La alcaldía cruceña en el diván

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Publicado en fecha abril 17, 2012

Es necesaria y urgente una renovación de caras e ideas.

La bombástica y esquizofrénica situación por la que atraviesa la alcaldía cruceña no es obra del azar, no se trata de niños jugando por primera vez al rompecabezas. Lo que estamos presenciando es una reconfiguración de alianzas que obedece a una nueva lógica de los actores basada estrictamente en el pragmatismo.
Las diferencias ideológicas quedaron archivadas  con la victoria del 64% obtenida por el MAS en diciembre de 2009; ahí terminó el proceso de polarización política y social que caracterizó la segunda mitad de la década anterior. Ahora, en la segunda gestión del presidente Morales, la realpolitik está in y eso es válido para todos los actores, incluido el partido de gobierno.

Los traumas
El actual conflicto en la Alcaldía de la capital cruceña, en lo aparente, tiene antecedentes directos en una pugna interna entre los poderes Ejecutivo y Legislativo del municipio a raíz de la solicitud de aprobación de mayores recursos para la Dirección de Parques y Jardines, a mediados del año pasado. Ante la negativa del órgano deliberativo de proceder con este incremento, el alcalde Percy Fernández reaccionó despidiendo a seis asesores del Concejo Municipal a principios de octubre.
Esto no cayó bien en el órgano deliberativo y como respuesta se propuso una Ley de Adecuación Municipal, cuyo fondo era establecer la separación y descentralización de poderes en la administración del ente municipal cruceño. La formalización de la norma propuesta exacerbó los ánimos entre el Legislativo y el Ejecutivo de la capital. Esto incluso dio lugar a que la presidenta del Concejo Municipal, Desirée Bravo, fuera derivada a la Comisión de Ética por no agilizar la cuestión en una bochornosa sesión del 28 de noviembre del año pasado. La guerra estaba declarada.
Lo manifiesto
Ya en 2012, el 6 de febrero, los concejales le hacen llegar una comunicación al Ejecutivo indicando la necesidad de presentar los estados financieros de la comuna, dado que el plazo fijado por el Ministerio de Hacienda fenecía a fin de mes. Carnaval y los días pasaron, finalmente, el 18, los reportes contables llegan al Concejo Municipal. Formalmente el deliberativo cuenta con quince días para su tratamiento. Aparecen observaciones a los informes presentados y, dado el retraso, tampoco existe el tiempo necesario para su adecuado tratamiento. Ante esto, el Ejecutivo opta por la presión mediática para lograr su aprobación. El chantaje a los concejales es planteado con claridad: o pasan los estados financieros o nos congelan las cuentas y la responsabilidad recaerá en el órgano deliberativo.
En un acto que no puede entenderse sino como uno de ingenuidad política, los concejales rebeldes –que en este mundo kriptónico y bizarro resultan ser formalmente los del oficialismo-, no dejan en claro la situación y tampoco dan luz verde a los informes. El resultado es que se “congelan las cuentas” de la Alcaldía cruceña; y así, entre comillas, porque esto pudo evitarse a todas luces si el Ejecutivo hubiera procedido con la debida diligencia. En sí, lo sucedido es la aplicación en lo local de la doctrina del shock descrita por Naomi Klein: se generó una crisis para desestabilizar el orden, derrotar la capacidad de resistencia e imponer una agenda. Para decirlo en términos prosaicos: se alborotaron las aguas y en río revuelto hubo ganancia de los pescadores.

