Los horizontes de la IX Marcha

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Publicado en fecha julio 11, 2012

Los límites del poder actual. ¿Hacia dónde va la conflictividad en el país?

A estas alturas, pasado el primer semestre del año, es posible ver con claridad una tendencia preocupante: van apareciendo conflictos que complican políticamente al gobierno con frecuencia e intensidades cada vez mayores. ¿Por qué se da esto? ¿Qué significado tiene en este contexto la IX Marcha Indígena? ¿Hacia dónde va la conflictividad en el país?
Segunda gestión del oficialismo: nuevos escenarios
El primer elemento a considerar es el escenario en el que se aparecen los conflictos y en qué han variado las circunstancias. Es posible afirmar, con base en la evidencia, que durante el primer periodo del presidente Morales, prácticamente todas las crisis jugaron a su favor. Esto fue así porque al paso de cada episodio de pugna con el bloque adversario el oficialismo lograba construir cohesión y además lograba demostrar ante las grandes mayorías del país, al menos comunicacionalmente, la ausencia de propuesta de la oposición y el uso de métodos violentos en los que ésta incurría. En síntesis: administraba mejor la disputa.
En esa lógica antagónica entre dos bloques que pugnaban por el poder, ambos recurrieron a todo aquello de lo que pudieron disponer. En este marco de cosas se podía comprender, pero no justificar, el uso de la violencia por ambas partes. Esto va a ser así hasta diciembre de 2009, cuando el MAS logra la victoria en las elecciones presidenciales con un 64% de la votación a su favor. En ese instante queda completa la victoria del bloque emergente. A partir de entonces se genera otro escenario en el campo político boliviano muy diferente al anterior y que va a requerir de respuestas diferentes para el ejercicio del poder. Lastimosamente, los actores del oficialismo no parecen, hasta el presente, querer darse cuenta de esto.
Lo que cambia en la segunda gestión del presidente Morales es que ya no es comprensible la beligerancia por parte del gobierno y del MAS, porque desaparece del frente un adversario que utilice la violencia; una vez lograda la aprobación de la nueva Constitución Política del Estado (CPE) concluye, al menos en la coyuntura inmediata, la discusión política sobre el modelo de estado y lo que cabe es poner en marcha la gestión del nuevo diseño de estado. Estos dos elementos tendrían que significar para el gobierno una gestión del poder bajo cánones genuinamente democráticos, pacíficos y armonizadores. Lejos de aquello, el gobierno procede como si continuase en su primera gestión, peleando con gigantes adversarios invisibles.
Paralelamente a estos cambios en el escenario, un elemento permanece inalterable: los principales liderazgos del MAS dan señales a todas luces de haberse prometido a sí mismos un ejercicio autoritario del poder.

