tuvo la oportunidad de debutar en el equipo que fue madurando hasta conquistar el campeonato nacional de 1968 tras un histórico triple desempate con Racing y River. Fue el primero de los ocho títulos que posee actualmente el club de Liniers. De entonces conserva muchos recuerdos, de las disputas amistosas con el histórico Gatti cuando éste atajaba para River.
“Son momentos imborrables. Tengo un amor especial por Vélez porque allá maduré, en ese tiempo formé mi familia y nacieron mis dos primeros hijos”, sostiene mientras repasa los nombres de sus compañeros de entonces, entre los que destaca el “virrey” Carlos Bianchi.

LAS MEGAOBRAS DE CARLOS CABALLERO

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