Coraje, 21 años con los indígenas

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Publicado en fecha enero 04, 2012

El cantautor Luis Rico recuerda las circunstancias en las que nació esa canción dedicada
a los pueblos de tierras bajas.

La canción “Coraje” es amiga y compañera de los pueblos indígenas de las tierras bajas de Bolivia desde 1990. Hoy, 21 años después, recobra actualidad en la gestión del actual Gobierno que se empecinó en construir una carretera que cruzaría por el Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure (Tipnis).
A mediados de septiembre de 1990, la primera marcha por el “Territorio y la Dignidad” tocaba las puertas de la ciudad de La Paz, en la localidad de Pongo, a 37 kilómetros de la sede de Gobierno. La caminata se inició el 15 de agosto, en Trinidad, y llegó a la meta el 17 de septiembre.
Hasta Pongo les fue a dar encuentro el cantautor tupiceño Luis Rico Arancibia (65 años), autor de la letra de esa obra creada originalmente por el argentino Víctor Heredia.
El artista boliviano cambió casi toda la letra, excepto el estribillo y el título. Pagó los derechos de autor y adaptó el contenido de la canción a la situación de los habitantes de la amazonia boliviana que exigían ser reconocidos por el Estado, en esos tiempos administrado por el Gobierno de Jaime Paz Zamora.
En un encuentro con la revista IN, la memoria de Rico rebobinó los recuerdos de aquellos años y se transportó luego al presente, hasta encontrarse con la VIII marcha indígena que, a pesar de haber sido atacada por el Gobierno de Evo Morales Ayma y reprimida por la Policía, llegó a La Paz el 18 de octubre de este año, tras 65 días de caminata, para exigir que la carretera no pase por el Tipnis.
¿Cómo nace la canción “Coraje”?
Muchos dicen que yo habría escrito esa canción con una proyección de 20 años, o sea después de 20 años estamos entendiendo el problema de los indígenas del Beni. La historia es ésta: Cuando la primera marcha llegó a la zona de Pongo, que era la última parada, ahí estaban los líderes tradicionales de ese tiempo: Marcial Fabricano y Tomás Ticuazu, en 1990 dije: “Tengo que ir a conocerlos a estos cuates”.
Agarré mi carro y con mi guitarra me fui solito a Pongo. Fui a presentarme y dije que quería hablar con los dirigentes. Había guardias nativos y me dijeron: “Un momentito por favor”. Era como si estuviera entrando a una oficina. Entonces, aparecieron Fabricano y Ticuazu.
“Mucho gusto, mucho gusto, señor”, me dijeron. “Miren, yo soy un cantor y me gustaría cantarles unas canciones, a manera de hacerme conocer con ustedes”, me presenté.
“¡Ah, pero con todo gusto! ¡A ver, vengan! –llamaron a sus compañeros– vamos a escuchar a este señor que va a cantar… dice que se llama Luis Rico”.
Les canté mis canciones, como ‘Los mineros’, etc., etc., unas seis u ocho canciones“¡Ah, qué lindo canta usted, hombre!”, me dijeron. Y les respondí: “Ése es mi trabajo”.
Entonces, me preguntaron, “¿Usted nos puede hacer una canción para mañana, que vamos a llegar a La Paz?”.
Delante de toda la gente no se puede decir no, pero una canción se hace por lo menos en cinco días. “Oigan –les dije– al verlos a ustedes y saber toda la información de la marcha que han hecho… de acuerdo, les hago una canción para mañana”.
Eran las cuatro de la tarde. Regresé a La Paz a toda velocidad. Recordando las caras de la gente, con mi guitarra me puse a trabajar, pero no me salía nada, no sabía cómo entrarle al asunto. Y de pronto, como alguna vez te ha debido ocurrir, escuchas una melodía y te persigue en tu cabeza todo el día. Eso me pasó a mí con esta canción “Coraje”, de Víctor Heredia. Pero yo no conocía ni la letra ni nada, sólo la había escuchado una vez y se me grabó. Entonces, empecé a escribir lo que había visto, palpado y olido en mi visita. Al día siguiente, en papelitos tamaño carta, divididos en cuatro, estábamos repartiendo (la letra) en la catedral, cuando los marchistas llegaban. Quien me ayudaba era don Antonio Paredes Candia, quien me dijo: “Qué linda canción, ¿la vas a cantar?”. Se la canté al oído un poquito y comentó: “Linda canción, repartiremos entonces, dame la mitad”. Le entregué la canción a Marcial Fabricano y él me agradeció.
De la iglesia salió Jesús Juárez, el arzobispo de El Alto, y dijo: “¡Quién es el que está repartiendo este panfleto!”. Entonces, le miré y le dije: “Yo padre, soy yo”.
“Aunque no tienes cara de cura –dijo Juárez– quiero que me acompañes a celebrar la misa”. Y dije: “¡Oh!, con todo gusto, pues”.
Entonces, entré y me presté una guitarra de los mismos marchistas y canté por primera vez esa canción, en 1990.
Terminó la misa, yo ya no tenía nada que hacer ahí y por un costado empecé a salir de la catedral. Radio Fides instaló parlantes para la gente que estaba en la plaza Murillo. Cuando fui el primero en salir, el público me aplaudía, dije muchas gracias y me fui.
