Los invisibles

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Publicado en fecha enero 24, 2012

La expansión del cultivo de soja expulsa a los indígenas paraguayos a las plazas públicas.

Expulsados de sus tierras ancestrales por la expansión del cultivo de la soja, los indígenas de Paraguay emigran con sus demandas a la capital y malviven, casi ignorados, bajo carpas precarias en plazas públicas, pidiendo limosna o tratando de vender alguna de sus piezas de artesanía.
Apenas el dos por ciento de la población de este país de seis millones y medio de habitantes, los indígenas representan una veintena de tribus catalogadas por el Instituto Nacional del Indígena en cinco familias lingüísticas: guaraní, maskoy, mataco, zamuco y la guaicurú.
Las etnias aché, avá guaraní, guaraní ñandéva, guaraní occidental, mbyá y pai tavyterá componen la familia guaraní, cuya lengua habla aún la mayoría de la población de Paraguay, virtualmente bilingüe con el español.
La mayoría habitan en el Chaco, la árida región del noroeste paraguayo que representa casi la mitad del territorio nacional y apenas concentra población, y el resto en la región Oriental en departamentos como San Pedro, Concepción y Alto Paraná, cerca de la frontera con Brasil.
OBLIGADOS A ABANDONAR
SUS TIERRAS
Muchas veces tildados de holgazanes por la falta de conocimiento de sus tradiciones y cultura, miembros de las tribus del Chaco malviven a la vera de carreteras.
El acceso a alimentos, atención médica y al agua son los problemas más acuciantes de esas familias que, en muchos de los casos, dependen de los hacendados locales para acceder al agua de las lagunas y los tajamares, que en épocas de lluvia juntan agua para el ganado.
Para los indígenas del Chaco y de las comunidades orientales, la principal fuente de alimentos sigue siendo la caza de animales silvestres como armadillos, venados y cerdos salvajes.
Por la falta de servicios básicos y la depredación de la fauna y flora, los nativos se ven obligados a dejar sus tierras, varias de las cuales se encuentran hoy en manos de latifundistas.
A muchos les resta deambular por las calles asuncenas y pernoctar en plazas, sobreviviendo a su suerte.
Ese es el caso del centenar de miembros de una comunidad de Alto Paraná acampados en la céntrica Plaza Uruguaya de Asunción, que exigen al Gobierno la devolución de 736 hectáreas de tierras estatales que fueron vendidas a productores brasileños de soja, dijo a Efe uno de sus integrantes, Benjamín Vargas.
La soja es la principal fuente de divisas de Paraguay y uno de los motores del espectacular crecimiento de su economía, que en 2010 logró un histórico incremento del 15,3 por ciento del PIB.
Pero esa bonanza no ha mejorado las vidas de los ocupantes de la Plaza Uruguaya, cuya presencia inquieta a la ciudadanía asuncena mientras se cumple el anuncio oficial de expulsión de los indígenas y vallado de la plaza para evitar que regresen.
Niños de pocos años y madres con bebés en brazos pululan por los semáforos de los alrededores, intentando vender figurillas de animales tallados en madera, pidiendo unas monedas por vigilar los autos estacionados en la zona, repleta de comercios, o simplemente mendigando dinero o alimentos.
El Instituto Nacional del Indígena procede periódicamente al traslado de estos “ocupantes” de las plazas asuncenas a sus comunidades de origen, pero pocos meses después vuelven a la capital ante el incumplimiento de los compromisos de asistencia.

REPROCHE DE ORGANISMOS INTERNACIONALES
La comisionada adjunta de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Kyung-wha Kang, denunció durante una visita a Paraguay en octubre del 2011 los “desalojos forzosos” de los pueblos indígenas de este país por el cultivo extensivo de la soja.
“Aliento al Gobierno a incrementar sus esfuerzos para asegurar que los derechos de los pueblos indígenas sean respetados, que su participación en los procesos de toma de decisión sea garantizada y que sus derechos a una consulta previa sean ejercidos”, exhortó la representante de la ONU.
Otros organismos han elevado su voz a favor de los indios de Paraguay: en agosto de 2005, la Corte Interamericana de Derechos Humanos ordenó al Estado paraguayo reintegrar a los miembros de la tribu “yakye axa” a sus tierras ancestrales: 14.000 hectáreas en poder de empresas agrícolas o propietarios particulares.
En otro fallo, a mediados de 2006, la misma Corte dio al Estado un plazo de tres años para restituir un asentamiento de 18.000 hectáreas para la comunidad chaqueña “sawhoyamaxa”. Pero los veredictos siguen en proceso de ser cumplidos.
La ONG Survival International, dedicada a la protección de pueblos indígenas, ha denunciado en reiteradas ocasiones que los terratenientes “brasiguayos” están arrasando “a un ritmo devastador” una reserva habitada por el pueblo ayoreo-totobiegosode, los únicos indios de fuera de la Amazonia que viven en aislamiento voluntario, sin contacto con la civilización del exterior.

PROMESAS DE AYUDA
El presidente paraguayo, Fernando Lugo, se había comprometido tras su llegada a la Presidencia, el 15 de agosto de 2008, a asistir a las comunidades indígenas, sacarlos de las calles y devolverles sus tierras ancestrales.
El pasado 3 de noviembre, el Gobierno anunció que prevé adquirir 8.000 hectáreas de tierras en el departamento de San Pedro (centro) para familias de la etnia “aché”, varias de las cuales permanecen acampadas en la Plaza Uruguaya.
Y pocos días después, las autoridades enviaron 40 toneladas de alimentos para 814 familias indígenas del departamento de Presidente Hayes, en el Chaco.
Gerónimo Ayala Benítez, de 31 años y miembro de la comunidad “mbyá guaraní” de San Cosme y Damián, en el departamento de Itapúa (sur), es un claro ejemplo de que no todo está perdido para el sufrido pueblo indígena.
Ayala Benítez se convirtió el 19 de agosto pasado en el primer indígena paraguayo en recibir el título de arquitecto tras presentar su tesis, sobre “La vivienda para los guaraníes”, en la Universidad Católica de la ciudad de Encarnación, capital del departamento de Itapúa.
El flamante arquitecto, penúltimo de nueve hermanos, prometió tras recibir el diploma que volcará todo su conocimiento en beneficio de su pueblo.

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