“Si hasta el amor es ciego”

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Publicado en fecha junio 08, 2012

Un disparo fortuito le bajó el interruptor de la luz a Carlos Rocha Crespo. “Pero sólo perdí la vista”, señala. La historia de un hombre que aprendió que la vida es mucho más que un par de ojos.

“Disculpa por el retraso, es que estaba buscando mis ojos”, dice entre risas. Carlos Rocha Crespo es así, se mofa de su ceguera… Y hasta la convirtió en ventaja: En la ciudad de Sucre, es un conocido locutor de radio, el medio de comunicación que prescinde de los ojos. Pero no sólo habla al micrófono, es también un maestro en la edición digital de audio.
Claro, no siempre fue así. El día en que se le “borró la película” -como suele decir- sintió que el mundo se le vino encima: “Una de las enfermeras, Martha, me dice: ‘Mira, querido, tienes que ser valiente, tú ya no vas a poder volver a ver. Vas a quedar ciego’”.
No, no es la película la que se te borra, es el interruptor de la luz el que se te baja para siempre. Ni la noche más lóbrega sirve de comparación. Desespera saber que nunca más podrás distinguir siquiera una sombra… “Sí, ya no puedo ver, pero puedo tocar”, se solaza.
Era un muchacho normal hasta que sintió aquel disparo. Había terminado el colegio en su natal Huanuni, Oruro, y lleno de ilusiones se había enlistado en el servicio militar. Fue él quien pidió ser destinado al Rangers, de Montero, en Santa Cruz.
La mañana de aquel 16 de julio de 1981 había transcurrido de forma normal. Después del rancho se dirigió al dormitorio, donde -junto a sus camaradas- hasta preparó un refresco. El calor era infernal…
Pero detonó aquel disparo. “Eran las 14:20 o creo que las 14:25”. ¿Qué importa? Minutos más o minutos menos, en menos de un segundo salió aquella descarga que le iba a cambiar la vida. Uno de los soldados activó sin querer el FAL 7,62. El proyectil tronó y él sintió el violento golpe en su rostro. “Felizmente fui la única víctima, éramos varios…”, se consuela.
Aún sin comprender bien lo que ocurría fue trasladado a una posta cercana al cuartel y de ahí a un hospital de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra. Sólo sentía cómo la sangre se desbordaba por dentro y por fuera de su cuerpo. “Y entre sueños, entre conciencia e inconsciencia, me acuerdo que me quitaron la ropa en el quirófano en Santa Cruz, imagínate la distancia, había una gran pérdida de sangre”.
El inventario de daños no pudo ser más lamentable, aunque él insiste que pudo ser peor: El ojo derecho estaba completamente destrozado, al igual que los huesos de la nariz. La esperanza de mantener la vista pendía de lo que quedaba del ojo izquierdo. Una esquirla del proyectil le había alcanzado y la mácula -la parte de la retina que hace que veamos el mundo a colores- estaba gravemente dañada.

LA ÚLTIMA FOTOGRAFÍA
Luego de controlar la hemorragia fue devuelto a las alturas, fue internado en el Hospital Militar de La Paz. Ahí iban a intentar rescatar lo poco de visión que aún le quedaba. La primera intervención se realizó con éxito, recuerda que desde la ventana de su pieza en el Instituto Oftalmológico podía ver hasta la Ceja de El Alto. Pero esa fue la última fotografía que captó su malograda retina…
Nunca Carlos Rocha tuvo una peor Navidad que la de aquel año. Mientras toda La Paz se abrazaba, recibía regalos y encendía los foquitos para alegrar la fecha, él sufría el desprendimiento definitivo de la retina de su ojo izquierdo. Se hizo la noche en pleno día y esta vez para no amanecer nunca más: “Ha habido un rechazo al principio, una depresión profunda, pero no ha sido larga, sino momentánea”.
“Serenidad y paciencia mi querido amigo Solín”. Hasta la filosofía radiofónica de Kalimán –la radionovela mexicana que, en la época, difundía Radio Nueva América- ayudó en esos difíciles momentos: “Él decía que la mente lo puede todo, lo controla todo”. Las personas que han perdido la vista dicen que ese primer momento es el más difícil de superar. Es que no hay peor dolor que saber que nunca más podrás ver la luz del día, el rostro de la persona amada, tu propio rostro… “Ha sido una impresión bastante fuerte, shockeante”.