Esa canción la he grabado en la empresa Discolandia. Hemos pagado los derechos de autor de la música de Víctor Heredia, le escribí una carta, respondió a la Sociedad Boliviana de Autores y Compositores de Música (Sobodaycom) preguntando si habíamos depositado por sus derechos… ¡Claro que sí! El disco está ahí y ha vuelto a tomar vigencia después de más de 20 años, describiendo exactamente lo que ocurriría.
¿Por qué crees que esa canción recobra vigencia después de 21 años, en la marcha en defensa del Tipnis?
Sobre todo nosotros, los de la izquierda, nos hemos acostumbrado a un discurso libresco y citadino. El hombre de izquierda, cuando más lee los libros que los de la derecha no leen, se siente más revolucionario. Pero eso lo hace vistiéndose de un modo raro y discutiendo en los cafés donde la gente va a discutir, al estilo europeo. En cambio yo he sido de otro tipo de izquierda: he cantado adentro de la mina; he hecho un “pijchu” del tamaño de una pelota de tenis; me he tomado los alcoholes más infames; he estado con las mujeres más sufridas de este planeta: las “palliris”, y he estado en el campo, saboreando lo poco que tenían. He hecho canciones tan sencillas que la gente entiende y devuelve en cariño. Por ejemplo, esta letra: “Las mujeres de las minas, que sólo eran amas de casa, por las conquistas sociales se han vuelto armas de casa”. Escribirles eso no es de un intelectual de izquierda, es de un cantor popular que canta en la vera del camino o al lado de una olla quemada a leña.
Mis canciones expresan cosas profundas y por eso vuelven a tomar vigencia en este tiempo. En tiempos pasados tenían vigencia en contra de una dictadura o de la democracia pactada y corrupta que vivimos entre 1982 y 2003. Ahora nos encontramos con un tiempo de cambio… Claro que todavía no nos hacemos convencer de que éste es un verdadero cambio y tampoco nos va a convencer un alumno de Fidel (Castro, ex presidente cubano) de que hay cambio aquí, por ser indígena solamente… El país hay que leerlo de otra manera.
¿Esto podría llamarse democracia? o estamos yendo rumbo a un sistema socialista, que en su momento ha funcionado en Cuba, en esa Cuba admirada, aplaudida y revolucionaria; pero éste ya es otro tiempo, ya es el siglo XXI.
¿Cuáles crees que son las fallas del gobierno de Evo Morales?
Creo que Evo Morales está rodeado de gente que no tiene la misma buena voluntad que él tiene con el país. Un hijo del neoliberalismo, así le des un mejor puesto que ministro, no va a cambiar, va a ser el mismo, y el envanecimiento del poder, son ingredientes que no se pueden sacar del caldo en el que hervimos todos los bolivianos. Hay elementos muy negativos para este proceso de cambio, que no es exclusividad del presidente Evo Morales ni del MAS; el pueblo ha venido sufriendo durante la historia.
¿Qué tendría que hacer el Presidente para cambiar el rumbo?
Volver a salir de Orinoca, hacer una regresión a su infancia y volver a caminar mucho más rápido, mucho más seguro y eso le va a servir para bajar de su satélite chino. Lo digo de un modo folklórico, poético. El  lenguaje de los políticos me revuelve el estómago, por eso lo digo así, de repente la gente se va a reír. Le pido al Presidente que baje de su satélite chino.
¿Cambiar el rumbo hacia qué metas?
Sería un buen logro que antes de las próximas elecciones él (Evo Morales) pueda hacer sentir al pueblo que es el Presidente de todos los bolivianos, porque ahora, por ejemplo, no es Presidente de los potosinos, no lo es de los cruceños ni de algunos grupos étnicos. Creo que por cultura, por dignidad, un Presidente tendría que ser Presidente de todos los bolivianos.
¿La influencia de Cuba, Venezuela y otros países le hace daño a la imagen del Presidente y de su gestión como gobernante?
Creo más bien que la presencia espiritual de Cuba, Venezuela, Ecuador, Nicaragua y Argentina, debería ponerla en un envase mucho más agradable de digerir, para que él pueda sacar beneficio de esas influencias. Sus asesores le hacen tomar la parte amarga de esas experiencias, de esas influencias, y él destila bilis y produce odio. En este instante no podemos los bolivianos negar que odia a los indígenas del Tipnis. Cuando uno escucha la radio oficialista, (se percibe) la bilis que destila Evo en contra de los indígenas que le hablaron claro, viniendo 65 días marchando… destila odio y eso no es bueno.
¿El tema de la intangibilidad del Tipnis, que prohíbe el aprovechamiento de los recursos naturales, se ha convertido en una trampa para los indígenas?
Es muy fácil de resolver. Es intangible para el capitalismo brutal que depreda y mata este planeta. Lo que hay que hacer es que los recursos naturales que hay en el Tipnis, desde caza, pesca, madera, etc., sean explotados bajo una gestión territorial basada en la autonomía indígena y la nueva Constitución Política del Estado y no pensar como un pinche dictador y decir: “¡Quiero esa carretera y eso se va a hacer!”. Eso le hicieron decir al presidente Evo Morales.

