África Hechizada

Publicado en Turismo

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Publicado en fecha enero 24, 2012

Un continente donde los espíritus deambulan entre las chozas de las aldeas, caminan por estrechos senderos y se pierden en la inmensidad de la selva. Donde los curanderos, santeros y hechiceros tienen un lugar esencial en la sociedad.

Entre aldeas, campo y selva existe un sinfín de historias y leyendas que pasan de generación en generación y que en la actualidad forman parte de la cultura y sus rituales son rigurosamente respetados. Los curanderos, santeros y hechiceros no son personajes de fábulas, usualmente son guías espirituales y son quienes pueden garantizar la salud y buena convivencia de los vecinos.    Desde temprano por la mañana es habitual escuchar en la Radio Comunitaria de Nacala Porto canciones que hablan de hechicerías y brujos con algún comentario de los locutores en la lengua local, Makua. También resulta interesante leer el periódico que llega desde la capital, Maputo, donde no falta algún titular como: “Maridos y esposas espirituales” o “Está en el hogar para satisfacer al espíritu del fallecido esposo”.
Es tan simple como preguntar a algún vecino, vendedor del mercado o campesino, si cree en espíritus o hechicerías. Todos ellos responderán afirmativamente, con algo de temor y con una o dos historias que contar, entre experiencias personales o de algún familiar.
Los espíritus deambulan entre las chozas de las aldeas y caminan por estrechos senderos. Los brujos pueden causar enfermedades, incluso la muerte, si es que alguien así lo pide y las personas que no cumplen las promesas a los hechiceros, pueden acabar convirtiéndose en animales salvajes que caminan por las noches en el bosque. Estas son algunas de las afirmaciones que pude escuchar de los mozambiqueños.
Este conjunto de historias no son únicamente leyendas que pasan de generación en generación, cuando el hombre más viejo dentro de la aldea se sienta bajo un árbol y las cuenta a los niños, estos las comentan con los amigos y familiares. Estos relatos son su realidad y se han transformado, durante años en rituales y ceremonias ancestrales.

“Ceremonia de Purificación”
El ritual se lleva adelante cuando una mujer dentro de la aldea pierde al marido. La viuda es obligada a mantener relaciones sexuales con un pariente cercano del fallecido esposo, en una sesión en la cual invita a familiares a casa a compartir un té. Aseguran que de esta forma el fallecido podrá descansar en paz, pues su mujer no estará sola.

“Matrimonio espiritual”
En regiones como Manica o Mcuambo al centro de Mozambique, la creencia dice que, si un hombre es asesinado, su espíritu tomará venganza y buscará como recompensa la unión con una mujer, que puede ser la hija, sobrina o hermana del asesino. El espíritu se presentará ante la joven por las noches y en sueños.
Para llevar adelante el ritual, los familiares de la muchacha deberán realizar un matrimonio espiritual. Construirán una pequeña casa dentro del terreno de los padres, que simbolizará el hogar de la nueva pareja y que también será usado para  realizar todas las ceremonias de adoración a los espíritus. Este rito dejará al espíritu tranquilo y es posible que deje de aparecer en los sueños de la mujer.

