Caminando por Nacala

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Publicado en fecha enero 04, 2012

Laboriosas mujeres que van por estrechos senderos, niños sonrientes ante la sorpresa de ver un cuña, hombres trabajadores e incansables y atardeceres inmediatos son imágenes que caracterizan Nacala, en Mozambique.

En el sureste de África a orillas del Océano Índico, se sitúa Mozambique. Con una mezcla de etnias y religiones, que logran una convivencia en perfecta calma, a diferencia de algunos países vecinos, donde aún imperan las disputas entre grupos étnicos.
Tiene una población de más de 23 millones de habitantes y una esperanza de vida de 42 años para hombres y 49 para las mujeres. Mozambique conserva las huellas de la colonización portuguesa, pero mantiene sus costumbres y lenguas propias.
Lo primero que llama la atención al llegar a estas tierras, es la luz, el sol, la claridad, que lo ilumina todo a su paso. Una persona tiene una serie de dificultades para escapar de tanta iluminación natural y más si está en campo abierto. La única salvación puede ser la sombra de un árbol. como lo describe el periodista Ryszard Kapuscinski, en el libro Ébano.

¡TATA CUÑA…!
De un solo golpe se siente el calor de Mozambique. Temperaturas que por la mañana, cerca a las ocho, pueden llegar a 33 grados centígrados. A medio día,  todo queda paralizado, el calor llega a ser tan sofocante que solo una corriente de viento fresco puede salvar el momento.
Sin embargo, los pobladores del lugar parecen no sentir nada. Las mujeres, con un niño a la espalda y cargando objetos encima de la cabeza, no se quejan y sonríen a su paso, algunas saben hablar portugués, otras sólo se comunican con el dialecto local, en este caso Makua, común en el Norte del país, en la ciudad de Nacala Porto.
Las mujeres llevan siempre consigo la capulana, una tela de colores, cuadros o con algún estampado que recuerda una fecha importante para el país, la llevan amarrada en la cintura, por lo general encima de otra prenda de vestir.
También la acomodan en la cabeza, de forma que sea fácil cargar desde una botella de agua, un saco de arroz o hasta una pesada maleta. La capulana, también es útil para llevar a los recién nacidos en la espalda, con un movimiento rápido se los puede llevar a la parte de adelante para amamantarlos.
Al paso, entre calles desordenadas, asombra la cantidad de niños, desde los que aún no caminan hasta pequeños que juegan al fútbol con improvisados balones hechos con bolsas de plástico. Por lo general, en  un grupo de niños, el de mayor edad, que puede tener entre siete y diez años, cuida del resto. Todos saludan con la mano gritando: ¡Tata, cuña…! Saludo cordial con una mezcla entre Portugués y Makua, que quiere decir: ¡Hola blanco…!

DESPUÉS DE 15 AÑOS
DE GUERRA, PAZ
Mozambique obtuvo su independencia hace 36 años. En su historia figura una sangrienta guerra civil que comenzó en 1977 y acabó en 1992 con un tratado de paz firmado en Roma, debido a que la hostilidad no permitía a los principales líderes de la revolución, firmar los acuerdos en el país.
En la actualidad, los hombres cambiaron las armas por herramientas para trabajar la tierra, pero pese a la paz, aún se ven los rastros de la guerra transformados en analfabetismo, pobreza y desempleo.
Muchos menores logran ingresar a las escuelas del Estado, pero algunos las abandonan antes de aprender a leer y escribir, ya que las clases son impartidas en portugués, el idioma oficial y la mayoría de los menores hablan en casa Shangaan, Chokwe, Manyika, Sena y Makua entre otros dialectos.

LA RELIGIÓN
En Mozambique un 23% de la población son musulmanes, concentrados en distritos como Nampula, Cabo Delgado y Pemba, por ello existe una vasta presencia de mezquitas de reciente edificación.
Los hombres, como es la tradición, suelen rezar cinco veces al día: a las tres de la mañana, al medio día, a las tres y a las cinco de la tarde y finalmente a las siete de la noche.  También respetan rigurosamente el Juma o viernes,  que es el último día de la semana para los musulmanes.
Al medio día y vestidos con una malha, una especie de bata blanca usada por los creyentes, acuden a la celebración religiosa con la familia y comparten un tiempo con el Chehe, el sacerdote musulmán. Igualmente las mujeres asisten a la mezquita luciendo burcas de diferentes colores, que en Nacala son llamadas nchunqui.
LOS RITUALES
Aquellas familias, que tienen origen Makua aún conservan sus rituales de iniciación, cuando los hijos llegan a la adolescencia deben practicarlos. En el caso de la mujer, se determina un día especial para celebrar una fiesta, que por lo general dura dos días, las jóvenes pasan el primer día recibiendo consejos de las mujeres mayores sobre sexualidad, anticonceptivos naturales y sobre los cuidados del esposo y los hijos. Luego comienza una gran fiesta en presencia únicamente de mujeres, danzan durante toda la noche y normalmente se practica cerca a un río o en el mar.
En el caso de los hombres este ritual lleva más tiempo, usualmente un mes, muchos de los muchachos que ya vivieron la experiencia aseguran que no son los mismos, que cambiaron completamente después del ritual.
Algunos se internan en el campo, escuchan consejos de los hombres sabios de la aldea para luego ser sometidos a la circuncisión, si la familia tiene dinero se practica en compañía de un enfermero. El joven no puede volver a su casa hasta haber sanado completamente su herida.
Mujeres caminando en fila por estrechos senderos entre Baobabs, niños sonrientes ante la sorpresa de ver la presencia de un cuña, hombres trabajadores e incansables, atardeceres inmediatos que duran solo algunos minutos y pescadores que comienzan su jornada cantando en procura del alimento del día. Son algunas de las imágenes que caracterizan Nacala en Mozambique.

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