Las mujeres de la marcha

Publicado en Política

Tagged:

Publi 2

Publicado en fecha noviembre 01, 2011

Ni la brutal represión policial las pudo detener.

¿Alguien hubiese podido detener a las mujeres indígenas que marcharon por más de 600 kilómetros para llegar a la ciudad de La Paz, la sede de gobierno? ¡Nadie! Ni siquiera la represión policial del 25 de septiembre porque defender su territorio fue su decisión o fueron elegidas por sus comunidades.
Numéricamente las mujeres fueron más, por ejemplo en el grupo del pueblo sirionó había 35 mujeres y 14 varones y similar era la proporción en el resto de las organizaciones indígenas. Además, ellas sostuvieron la cotidianidad de la marcha con la preparación de los alimentos y el lavado de la ropa.
Varias son ex autoridades en sus pueblos, como Juana Eirubi; otras lo son ahora, como Aidee Ortiz y Neyde Cartagena, y por ello formaron parte de la comisión política de la marcha.
Algunas no asumieron cargos, como Consuelo Zeballos, pero igual quieren preservar su territorio, y otras que, por el mismo motivo, se ofrecieron para cocinar, como Raquel Quitón. Hay niñas, como Daniela Eato y Jimena Quispe, que sacrificaron la escuela para acompañar a sus familias sabiendo porqué lo hacían.
Por eso mismo, las mujeres están molestas con sus dirigentes porque su presencia en el equipo negociador con el gobierno fue minúscula, a su llegada a la ciudad de La Paz el 19 de octubre. Ese punto, sin embargo, no tiene solución y será discutido de forma interna por las mismas comunidades.

VIGILANTES
Doña Aidee Ortiz vive en la comunidad Puerto Esmeralda, en el Beni. Es una mojeña trinitaria, presidenta de la Subcentral Cercado Río Mamoré, que siempre viste un sombrero tejido con hojas de palma. Su vigorosa delgadez y su voz ágil no dejan adivinar que tiene 58 años, más aún sabiendo que ella fue una presencia infaltable en la cabeza de la VIII Marcha Indígena.
Es la única mujer de la guardia que va apostada detrás de los dirigentes indígenas de tierras bajas, aunque en varias oportunidades y por diferentes circunstancias, ella encabezó y marcó el paso de más de dos mil personas.
El flamear de su bandera boliviana, de cuatro por tres metros, la más grande de la columna de marchistas, hace perder el equilibrio a cualquiera que la tome por primera vez. Pero ella la sostuvo firme durante todos los días de caminata entre Trinidad, la capital del departamento del Beni, y La Paz. Eso fue un poco más de la mitad de los 65 días que demoró la marcha en llegar a la capital política de Bolivia.
Doña Neyde Cartagena es Vicepresidenta del Consejo Indígena del Pueblo Tacana. Con su pequeña Orquídea en los brazos marchó los 65 días y logró burlar a los policías que la perseguían en San Lorenzo, cerca de Yucumo, donde un contingente policial gasificó a las y los marchistas.
Su cuerpo delgado y firme es resultado también del arduo trabajo que realiza en su comunidad, donde, como parte de sus actividades, debe lidiar con los colonizadores que intentan avasallar su territorio.

MAMÁS Y MARCHISTAS
Doña Juana Eirubi tiene 62 años y hace 21, como cacica de Ibiato, comunidad del pueblo sirionó, protagonizó la I Marcha Indígena por el Territorio y la Dignidad de 1990. Ella estaba acostumbrada a caminar, pero el traslado de las pertenencias de su grupo en carro aceleró su parto y así llegó Anahí Dignidad, la primera niña nacida en una protesta pacífica de esa naturaleza.
Ella recuerda que su intervención durante las negociaciones con el gobierno de Jaime Paz Zamora, pidiendo a sus “hermanos y hermanas” que no se precipiten a pesar del apuro por retornar a casa, permitieron que los acuerdos sean satisfactorios. Tal vez ahora esas palabras hubiesen sido necesarias, dice.
La desesperación de Raquel Quitón al no encontrar a su bebé de dos meses, durante la represión policial, ya pasó. Cargándolo se ocupó de cocinar para más de 200 personas a diario: desayuno desde las cuatro de la mañana para que a las seis salga la marcha, almuerzo a medio camino o para recibir a los marchistas y cena para concluir el día.
La médica Mayra Palacios salvó al bebé de los gases policiales, cuando su madre se fue a lavar. Ella también, junto a las otras mujeres que eran trasladadas a la fuerza a Rurrenabaque en un bus, les exigió a los policías leche y con una cucharilla logró que el niño la bebiera, pues rechazaba el biberón.
Consuelo Zeballos es una joven sirionó que marchó con su esposo Willy Eato y su niña Daniela. Su padre emigró a Trinidad y así conoció la ciudad, y no quiere ese ambiente para su única hija. Por eso decidió vivir en Ibiato donde se necesita poco el dinero, pues su territorio los abastece. Allí también se casó.

SEGURAS
Daniela tiene ocho años, es elocuente y vivaz como su mamá, aunque también se ve en ella la mirada serena de su papá. Jimena Quispe, de 11, se parece a su papá, Rafael Quispe, mallku del Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu (Conamaq). Ambas niñas, una sirionó y otra aymara, se convirtieron en grandes amigas en el camino.
Las dos saben que al regresar a la escuela, sus compañeros les harán un sinfín de preguntas, porque a muchos de ellos no los dejaron marchar para que no se perjudiquen. Pero ninguna se hubiera quedado resignada en su casa, ya que sabían que la protesta de sus padres era para defender el territorio de los pueblos indígenas.
La experiencia de la marcha las llevó a organizar a los niños y niñas. Por eso fueron elegidas presidenta, Daniela, y vicepresidenta, Jimena. Y lo primero que hicieron fue darle la bienvenida al canciller David Choquehuanca el 23 de septiembre, con las consignas que se repetían en las marchas urbanas en defensa del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS).
A Consuelo y Rocío Pati, la mamá de Jimena, no le preocupa mucho el tiempo perdido en la escuela, porque saben que sus niñas aprendieron mucho más en dos meses, de lo que mucha gente no aprende ni en toda la vida, pues aprendieron a respetarse y a quererse a pesar de sus diferencias culturales.

Comparte este articulo

No Comments

Comments for Las mujeres de la marcha are now closed.