Reto a la muerte

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Publicado en fecha mayo 31, 2012

Un camino estrecho y precipicios ponen el suspenso al viaje que se inicia en La Cumbre y llega a Yolosa, en el ingreso a Nor Yungas de La Paz. El poblado beniano de Rurrenabaque es la meta final.

Seis camioneros norteamericanos siguieron las huellas de las bicicletas de montaña y cruzaron la “carretera de la muerte”, nombre con el que el turismo de aventura bautizó al antiguo camino que une La Cumbre con el poblado de Yolosa, en el ingreso a la región norte de los Yungas de La Paz.
Es un show montado por la televisora internacional History Channel, en una nueva entrega de su producción “Rutas mortales”, que muestra la destreza de conductores de vehículos pesados de 10 ruedas, en las vías más peligrosas del mundo.
Hugh Rowland, Rick Yemm, Lisa Kelly, Dave Redmond, Tino Rodríguez y Tim Zickuhr aceptaron el desafío que fue filmado en abril del 2011 y difundido 11 meses después en la televisión por cable.
Los protagonistas formaron parejas y se embarcaron en tres camiones en los que transportaron material que se utilizaría en obras de ayuda a la localidad beniana de Rurrenabaque, azotada por inundaciones.

BAJADA VERTIGINOSA
La ruta La Cumbre-Yolosa, de 67 kilómetros, es transitada con frecuencia por ciclistas bolivianos y extranjeros a los que les gusta el peligro. Las agencias de turismo ofrecen paquetes completos: alquiler de bicicletas acondicionadas para el duro trajín, refrigerio, implementos y ropa adecuada. El recorrido se lo hace en un tiempo de tres a cinco horas.
La travesía comienza a 4.500 metros sobre el nivel del mar (m.s.n.m.), en La Cumbre, una zona rodeada de neblina y montañas nevadas. Delante de una estatua de Cristo con los brazos abiertos, los viajeros suelen orar para llegar a salvo a sus destinos.
Hasta la localidad de Cotapata, no hay mucho peligro, la vía es asfaltada. Luego viene un pequeño tramo de tierra hasta llegar a Chuspipata y allí comienza la aventura en la “carretera de la muerte”, hoy cerrada al transporte fluido de carga y pasajeros.
La vía que conecta con Yolosa (1.200 m.s.n.m.) apenas es transitada por vehículos que hacen servicio a los pobladores de comunidades campesinas que viven en proximidades del camino y también van por allí los vehículos livianos que acompañan a los turistas.
En la actualidad, quienes desean viajar a Coroico, Caranavi y otros poblados pueden hacerlo por la carretera asfaltada Cotapata-Santa Bárbara, que entró en servicio a principios de la pasada década.
El antiguo camino de tierra fue abierto en los años 30 del pasado siglo por prisioneros paraguayos que cayeron en manos bolivianas durante la Guerra de Chaco. La vía, acompañada por precipicios que parecen interminables, se abre paso en las paredes verticales de las montañas.
El camino tiene entre 2,50 y 2,70 metros de ancho. Es prácticamente imposible circular en doble dirección, las lluvias y las caídas naturales de agua empeoran las condiciones de tránsito en la ruta resbaladiza y húmeda.
La agencia noticiosa francesa AFP rememoró que el 27 de junio de 2002 se produjo uno de los accidentes más trágicos en la localidad de Challa, con un saldo de 44 muertos, cuando un autobús que retrocedía para dar paso a otro vehículo, cayó al barranco.

SUSPENSO AL MÁXIMO
El narrador del programa “Rutas mortales” añade dramatismo. Dice que en los pasos altos, en las selvas remotas y en los abrazadores desiertos de Sudamérica sólo hay dos tipos de camioneros: los buenos y los muertos.
Las cámaras filmadoras están estratégicamente colocadas en las cabinas y carrocerías de los camiones. Durante la emisión del programa se observan imágenes de profundos precipicios y el delgado camino que se esconde en la neblina, curvas cerradas, acercamientos hacia las rocas, llantas que se acercan al abismo… todo ello ambientado con música de suspenso y diálogos entre los protagonistas.
Hugh y Rick son los camioneros más experimentados. Llevan postes de concreto que pesan 18 mil kilos. En las imágenes se los ve confiados, se autodescriben agresivos y rápidos; aunque reconocen que no son mejores que los conductores locales más familiarizados con esa ruta.
Dentro de la misma cabina, comentan que la temporada de lluvias erosionó el borde del camino. De pronto, su vehículo choca contra las rocas próximas a la cuneta y se rompe el espejo retrovisor derecho. Ríen, bromean… durante toda su participación mantienen un libreto de tipos rudos y temerarios.
Luego llegan a una curva cerrada que el narrador denomina “La Pisca” y la describe como una saliente del camino esculpida en la montaña, y dice que un antiguo régimen ejecutaba prisioneros lanzándolos al precipicio desde ese lugar.
El vehículo conducido por Hugh, de cabina negra y carrocería roja, hace caer algunas piedras al abismo. Su compañero recuerda que Lisa y Dave atravesaron los caminos de la cordillera asiática del Himalaya, pero la ruta hacia Yungas parece ser un poco más difícil.