La IX Marcha Indígena y los límites del poder actual
En este marco, la movilización de los indígenas del oriente boliviano toma otro sentido. La IX Marcha no es sólo un cuestionamiento a supuestos básicos asumidos por la nueva CPE, como la existencia de una unidad consistente entre indígenas, originarios y campesinos, sino a la gestión del poder en sí. La promesa por la que comienza el proceso de cambio fue la de dejar atrás las viejas mañas de la politiquería que caracterizó la decadencia del viejo orden de la democracia pactada. Era la apuesta por una nueva forma de hacer política.
Pues bien, he aquí que aparecen las movilizaciones de los indígenas del oriente y en éstas se muestra que actualmente son ellos los auténticos portadores de los valores de la pluralidad, el respeto, la democracia y una nueva forma de hacer política. Esto es así por las siguientes razones: no hay duda alguna del carácter pacífico y respetuoso de los marchistas del TIPNIS, muy alejados de las prácticas de bloqueos y dinamitazos que caracterizan a otros grupos, incluidos aquellos que son el núcleo más duro del MAS; en ningún momento los indígenas del oriente se han planteado someter a otro grupo de la sociedad boliviana con tal de lograr sus fines, más bien son ellos quienes vienen abogando por una relación de armonía y respeto entre las diversas culturas que coexisten en nuestro país; no se puede poner en cuestión la vocación de diálogo de los pueblos del oriente; finalmente, en ellos sí existe un protagonismo real de las mujeres, como lo ejemplifica concretamente Bertha Bejarano, la presidenta de la columna de caminantes. Todas estas cosas, que los indígenas vienen practicando, son las que deberían regir el actuar del gobierno si hubiese consecuencia entre lo ofrecido y lo obrado. La fuerza de la IX Marcha consiste justamente en poner al descubierto que el poder actual procede bajo los viejos paradigmas de características autoritarias y bastante reñidas con un espíritu democrático.
En el contraste entre lo que presenta la movilización de los marchistas en defensa del TIPNIS y la conducta del gobierno, aparecen con nitidez los límites del liderazgo en la conducción del cambio prometido. Es decir, se puede ver qué aspectos son los que el actual proceso se propuso cambiar y cuáles no; y de aquellos que sí pretendió, sobre cuales no ha logrado incidir. En ese sentido cabe resaltar, entre otros, los siguientes puntos: el MAS se planteó reemplazar la hegemonía cultural de la clase blancoide de los tiempos de la democracia pactada por otra de tinte predominantemente aimara; lo que no se planteó fue trascender la lógica de la imposición de una visión cultural hegemónica sobre el resto de la población del país. Esta es la razón por la cual el oficialismo actual ve por encima del hombro a los indígenas del oriente y se permite subvalorar su conocimiento y sus demandas, formulando una visión subalternizadora hacia estos pueblos. Por otro lado, si bien el MAS se planteó, para bien, agrandar los contenidos del Estado y ampliar los referentes del discurso político, éste no se propuso superar el autoritarismo en la gestión del poder. En lo que hace al modelo de desarrollo y gestión del medioambiente, también aparecen los límites en la proposición del partido de gobierno. Si bien el discurso de la defensa de la Madre Tierra jugó un rol central para el empoderamiento de Evo Morales y el MAS, llegada la hora de la ejecución el gobierno opta por un pragmatismo muy a la boliviana, olvidando lo sostenido e inclinándose por repetir la fórmula desarrollista frente a la que supuestamente constituía una alternativa. Es decir que, por la fuerza de la realidad y las necesidades políticas y electorales del MAS, el eje de la sostenibilidad medioambiental va encontrando sus límites al interior del campo de acción del cambio planteado.
Finalmente, la IX Marcha, a la cabeza de Bertha Bejarano, es un recordatorio de que la inclusión de las mujeres funcionó sólo en la primera mitad y como algo meramente formal; basta recordar la composición de los primeros gabinetes ministeriales. Este gobierno sigue moviéndose bajo lógicas patriarcales que no se propone abandonar. En perspectiva, éste es un error de fondo, ya que de estar presente de manera real la base cognitiva de lo femenino en la gestión del poder, otra sería la agenda y otros los resultados. Actualmente impera en el gobierno la lógica masculina de la confrontación y la dominación, sin contrapeso. Esto lleva a que al gobierno le resulte prácticamente imposible trascender las prácticas y mañas que le vienen caracterizando, porque no sale de los parámetros cognitivos patriarcales. Y no se ve que esto vaya a cambiar en el corto o mediano plazo.

Prospectiva
En la medida en que el oficialismo persista en actuar bajo cánones beligerantes y autoritarios, los conflictos en los que se mete se irán haciendo cada vez más frecuentes e intensos. Desde el gasolinazo, pasando por los problemas que se dieron con maestros, médicos y recientemente hasta con los policías, todos estos tienen el común denominador de haber sido generados principalmente por procederes discrecionales en la toma de decisiones y la gestión del poder. Si el gobierno no asume que en su segunda gestión no tiene ya un adversario que justifique la confrontación, acabará inventándose monstruos imaginarios y golpes de Estado que irán alejándolo de la realidad y minando su credibilidad.
En lo que hace a la IX Marcha, ni bien ésta llegó a la sede de gobierno, prontamente hicieron su aparición las conductas de atropello e imposición por parte del gobierno. En tanto que esto sea así, a cada instante crecerá la importancia de la movilización indígena, porque es desde aquella, a partir de sus contenidos y vocación democrática, que quedan en evidencia los cambios que no están siendo cumplidos por quienes detentan el poder, dejando de lado la voluntad del pueblo boliviano. Los marchistas están visibilizando los horizontes del proceso, separando los cielos prometidos de la realidad concreta de los hechos en la tierra.

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