Saber vestir

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Publicado en fecha diciembre 08, 2011

Lo más importante es ser natural y uno mismo

Teniendo en cuenta que no hay una segunda oportunidad para una primera impresión, resulta imprescindible saber cómo vestir en cada momento sin llamar la atención y derrochar elegancia.
Saber vestirse es un proceso que se va adquiriendo con el tiempo, aunque algunas personas nacen con ese don. Si ese don no se posee, con un poco de interés se puede aprender, tan solo es necesario mirarse al espejo, analizarse y trabajar para realzar las virtudes y camuflar los defectos, además de dejarse aconsejar por los expertos para configurar un estilo personal y único.
El aspecto externo, que incluye las manos, el cabello, los gestos y la ropa, dicen mucho de las personas, es la carta de presentación, esa primera impresión que pone un adjetivo calificativo y que, por lo general, se desea que sea amable y positivo.
Sabiendo que la ropa es una parte muy importante de la imagen, hay que aprender a sacarse el mayor partido posible y elegir qué ponerse en cada momento.
Ya sea en el ámbito laboral como en el familiar, las personas deben esforzarse por ofrecer una buena imagen. No se trata de belleza, sino de buenas maneras, de expresiones y gestos correctos y de un estilismo adecuado, detalles que configuran la primera impresión.
“Lo más importante es ser natural y uno mismo”, explica Francisco Merino, director de la Escuela Internacional de Protocolo de Madrid, quien asegura que hoy en día es “fundamental dejarse asesorar y evitar los gestos en exceso, ya que desvían la atención”.
A partir de esos mínimos, se irá confeccionando el vestir diario, siempre adecuado al lugar de trabajo, acto o acontecimiento al que se vaya. “Conseguir un ‘look’ elegante es relativamente fácil si se presta atención a la confección de las prendas, los tejidos y los colores que más favorezcan en función del tono de la piel, el cabello y los ojos”, dice Merino.
“La etiqueta femenina no existe, viene estipulada por la del hombre”, asegura el director de la Escuela Internacional de Protocolo de Madrid, quien añade que “según se va poniendo él solo, el vestido de la mujer se alarga”.
“Si no se quiere caer en errores, cuando el hombre luzca un traje oscuro, la mujer debe ponerse vestido corto, mientras que si el varón viste un frac, el máximo exponente de la rigurosa etiqueta, la señora está obligada a sacar del armario un vestido largo, al igual que con el esmoquin”, afirma Merino.
En cuanto al chaqué, prenda reservada para las bodas y los actos protocolarios que lo exijan, la mujer irá de corto.
Respecto a los colores, el protocolo no decide si los tonos oscuros son para la noche o el día. “Los tonos se eligen en función de lo que más favorezca, es evidente que el negro es el más adecuado para los funerales y el blanco no se debe lucir en una boda, mientras que no lo exija la novia”, apunta Merino.
Una prueba irrefutable para saber acertar en la elección del color es probarse el mismo traje con diferentes colores de camisa y corbata y mirarse al espejo y así ver qué combinación rejuvenece más.

PRENDAS IMPRESCINDIBLES
Aparte del uniforme o atuendo que requiera el trabajo de cada persona, resulta imprescindible en el fondo de armario una serie de prendas, generalmente clásicas y de larga vida, que sirven para asistir a actos de más o menos etiqueta.
En la elección del atuendo se debe tener en cuenta factores como ¿a qué hora es?, ¿dónde es?, ¿quiénes van?. Una vez que se hayan perfilado esos tres criterios, la elección será más sencilla.
Los hombres necesitan un traje oscuro, una camisa blanca, un par de corbatas, zapatos de cordón, gemelos y cinturón, además de unos vaqueros, que combinado con una chaqueta son capaces de resolver el estilismo de una tarde de coctel.
El hombre luce inmaculado con un traje de chaqueta, unos zapatos oscuros de cordones, una camisa y una corbata bien coordinadas en el color y en el diseño. Cuando el hombre se desprende de la corbata experimenta un cambio radical en su aspecto. Por ello, el estilo “casual” implica tener en el armario una chaqueta de “tweed”, un jersey de pico, unos pantalones vaqueros, unos mocasines de antes y una camisa de “sport”.
Los clásicos pantalones chinos y los “jeans” de colores claros son la perfecta alternativa para vestir de “sport” en verano conjuntados con polos o camisas. Para el otoño y el invierno es mejor elegir colores más oscuros dentro de la gama cromática del marrón, el teja, el beige, el verde musgo y el azul petróleo.
Una vez, elegido el estilismo, los complementos se encargan de añadir el toque de distinción necesario. “Los adornos no son nada más que un reflejo del corazón”, decía Coco Chanel.
Ahora, el hombre se preocupa más por su aspecto y busca complementos que le aporten una nota de color y al mismo tiempo elegancia. El pañuelo de bolsillo coordinado con la corbata, el sombrero, la pahsmina, el reloj, los gemelos, el cinturón y unas gafas de sol están de moda en el guardarropa masculino.
En el caso de las mujeres, resultan imprescindibles un traje de chaqueta oscuro y otro blanco o crudo, blusa blanca, zapatos de tacón, vestido de coctel, pantalones vaqueros, americana y complementos.
Para los días de lluvia no puede faltar una gabardina, mientras que el abrigo quedará reservado para los meses más fríos.
“La imagen personal puede ser subjetiva, pero siempre objetiva para las personas que te miran”, concluye Francisco Merino.

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