Condenado

Publicado en Política

Tagged:

Publi 6

Publicado en fecha mayo 31, 2012

El granjero japonés fue condenado a morir en la horca en 1969 y desde entonces espera ser ejecutado sin previo aviso.

El granjero japonés Masaru Okunishi, de 85 años, pasó más de la mitad de su vida en prisión, esperando ser ejecutado en la horca sin previo aviso, por el asesinato de cinco mujeres. El octogenario, quien niega haber cometido los crímenes, aguarda una decisión judicial que podría ordenar la apertura de un nuevo juicio en el que demostraría su inocencia.
La suerte del nipón fue sellada una tarde de finales de marzo de 1961 en el poblado de Kuzuo, en el centro de Japón. El escenario era el centro comunitario local donde se celebraba una reunión vecinal. Entre los asistentes estaban la esposa de Okunishi y una supuesta amante de él.
Y la noche oscureció la vida del granjero. Los hombres bebían sake (bebida alcohólica elaborada con arroz fermentado) y las mujeres se servían vino que precisamente Masaru había llevado a la cita comunitaria.
Mientras brindaban, su esposa, su supuesta amante y otras tres mujeres empezaron a sentirse mal. El auxilio médico fue inútil y las cinco damas perecieron; otras 12 quedaron muy enfermas.
Al día siguiente, Okunishi fue detenido. La organización humanitaria Amnistía Internacional asegura que el granjero fue interrogado durante cinco días, sin la presencia de un abogado, hasta que una mañana la Policía “le extrajo por la fuerza una confesión”. El calendario marcaba: 3 de abril de 1961.
El vino contenía productos químicos utilizados en agricultura, pero no se pudo probar que Okunishi tuvo algo que ver con la preparación de la mezcla mortal de la bebida.

ENREDOS JUDICIALES
Tres años después, el Tribunal de Distrito de Tsu absolvió al granjero por falta de pruebas. Además, el acusado se retractó de su inicial confesión, de la que dijo le fue arrancada bajo coacción. Pero, la Fiscalía apeló esa sentencia y el caso pasó al Tribunal Superior de Nagoya que, en 1969, lo condenó a muerte. La decisión fue ratificada por el Tribunal Supremo en 1972.
Amnistía Internacional informó en marzo pasado que Masaru Okunishi está preso en un centro de detención de la ciudad de Nagoya, bajo régimen de aislamiento.
Hace 17 años, la abogada Kazuko Ito decidió hacerse cargo del caso y demostrar la inocencia de su representado.
Los tribunales rechazaron seis peticiones de un nuevo juicio. En 2005, el Tribunal de Nagoya decidió reabrir el proceso, pero la Fiscalía le puso otro candado a esa resolución.
Posteriormente, según Amnistía Internacional, el Tribunal Supremo devolvió el caso a los magistrados de Nagoya, que en octubre de 2011 ordenaron que se analizaran las pruebas químicas. Esto –de acuerdo con la abogada Ito– alimenta las esperanzas de Okunishi para ir a un nuevo juicio, con grandes probabilidades de ser absuelto de los cargos.

DURAS CONDICIONES
Kazuko Ito está convencida de que el caso de Masaru es característico de gente inocente aprisionada en un sistema judicial defectuoso.
Según la abogada, su defendido permaneció bajo custodia durante 49 horas, sin dormir ni descansar, y la confesión que le sacaron bajo presión es la única prueba que hay en su contra.
Amnistía Internacional sostiene que al parecer varios condenados a muerte fueron obligados a confesar un crimen.  No obstante, sólo cuatro de ellos quedaron en libertad después de un nuevo juicio.
Los sentenciados a la horca no saben con anticipación cuándo van a ser ejecutados y sus familias son informadas después de consumado el hecho.
En un reporte de Amnistía Internacional, de junio de 2010, se afirma que las condiciones de reclusión en los corredores de la muerte son bastante duras, el régimen de aislamiento es tan estricto que apenas hay contacto con el exterior. Esa situación suele alimentar la ansiedad y la angustia de los reclusos, y en muchos casos provoca enfermedades mentales.
Ése no es el caso de Okunishi, según su abogada, porque él es un hombre fuerte y está empecinado en demostrar su inocencia, razones que lo motivan a seguir con vida. Recibe la visita de su hermana menor, pero no de sus hijos, que apenas tuvieron oportunidad de verlo en prisión.

CONDENA A LA PENA DE MUERTE
Japón no ejecutaba a reclusos condenados a muerte desde julio de 2010. La racha fue cortada el 29 de marzo de 2012.
Ese día fueron ejecutados tres convictos: Yasuaki Uwabe (48 años) por haber matado a cinco personas y herido a otras 10 después de incrustar su vehículo intencionalmente en un centro comercial, en 1999; Tomoyuki Furusawa (46) por el asesinato, en 2002, de su hijo y los padres de su ex esposa, de la que se estaba divorciando; y Tasutoshi Matsuda (44) por haber matado a dos antiguas novias, en 2001.
Japón y Estados Unidos son los únicos países industrializados y democráticos que aún aplican la pena de muerte, recordó en esa fecha el diario El Mundo de España.
Las encuestas señalan que el 85 por ciento de la población japonesa apoya la pena capital. Los índices crecieron sobre todo después del atentado terrorista perpetrado en el metro de Tokio, el 20 de marzo de 1995, por  Shoko Asahara, líder de la secta “Verdad Suprema”, que utilizó gas sarín en el ataque que dejó un saldo de 12 muertos y centenares de heridos. Asahara también aguarda su día en el corredor de la muerte.

Comparte este articulo

No Comments

Comments for Condenado are now closed.