REFLEXIONES DE
UN JOVEN UNIVERSITARIO

Luis Rico nació el 15 de mayo de 1946, en la localidad potosina de Tupiza. Era el quinto hijo de la decena (seis varones y cuatro mujeres) que trajo al mundo el matrimonio de Jorge Rico, un artesano en zapatería, y Amalia Arancibia. Es padre de dos hijas y abuelo de cuatro nietos.
Su padre interpretaba la guitarra y su apego era tal que, cuando estaba soltero, se la llevó consigo a la Guerra del Chaco (1932-1936). Al regresar, con la guitarra en mano, Jorge se casó con Amalia.
Ya en sus años de juventud, Luis se trasladó a La Paz en 1965, pero después el destino lo llevó a Potosí. Estudió tres años en la carrera de Economía en la Universidad Tomás Frías. Fue cuando compró su primera guitarra.
Con sus compañeros universitarios y paisanos tupiceños buscaba la diversión en fiestas, en las que tocaba música con guitarras y zampoñas. Dice que así pudo acercarse a las clases sociales potosinas: trabajadores mineros, administradores de las minas y dueños de los yacimientos.
En la segunda mitad de los años 60, una serie de convulsiones sociales que se registraba en el mundo y la presencia del Che Guevara en Bolivia invitaban a los jóvenes a reflexionar.
La madrugada del 24 de junio de 1967, en una fiesta de cumpleaños –recuerda Rico– un niño salió del interior de la casa hacia el patio y les sugirió a los presentes escuchar la radio… algo estaba sucediendo. En la radioemisora se informaba de la muerte de mineros en la llamada masacre de San Juan, en el Gobierno del militar René Barrientos Ortuño.
Ese episodio –dice el cantautor– le hizo reflexionar acerca de esa realidad y empezó a cuestionar las razones por las cuales estudiaba en la universidad las grandes teorías económicas que sometían a los pueblos del mundo.
Después de un tiempo, ya en 1970, viajó a Sucre para representar a su universidad en un festival. Allí estaba Benjo Cruz, que le invitó a trasladarse a La Paz. El cantante argentino más tarde se incorporaría a la guerrilla de Teoponte.
“Mi anfitrión se había ido a la guerrilla y yo me quedé –comenta el artista– cantando en uno y otro lugar, y me pedían las canciones del ausente. Empecé a entender la realidad en la que estaba viviendo”.
Para participar en el festival de Sucre había compuesto su primera canción, titulada “La patria”. En la primera estrofa, afirma Rico, incluyó una autocrítica con el fin de tener, lo que él mismo llama, el derecho de hacer crítica social.
“La patria no está en las promesas que nunca cumplí, conciencia de hombres que nunca juraron verdad; la patria está en mineros, en niños que vagan por mundos ajenos…”, dice esa primera estrofa.

