José Yamangay

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Publicado en fecha septiembre 29, 2011

“Antes de nacer ya era esclavo; luche 15 años,
hoy soy libre”

Tiene ojos negros que traslucen inteligencia y una energía contagiante; de estatura pequeña (casi 1.65 metros), cara redonda, que aparenta más de sus plenos 39 años, de los cuales 15 se pasó luchando por la libertad de sus hermanos Guaraníes en el Alto Parapetí, provincia Cordillera, Santa Cruz, Bolivia. José Yamangay, así se llama, y tiene una voz de profeta cuando cuenta su historia y de guerrero guaraní cuando deletrea el futuro.
En ninguna de sus palabras destila odio hacia los ex patrones, sino una especie de indulgencia del sabio al ignorante del valor de la humanidad. Te puedes pasar horas charlando con él, no solo por su narrativa, sino por su apabullante espíritu iyambae (sin dueño).
Erbol (E): José ¿eras esclavo?
José Yamangay (JY): Desde antes de que nazca, mi madre, mi abuela, mi bisabuela siempre trabajaban en la hacienda de Aniceto Curucuy, hay testimonios, documentos, pruebas contundentes.
E: ¿Cómo era tu vida de esclavo?
JY: No permitían el ejercicio de nuestros derechos, trabajábamos en las haciendas sin remuneración, sin ningún beneficio social, comíamos en batea, como comen los perros, incluso éstos comen mejor, ¿no?
E: ¿Qué comían las familias que vivían en esas condiciones?
JY: Frangollo, kumanda (frejol) y sal; charke sólo a veces; fue el trato real que lo hemos vivido en el Alto Parapetí, yo lo he vivido; peor habrá sido (la vida de) los hermanos más mayores, más ancianos, fue triste la situación, por eso los hemos considerado como familias empatronadas, no había una persona que libremente pudiera ejercer o practicar su derecho.
E: ¿Ibas a la escuela, José?
JY: Había educación, pero también se tenía que trabajar, alguna vez no iba a la escuela porque tenía que trabajar; los patrones decían que si íbamos a la escuela nos íbamos a volver flojos, querían que ayudemos a ganar la comida.
E: ¿Recibían un sueldo tus padres?
JY: Mis padres nunca recibieron un sueldo
E: ¿Conocías el dinero o cuándo lo conociste?
JY: Cuando ya era peón empecé de cinco pesitos (bolivianos), antes (mis padres y hermanos guaraníes) nunca recibían nada a cambio; sólo trabajaban a cambio de ropa cada año, cada arete que le dicen; era más jodido en tiempo de mi abuelo, mi bisabuelo,  he visto cómo mi padre ha sido huasqueado en 1991 en la hacienda de Aniceto Curucuy.
E: ¿Por qué lo azotaron?
JY: Lo azotaron (sólo) por abusivos, sin motivo, él trabajaba fuerte en la vaquería, él ha hecho harto ganado, y yo trabajaba con él, tras de mi padre.
E: ¿Qué otros tipos de abusos sufrían las familias empatronadas?
JY: Cuando trabajaba, cuando quería trabajar para mí me lo impedían; (cuando) iba al chaco y estaba trabajando para mí, (me decían): “con que usted trabajando (para ti), primero (debes trabajar) para el dueño de la tierra, después si sobra tiempo (recién) para usted”. A veces uno se retrasa, entonces nos decían: “ustedes serán dueños de la tierra ¿no? para que lleguen a esta hora; ahora,  si quieren trabajar, trabajen, sino váyanse ahorita, sin derecho a nada”. No te consideran como persona.
E: ¿Y las mujeres qué hacían, qué trabajos obligados hacían ellas?
JY: La mujer (estaba) en la cocina todo el tiempo; (durante el) tiempo de pallada (cosecha) del maní tenían que estar todo el tiempo en el chaco pallando, los niños igual, ayudando…
E: Dijiste que lo peor es tener miedo a la libertad, ¿cuándo superaste el miedo?
JY: (Lo superé) cuando ya era dirigente, cuando asumí el liderazgo en la capitanía del Alto Parapetí para conducir la organización, tenía mis 22 años, ahora tengo 39. Desde entonces eliminamos y rompimos el miedo, sino no hubiéramos hecho nada porque te perseguían, te amenazaban a muerte los patrones; entonces era sentirse fuerte y no quedarse quieto porque quedarse quieto era como tener miedo nomaj puej, (era) no hablar nada, no decir lo que existe, no denunciar,  rompí eso y empecé a denunciar, por eso fui perseguido, fui tratado de esa forma.
E: ¿Cuánto ha cambiado tu vida desde aquel entonces? ¿Cuál la diferencia entre el José empatronado y el José libre?
JY: (Sonríe) Uhhh, ucha, como usted me ve aquí, ahora todo está tranquilo puej; puedo ejercer mi derecho a decidir, compartir, conversar con usted, con todos mis amigos, con todas las personas que me rodean, puedo trabajar, puedo ir a mi comunidad a cualquier hora y no como antes, cuando todo estaba cerrado, todo bajo candado, (hoy) cualquier persona puede ingresar a nuestra comunidad libremente. Ahora, conversamos entre nosotros o con otros, comemos, compartimos, tomamos lo que haya.  Todo depende de nosotros, por ejemplo, nuestros asuntos  internos, es cuestión de organizarse, acomodarse y trabajar, nada maj, eso es libertad, ya no depender de nadie.
E: Me ha informado que aún hay personas esclavas ¿cuántas personas vivían?
JY: Han sido liberadas 40 familias en Caraparicito; 60 en San Isidro; 60 en Buena Vista; pero todavía hay 80 familias empatronadas en Huaraca.
E: ¿Qué falta para que sean plenamente libres?
JY: Falta que el Tribunal Agrario emita un fallo en favor de la TCO y que se agoten todas las instancias competentes, ellos pueden seguir presentado sus recursos, pero ya no hay razones, (sólo) falta cumplir los procedimientos, el Gobierno tiene que dotar Huaraca al Pueblo Guaraní y es lo último.
E: ¿Qué siembran ahora que son libres?
JY: Ahora sembramos maíz, un poco de poroto, es la comida que acompaña, la típica
E: Claro, es de ustedes todo el producto y ya no comen en bateas
JY: (Se ríe) Si queremos comer en bateas, para recordar, yo puedo comer, (pero) nadie me lo va a vaciar la comida (como antes), yo puedo vaciármelo después de cocinármelo a mi gusto y ya no un patrón.
Y lo mejor es que los niños van a la escuela (sin tener que trabajar); tenemos profesores guaraníes, antes no los teníamos. Estamos en este proceso, se llama proceso de liberación, es un proceso que nunca termina.
Click, apagamos la grabadora. José nos dice gracias y se arregla su mayestático sombrero chaqueño, cuya parte plegada lo lleva en la parte trasera porque no estaba entrando al monte, al menos en ese momento, seguramente, lo cambiará hacia adelante cuando ya le toque galopar entre los árboles y arbustos del Chaco boliviano.

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