MIEDO A BORDO
Unos 24 kilómetros atrás, están Lisa y Dave. Trasladan 18 mil kilos de cemento en bolsas. Conducen con cautela. Ella comenta: “Dios mío, ¿éste es el camino?”. Luego añade: “No sé dónde está el borde (…) una de las razones por las que estoy aquí es que me da miedo y enfrento lo que me asusta, por eso vine”. Esas frases son acompañadas de imágenes de una carretera angosta, húmeda y cubierta de neblina.
Dave agrega más tensión. “Da miedo hacerlo bajo estas circunstancias –dice–  muy poca gente ha venido a hacerlo”. Nuevamente se ven imágenes del precipicio con neblina.
Lisa confiesa su miedo y conduce lentamente. Luego se detiene al ver lo angosto del camino. Dave calcula que el abismo tiene unos 300 metros de profundidad. Cambia de puesto con Lisa y toma el volante del vehículo de cabina celeste y carrocería azul.
Tino y Tim son los menos experimentados. Trasladan una carga de mallas metálicas. Se autodescriben como camioneros intensos y agresivos, pero conducen con cuidado. Tim se confiesa emocionado y no sabe si se va a desmayar del susto o quizás se orine en los pantalones. Tino dice que aceptó el trabajo para probarles a sus hijos que con determinación se alcanzan las metas que uno se propone.

CRUCES EN LA RUTA
Lisa dice que la ruta es peor de lo que pensaba, incluso más que los caminos de la India. Le gusta tener el control y no le agrada el papel de copiloto. Dave le sugiere mantener las manos dentro de la cabina.
Pasan por un lugar donde están clavadas algunas cruces, como señal de que allí hubo accidentes fatales. En una curva cerrada hacen rodar piedras.
El narrador advierte que en ese lugar el borde del camino es erosionado por el paso de cada camión y asegura que sólo es “cuestión de tiempo para que el precipicio ceda”. Inmediatamente después se observa la imagen de un camión también de colores celeste y azul que cae al barranco.
Nadie explica detalles de ese suceso. Sólo se ve por unos segundos que las llantas traseras patinan sobre unas piedras sueltas, el vehículo se desliza, cae dando vueltas de costado y echa su carga. Mientras se ve la caída, un fugaz incendio aparece en la parte baja de la cabina y así termina la escena.
En la siguiente, reaparecen Lisa y Dave, sanos y salvos; no era su camión el que cayó al abismo. Dave  conduce, describe lo que ve,  y comenta: “Si te sales del camino estás acabado; nadie sabrá que estás ahí (al fondo del abismo)”. De pronto, el vehículo roza contra las rocas y ambos conductores ríen nerviosos.

OFRENDAS Y BROMAS
Los novatos llegan a La Cumbre. Frente al Cristo, Tino deja una ofrenda: un rosario que le regaló  su madre, en cambio Tim parece no tomar las cosas en serio: dice que no dejaría su bebida energizante y luego añade que ve una luz blanca. Luego se arrepentiría de sus comentarios.
Los experimentados Hugh y Rick se divierten. Pasan por unas caídas de agua y toman fotos. De pronto, chocan el portaequipajes contra las rocas.
Reaparece el narrador y dice que se calcula que al año mueren 300 personas en los barrancos de unos 600 metros de profundidad.  Y finalmente los novatos llegan al camino de tierra y Tim comenta que con razón nadie transita por esos rumbos. De pronto se apaga el motor de su vehículo de cabina naranja y carrocería verde…
En tanto, la noche ya abraza a Lisa y Dave. Ella dice que el panorama es aterrador porque no se ve el borde del camino.
Más atrás, Tino y Tim reaparecen conduciendo también a ciegas. Tim se baja del camión para guiar a su compañero en el intento de pasar por una curva, con movimientos lentos. La música de fondo cumple su función: crea suspenso.

ÉXITO Y FRACASO
Hugh y Rick llegan a orillas del río Beni. Cruzan los 800 metros de agua a bordo de una precaria barcaza, que ellos burlonamente llaman balsa. Ya están en Rurrenabaque, en territorio del departamento del Beni.
A kilómetros de distancia están Lisa y Dave, preguntándose si querrían o no continuar. Al final deciden desertar y dejar su camión en Caranavi. Ella dice que no confía en esa ruta y que no volverá a subirse al vehículo.
Los novatos Tim y Tino encuentran el vehículo abandonado y lo llevan con ellos hasta su destino. Llegan al río y suben los camiones a las barcazas con esfuerzo y llegan a Rurrenabaque. Tim dice que la experiencia fue aterradora, pero pudo probarse a sí mismo que es capaz de conducir como los mejores choferes de Bolivia. Su compañero cree haberse ganado el respeto por haber atravesado ese camino a bordo de un camión.
En una vagoneta, Lisa va a echar un vistazo al camino que la doblegó; reconoce que no quiere renunciar, sino terminar su trabajo. Dave dice que prefiere tomarse unos días para pensarlo… Ella está consciente del peligro, pero también pretende intentarlo de nuevo.
El programa termina con la imagen de una piedra que rueda hacia el camino, en parte anegado por el agua que se desliza desde lo alto.

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