CANCIÓN DE PROTESTA,
CANCIÓN DE AMOR

Luis Rico dice haber recibido la influencia de grupos musicales en la segunda mitad de los años 60, como Los Beatles, que enviaban mensajes de paz y amor, mientras en Bolivia reinaba el desamor y el odio.
También irrumpían en la escena latinoamericana Atahuallpa Yupanqui, Violeta Parra y la música de la revolución mexicana. Otra ola llegaba de la mano de Carlos Santana, Joan Baez, Bob Dillan, Rolling Stones.
Rico se propuso no militar jamás en partido político alguno, pero sí acercarse a ellos con la esperanza de recuperar la democracia y buscar soluciones a los problemas del país. El deseo se hizo realidad en 1982, pero con el pasar de los años también llegó el desencanto.
La música que interpreta recibe distintos nombres: canción protesta, canción social, canción con contenido social… pero él la bautizó como canción de amor por el país y su gente.
El cantautor dice que su música tiene conceptos concretos. La canción “Los chiriguanos del sur” describe a hombres y mujeres de esa etnia que fueron sometidos a un sistema esclavista por terratenientes en la región del Chaco.
Otro tema titula “Bienvenido General”, que hace referencia a la sentencia judicial contra el ex dictador Luis García Meza y a la fiesta de la justicia.
“El vals de los corruptos” enumera casos de ex autoridades acusadas de haberse enriquecido con dinero del Estado.
A Luis Rico le agrada todo tipo de música, pero tiene sus reparos con la tuna española.

¿Qué otro tipo de música te gusta?
Todas, todas, excepto las tunas españolas. Me gusta la clásica, el jazz, hip hop, el reggaeton porque te están diciendo algo, en español por supuesto y en inglés también; en cambio, con el debido respeto, las tunas españolas parecen conjuntos musicales de alumnos reprobados de universidades. Me gusta de todo, inclusive aquello que te enseña lo que no debes hacer. Hay una canción, no conozco a su autor, que en su estribillo dice: “Voy a tomar veneno para olvidar”. Yo hago todo lo contrario a lo que dicen ese tipo de canciones, porque no encuentro la solución en el veneno para superar un problema de amor. Esa canción me ha enseñado a no hacer lo que ellos hacen. Yo apuesto a otro tipo de canciones.

¿Qué otras cosas haces al margen de la música?
Con mis nietos hago deporte mezclado, con los chicos hay que jugar, hay unas pelotas en el patio, hay que ir a los parques…  Y mi otra actividad es ser educador con los chicos con síndrome de Dawn, con ellos estamos grabando un segundo disco. Les he enseñado a componer sus propias canciones, y nos ayudan a entendernos a nosotros mismos. Trabajamos en base a una metodología que yo tengo con ellos.

Coraje,
de Luis Rico y
Víctor Heredia

Vengo desde la selva, el bosque chimán,
donde niño y serpiente tienen su hogar,
vengo desde la tierra que ya no está,
donde antes se vivía en libertad.

Vengo a decirles que allá siembran dolor,
el que depreda, mata y corta la flor,
el que mancha los ríos, el talador.

Coraje, coraje,
la unión hace la fuerza
y un corazón americano
crece a la luz del sol.

Les traigo en las palabras el corazón,
desde la amazonia yuracaré,
les traemos la esperanza, la fe y razón
que cargan en sus espaldas hombre y mujer.

La furia y la codicia del carayana
está sembrando envidia y desolación,
y eso es lo que me duele en el corazón.

Coraje, coraje…

Unidos los movima y los sirionó,
mojeños la esperanza, razón y fe
en contra del carayana depredador
luchando en el Isiboro y el Sécure.

Por eso el territorio y la dignidad,
nos venimos buscando al caminar
de los hermanos la solidaridad.

Coraje, coraje…

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