Lo que subyace
Pero dos cosas quedan en evidencia que van más allá de los hechos: la primera es la verificación total del carácter autoritario y discrecional con que se maneja el alcalde Percy Fernández en la administración de la capital cruceña; la segunda es la configuración de una nueva alianza en la que se asienta la gobernabilidad política de la comuna cruceña.
Sobre lo primero, para muestra un botón: cualquier autoridad, en cualquier parte del mundo, ya estaría con un pie fuera de su sillón de proceder con el abuso y la soberbia con la que el alcalde cruceño en más de una ocasión se ensañó con periodistas cuyo único atrevimiento fue preguntar. Sucede que Percy Fernández es uno de los últimos ejemplares de una raza en extinción en el oriente boliviano: el taita, el gran patricio del rancho. Para este personaje, todos los demás son la cambada; que no sólo debe aceptarle sus divinos procederes sino que además debe celebrarlos como si se tratase de los actos de un iluminado que está más allá del bien y del mal. Por ejemplo, en más de una ocasión se registraron imágenes de Percy Fernández en conductas absolutamente inapropiadas, acosando a mujeres que son sus colegas de trabajo. Estos actos, lejos de merecer la censura social, fueron ofensas reducidas a anécdotas. A tal punto llega el carácter de taita que ejerce el alcalde, que en esto contó además con la sonrisa cómplice de sus víctimas y el entorno de las mismas. En este canchón grande que Santa Cruz de la Sierra es para Percy Fernández, él puede darse el lujo de hacer lo que le dé la gana y quien se atreva a querer ponerle brida no tiene lugar bajo estos cielos. Eso es lo que muestra de fondo la conducta del burgomaestre en las actuales circunstancias.
Acerca del segundo punto, ¿por qué un político viejo como Percy Fernández se expone a enfrentar a sus propios concejales y quedarse, aparentemente, sin respaldo en el Legislativo como para asegurar su capacidad de gobierno? Pues no lo hace. Todo indica que se siente lo suficientemente seguro con sus nuevos aliados como para prescindir de la cercanía de sus allegados partidarios naturales. Se colige que el alcalde tiene razones que justifican esta confianza.
Al presente, las acciones legales entre los concejales rebeldes y el alcalde continúan. Ambos bandos han presentado sus respectivas demandas ante la justicia. En este escenario, es muy difícil articular una reconciliación sincera entre las partes. En la medida en que esto es así, la nueva alianza tiende a fortalecerse.
Pero vamos un paso más allá. Lo acontecido con la Alcaldía cruceña, la gobernación del Beni y varios otros municipios del oriente tiene un factor en común: el control de estos espacios está siendo ejercido por fuerzas del MNR en alianza con el MAS. Si ésta es la lógica, lo que estamos viendo, además, en la Alcaldía cruceña es la rearticulación del movimientismo a partir de alianzas coyunturales con el partido de gobierno. No es de extrañarse que Freddy Teodovich sea en la actualidad uno de los principales asesores de Percy Fernández; quien, dicho sea de paso, nunca marcó distancias con el MNR.

Lo real
Los retos que encara la capital cruceña son enormes. En una década la ciudad ha duplicado su población, pasando de tener 1.114.095 en 2001 a más de 2.2 millones de habitantes en 2011 y se espera que para 2020 la misma bordee los cuatro millones. Las respuestas que necesita la ciudad van más allá del pavimento e implican inversión en el capital social con el que cuenta la que en poco en tiempo será la principal urbe de Bolivia. Existen demasiadas tareas pendientes que le competen al gobierno de la ciudad y que no están siendo asumidos.
Temas de la mayor importancia, tales como seguridad ciudadana, salud, educación, planificación del crecimiento poblacional y espacial, saneamiento de la propiedad y muchos otros más, están siendo totalmente descuidados. No existe, en ninguno de los niveles estatales, la decisión política de asumir como propios estos desafíos. Hasta aquí el tema de la Alcaldía.

Santa Cruz
en el diván
A partir de lo anterior, bien cabe ver qué más está pasando en Santa Cruz con los espacios de representación democrática. El panorama aparece complicado, en el mejor de los casos, sino directamente desolador.
La realidad en la Asamblea Legislativa Departamental es triste. Lo avanzado en lo que va de la última gestión es poco o nada. De acuerdo a Javier Limpias, asambleísta cruceño, “lo único que estamos haciendo es aprobar resoluciones en términos de aprobación de contratos del Ejecutivo departamental, de modificaciones de presupuesto y un listado de leyes que hasta el momento son siete; ninguna de las cuales es de fondo”. Con esto, la situación de la autonomía departamental queda en declaración lírica. La forma de administrar la Gobernación cruceña tampoco dista mucho de lo que se ve en la alcaldía capitalina.
La Brigada Parlamentaria Cruceña tampoco muestra un desempeño apreciable. La situación al interior de Convergencia Nacional está muy deteriorada, con diversidad de agendas e intereses que no permiten un accionar en común. Los representantes del MAS tampoco dan señales de liderazgo ni de plantear un rumbo para el departamento. Nadie sabe, a ciencia cierta, qué se hizo ni cuál ha sido el aporte de la brigada parlamentaria cruceña en el último año.
El Comité Pro Santa Cruz está en crisis. La aproximación que se ha dado en términos económicos entre el empresariado y el gobierno nacional terminó de vaciar la representación tradicional que ostentaba el ente. Previamente, las logias ya habían marcado distancias a partir de las implicancias del caso Rózsa. Los actores políticos tampoco ven al Comité como una instancia que les resulte conveniente. Quedan cada vez más lejanas, recuerdos en una foto que va matizándose de sepia, las jornadas que remataron en el cabildo del millón.
Así las cosas, los desafíos políticos que enfrenta Santa Cruz en las siguientes elecciones nacionales y subnacionales son mayúsculos. Todo indica que es necesaria y urgente una renovación de caras e ideas. Ya no es posible seguir pensando este departamento a partir de la narrativa tradicional, costumbrista y nostálgica. El mayor de los retos es abrir nuevamente los ojos, releer la realidad actual y entender la nueva Santa Cruz, que es síntesis de lo boliviano, lo regional y lo global. La construcción ideológica de la Santa Cruz del Siglo XXI todavía es un lienzo demasiado, pavorosamente, blanquecino y virgen.

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