VOLVER A NACER
“Hay que volver a nacer”, resume hoy Carlos, pero puede costar una vida llegar a esa conclusión. La persona que ha perdido la vista tiene una memoria visual, su cerebro tiene registradas las imágenes y cuesta moverse sin volver a ellas. Pero él entendió relativamente rápido que había que apagar la luz y ponerse manos a la obra: Comenzó el proceso de reemplazo de los ojos por sus sentidos del tacto y el oído en su misma pieza de hospital. “Tenía que aprender a moverme, a agarrar los cubiertos, a conocer la envergadura de la cama, de la cama al suelo, la distancia al baño. Ver… había quedado atrás”.
Un sacerdote católico le regaló un manual para aprender la lectura y escritura Braile, pero no podía quedarse junto a él para enseñarle. “Muchos no me creen, pero yo aprendí el Braile por teléfono”, sonríe. El religioso le llamaba a diario para absolver sus dudas sobre la nueva herramienta.
En poco tiempo, sus pies, manos y oídos conocían de memoria el nosocomio en el que estaba internado. Faltaba vencer la prueba definitiva: moverse afuera. Decidió pasar las próximas navidades con su familia, en el centro minero de Huanuni. Pidió que lo lleven hasta la terminal de buses y volvió al lugar del que salió, consciente de que ya no podría verlo, pero sí tocarlo, oírlo, olerlo, sentirlo…
Sus padres le tenían listo el rincón de la casa en el que -en criterio de ellos- debía pasar el resto de sus días. Se extrañaron cuando, en lugar de recluirse, decidió salir a reconocer a los amigos que dejó en el lugar: “Hubo alegría, también llanto, les expliqué que el perder la vista no me quitaba las habilidades que siempre tenía, hasta nos tomamos unos tragos”.

AMOR Y NUEVA VIDA DIGITAL
A su retorno a La Paz –una vez concluidas las cirugías reconstructivas de su rostro-, se abrió la posibilidad de ir a Sucre, con el objetivo de internarse en el Instituto Aprecia. Necesitaba aprender a manejar mejor el bastón para moverse en las calles sin ayuda de nadie. Pero en Sucre encontró muchísimo más que una muleta, halló el amor de su hoy esposa Ivón, una mujer definitiva para los primeros pasos de su nueva vida.
Allí también le abrieron el micrófono: FM Colosal convocó a un concurso de locución. Carlos Rocha se impuso en la competencia, tanto por su voz como por su dicción. Pero el director de la emisora desconoció los resultados cuando se enteró que el ganador era una persona ciega. No desmayó, tocó las puertas de Radio ACLO y desde entonces no abandona los estudios de emisión. Pasó por una gran cantidad de estaciones de esa ciudad.
La computadora se interpuso en su camino. Ivón decidió estudiar Ingeniería de Sistemas, razón por la que tuvieron que comprar un ordenador para su casa. La primera vez que palpó la pantalla y el teclado estaba convencido de que jamás podría manejar ese extraño aparato. Hasta que su esposa aconsejó: “No tengas miedo, es como una máquina de escribir”.
Hasta entonces ni se había enterado que existía software -el Jaws- para que las personas ciegas manejen la computadora. Cuando lo encontró pasó más tiempo frente a la pantalla que al lado de su esposa. “Me quedaba hasta la madrugada investigando las posibilidades del aparato”. Luego no fue difícil dar el salto al campo de la edición digital de audio. Sabe de memoria todos los comandos de paquetes como el Sound Forge y maneja el teclado cual si lo viese.
Su último logro es el armado de computadoras. Tenía problemas con un cooler y fue a hacer la consulta a un docente amigo. Éste sorprendido le preguntó: “¿Qué puede enseñar un docente de hardware a un ciego?”. Él respondió: “¿Qué puede aprender un ciego de un docente de hardware?”. El especialista aceptó el desafío y Carlos hoy es el brazo derecho de su esposa en el mundo de los ordenadores.
Hoy, la voz de Carlos le pone el toque romántico a la noche sucrense, a través de las ondas de Radio América. Sí, es ese vozarrón que presenta en castellano y quechua las canciones de Camilo Sesto, Jhanette, Ricardo Montaner y otros lacrimógenos de ese estilo. La gran mayoría de sus oyentes no sabe que quien les susurra al oído es una persona que no tiene el sentido de la vista. Pero, claro, ni falta que hace en un medio como la radio porque, además, “el amor también es ciego…”.

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