CURANDEROS
En las aldeas africanas es fácil identificar dónde trabaja un curandero o santero, por la presencia de banderas delante de las pequeñas casas. Puede tratarse de banderas blancas con una estrella y luna verde, otras combinando colores como el rojo, negro y blanco y algunas son solamente negras. Muchos de los hechiceros son a su vez artesanos, carpinteros o trabajan la tierra. Algunos de ellos hablan únicamente el dialecto del lugar, el Makua, pero entienden portugués.
Con ayuda de un traductor, pude conocer y entrevistar a Samuel Vieira Muloca y Fátima Antonio, una pareja de curanderos que viven con sus dos hijos en una pequeña casa en la aldea de Muzuane en Nacala Porto. El hijo menor de la pareja, llevo consigo un cordón amarrado a la cintura, que sirve para protegerlo de enfermedades y un collar con piedras blancas para ahuyentar a los malos espíritus. Según asegura la madre.
Ante la curiosidad de los vecinos,  sentados en el piso frente a la choza de adobe,  comienza una cómoda conversación con la familia. Dentro de su terreno, llama la atención la presencia de dos pequeñas casas, tienen cerca de dos metros de altura y apenas pueden ingresar tres personas.  Estas construcciones, son las llamadas “casas espirituales”, donde atienden a sus pacientes. Fátima cuenta que, una de estas casas sirve para tratar a los espíritus cuya naturaleza pertenece a la tierra y la otra, a aquellos espíritus del mar. Cada caso con un ritual, tratamiento y remedios naturales diferentes.
Samuel recuerda, cómo hace once años enfermó y cayó en cama durante varios días con fiebre alta y murmurando palabras que nadie en su familia comprendía. En sueños, un hombre lo visitaba y le enseñaba qué tipo de plantas mezclar para preparar remedios. Su hermano, quien también es curandero, asegura que un Dios eligió a Samuel otorgándole el don de curar a las personas y ahuyentar a los malos espíritus.
Por lo general, los pacientes llegan hasta la casa de la familia Vieira, contando que tienen alguna dolencia y que por las noches no pueden dormir, que sienten algún tipo de presencia que los acosa. Fátima, cuenta que para conocer el origen de este mal necesita hacer un viaje espiritual. Dentro de una de las pequeñas chozas, acompañada de música con instrumentos tradicionales y con ayuda de un espejo, determina si el espíritu del paciente es del mar o de la tierra, para saber qué ritual seguir.

“Espíritus de tierra”
Luego de escuchar el relato del paciente sobre el mal que lo aqueja, Samuel necesita conocer el tipo de espíritu que está presente. En una olla de barro, mezcla plantas y raíces para que el enfermo pueda darse un baño con la infusión y después de algunos días pueda sanar. Si este tratamiento no es suficiente, es necesario hacer el sacrificio de un animal, por lo general una gallina, al ser el animal más barato en los mercados, cerca a siete dólares americanos.
El enfermo debe tomar entre sus manos al animal y comenzar a caminar por el campo, siempre en compañía de Samuel. Cuando se detienen, el paciente tiene que matar a la gallina y bañarse con su sangre o beberla.  Luego, deben enterrar al animal  como ofrenda al espíritu y para que éste se quede en el campo y no vuelva a presentarse.

“Espíritus de Mar”
Este ritual puede durar hasta tres días. Primero se prepara el remedio natural con plantas y raíces del lugar. Se reúne a la familia y vecinos de la aldea para realizar un baile; la persona enferma debe pintar los brazos y el rostro con lunares blancos. Delante de una fila, el paciente debe cantar mientras toca un instrumento típico de Mozambique, llamado chocala, el resto de la gente también acompaña el canto y la danza. El objetivo, según Fátima, es llamar la atención del espíritu.
Finalmente y para que el ritual tenga efecto, deben llegar a orillas del mar, donde Fátima vestida con un manto blanco, pedirá al paciente que moje parte del cuerpo. Ella mojará la cabeza del enfermo en señal de bautizo. Finalmente como ofrenda para el espíritu, dejará en el mar un barco o una pequeña olla de barro decorada con flores.
Samuel y Fátima aseguran estar contentos por ayudar a su comunidad, que si un Dios les otorgó el regalo de poder curar a las personas, ellos realizarán esta labor hasta que el espíritu que los eligió decida dejarlos. Con la promesa de volver y dejarles una fotografía familiar, me despedí de la familia Vieira.
Mozambique como muchos de los países africanos tiene rituales y creencias únicas y resulta impresionante ver como pese a la colonización de los portugueses y el transcurrir de los años, algunas de estas creencias se mantienen intactas y hacen de este continente un África hechizada.

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