Crisis Pertinaz

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Model 2

Publicado en fecha enero 24, 2012

FMI baja las metas de crecimiento. Las economías avanzadas serán las más afectadas.
¿Soluciones? Repensar el modelo vigente.

El panorama de la economía mundial no es alentador, es más, con cada nuevo informe sobre las perspectivas de crecimiento global que revelan los organismos multilaterales los nubarrones se oscurecen todavía más. Los problemas de deuda que acechan a Europa, las dificultades de Estados Unidos para consolidar su crecimiento, el desempleo que no da tregua y la desconfianza en los mercados, son algunos de los componentes de este tóxico coctel.
El Fondo Monetario Internacional (FMI), por ejemplo, volvió a rebajar sus pronósticos de crecimiento y augura que este año el Producto Interno Bruto (PIB) mundial subirá un 4 por ciento, al igual que en 2012. Las economías avanzadas serán las más afectadas ya que, según el organismo, crecerán 1,6 por ciento en 2011 y 1,9 por ciento el próximo año, mientras que las economías emergentes lo harán en 6,4 y 6,1 por ciento en el mismo lapso.
La Unión Europea y Estados Unidos son las zonas más golpeadas por la crisis, sin embargo como explica Ian Vázquez, director del Centro para la Libertad Global y la Prosperidad del Instituto Cato en Washington, aunque existen diferencias entre sí también hay puntos de encuentro. “Ha habido un papel sobredimensionado de la intervención estatal en la economía, generalmente en términos de gasto público descontrolado, estímulos fiscales sin mayor efecto, política monetaria que conduce a burbujas, rescates a bancos y demás industrias y, dependiendo del país, regulaciones en el mercado laboral que incrementan la rigidez de ese sector y aumentan el desempleo”, afirma.
En una línea similar el profesor de la Facultad de la UNAM (México), Samuel Brugger, explica que “hay varias crisis y todas están interrelacionadas. Hay una supercrisis del sistema capitalista actual; otra climática que muestra que el sistema de producción debe modificarse radicalmente; está la crisis del comercio internacional en la que vemos que ya no se puede argumentar que el crecimiento de los emergentes sólo puede deberse a sus exportaciones; está la crisis de los energéticos y el fin del petróleo barato; está la crisis de los déficits públicos en los países del norte global, etcétera”.
En entrevista con el diario español El País, Piercarlo Padoan, economista jefe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), ratificó la difícil situación a la que se enfrenta el mundo. “Es una crisis muy grave. Algunos pensaban que había acabado en 2010, pero ahora estamos en una nueva fase todavía más complicada”, aseveró.
Christine Lagarde, Directora Gerente del FMI, durante la reunión anual de gobernadores del Banco Mundial y del FMI en septiembre también dio su visión panorámica de la crisis: “A los países de mercados emergentes y los países de bajo ingreso les está yendo mejor, y están cosechando los frutos de decisiones de política económica sensatas. Pero no nos engañemos: el Sur no es inmune a los pasos en falso que dé el Norte”.
El Norte está claro, como lo señaló Lagarde en el mismo discurso: “Nuestro objetivo debe ser un crecimiento inclusivo que cree puestos de trabajo. Pero hoy corremos el riesgo de perder la batalla por el crecimiento”, argumentó; sin embargo, la maraña en la que ha devenido la crisis complica también las recetas para salir de ellas.

LA FÓRMULA MÁGICA
No existe una única fórmula mágica pero sí propuestas para tratar de revertir la crisis. El catedrático Brugger, por ejemplo, ofrece dos alternativas. En primer lugar plantea que se debe repensar el modelo económico vigente. “Hay que tomarse el tiempo para reflexionar cómo reformar el capitalismo de forma integral, pensando en nuevas instituciones, la función del estado-nación, etcétera, tal y como se hizo durante la Segunda Guerra Mundial con la creación de Naciones Unidas y Bretton Woods”.
La segunda opción que pone sobre el tapete Brugger es más inmediata y desoladora. “Habría que solventar los problemas actuales y esperar que llegue la siguiente crisis. Esto es lo que hemos hecho desde 1987 hasta hoy: transitar de crisis en crisis. Supongo que se seguirá haciendo porque no veo de dónde surgirán grandes liderazgos políticos que puedan afrontar este desafío”, concluye.
Vázquez, del Instituto Cato, está convencido de que no hay una única salida debido a que la crisis presenta singularidades en cada país, no obstante afirma que resolver los problemas comunes que afectan a las economías más avanzadas “significa, no sólo cuadrar cuentas públicas, sino reducir el gasto público para así disminuir el peso de los gobiernos en el sector productivo. En Europa, incrementar la productividad y reducir el desempleo también requiere reformas laborales que flexibilicen ese sector”.
Lagarde cree que la responsabilidad de hacer frente a la crisis recae en las economías avanzadas y apunta varios frentes de acción. En el plano fiscal y monetario pide a los países la “consolidación fiscal como cuestión prioritaria”.
Las intervenciones de estos organismos incrementan la incertidumbre en el mercado, desalientan soluciones a los problemas de deuda soberana y promueven el riesgo moral. Sería mucho mejor que los inversionistas privados tomen las pérdidas que les corresponden por haber apoyado a gobiernos irresponsables, y así fomentar más disciplina en el sistema financiero y en los gobiernos, apunta.
La luz al final del túnel todavía no aparece, nadie sabe con certeza cuánto durará esta crisis ni cuáles serán sus efectos más nocivos. Lo que sí está claro es que no existe una pócima mágica para superarla, existen varias propuestas, falta ver cuáles son los que adoptan las autoridades económicas para revertir el ciclo y despejar los nubarrones que oscurecen el panorama.

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