La visión de un naufragio

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Publicado en fecha agosto 22, 2012

Por: Pablo Deheza

En el campo político cruceño, aún no aparece por ningún lado una señal de recambio ni de renovación ideológica ni de referentes políticos, que permitan mínimamente manejar con soltura y convicción las nuevas alianzas que se vienen dando con el oficialismo nacional.

El paisaje político cruceño cambió definitiva e irreversiblemente en los últimos cinco años. Hoy son un recuerdo muy lejano las jornadas multitudinarias, la cohesión y la solidez de la hegemonía construida por el estamento dominante. Un lustro atrás, pese a todas sus contradicciones internas y a una visión caducada sobre Santa Cruz, las estructuras del poder tradicional se mostraban relativamente fuertes y saludables. Al presente, lo que aparece prácticamente son las ruinas, los vestigios de un naufragio, de un orden que fue y no volverá. Pero es más, aún no aparece por ningún lado una señal de recambio. ¿Cómo se explica todo esto?

Topología de la crisis
Los puntos en los que aparece de manera incontrastable la magnitud de la crisis son la alcaldía de la capital cruceña y la gobernación del departamento. En cuanto a la primera, la situación es cuando menos turbia desde finales del año pasado y no da señales de mejorar, ni siquiera de evitar descomponerse aún más. El enfrentamiento entre el alcalde Percy Fernández y sus concejales correligionarios es públicamente una batalla sin cuartel, en la que ya no se miden ni recursos ni consecuencias. Los procesos judiciales llevados adelante por ambas partes, aunque con mayor fuerza y éxito por parte del Ejecutivo municipal, derivaron en que dos concejales la pasen temporalmente tras las rejas.
El episodio más reciente de esta saga edil tiene como antecedente el fallo del Órgano Judicial en el que se desconoce a las dos directivas paralelas del Concejo Municipal que se habían conformado; algo que de hecho constituía un exceso jamás observado con anterioridad en la capital cruceña. En la decisión legal se expresaba que todo volvía al vicio más antiguo, en este caso se anulaba todo lo obrado por las partes y se regresaba al cuarto intermedio de la sesión del día 7 de junio del presente año. Pues bien, el 9 de agosto finalmente se convocó a sesión para elegir directiva, como establecía el fallo y bajo ese orden del día. Lo que sucedió fue un nuevo bochorno en el cual el concejal Freddy Soruco restituyó a la concejala Desirée Bravo tanto a su curul como a su condición de presidenta del órgano deliberativo de la ciudad; acto seguido ella dio lectura a una acusación formal en contra de los ediles denominados disidentes y pasó la misma a la Comisión de Constitución, que tiene quince días para pronunciarse. Se consolidó así un nuevo atropello más que pone en evidencia que ya no se guardan siquiera las mínimas apariencias frente a la ciudadanía y que la alcaldía cruceña devino en ser la zona donde todo vale. El fondo real es la pugna por el control de los cuantiosos recursos económicos que se manejan ahí, casi un millón de dólares al día.
Dos postales más para redondear lo que pasa en la alcaldía: la imagen de los gendarmes municipales impidiendo, al mejor estilo de la Plaza Murillo, el ingreso de los concejales y la prensa a las oficinas del Concejo Municipal. El abuso del poder expresado de la mano del propio alcalde Percy Fernández cuando en ocasiones públicas se entretenía toqueteando en las nalgas a funcionarias ediles.
En cuanto a la gobernación y a la situación del gobernador Rubén Costas, quizás lo más revelador son las leyes aprobadas en todo este periodo de funcionamiento por parte de la Asamblea Legislativa Departamental. Se trata de normativas procedimentales, administrativas y algunas hasta de corte folclórico, estableciendo patrimonios culturales e incluso un día departamental del maíz. Es decir que no se ve una gestión que se traduzca en una visión política y estratégica para Santa Cruz, mucho menos una capaz de obrar integral y sincrónicamente con el proceso nacional.
Amén de lo anterior, existe una acusación formal en contra del gobernador Rubén Costas por supuesta malversación de fondos en relación al referéndum autonómico del 4 de mayo de 2008. De acuerdo a lo establecido en los artículos 144 y 145 de la Ley Marco de Autonomías, esto debería culminar prontamente con la suspensión temporal de la primera autoridad departamental mientras dure el juicio. En un intento por impedir que esto suceda, el gobernador Costas y sus correligionarios practicaron dos iniciativas. Por un lado, el tratamiento de la acusación fue derivada a la Comisión de Constitución. Por otro lado, apostaron por la movilización social y realizaron dos concentraciones, una en la Plaza Principal y la otra, con el apoyo del Comité Cívico Pro Santa Cruz, en el estadio Tahuichi Aguilera; en ambas ocasiones se reunió entre quince a veinte mil personas. A sabiendas de que el efecto jurídico de ambas concentraciones no es relevante, el efecto político resulta incluso contraproducente ya que confirma que las estructuras tradicionales no logran ya congregar a las mayorías.

Física del descalabro
De fondo, todo lo anterior evidencia que al presente la élite cruceña del poder, es decir la sumatoria de élites que definían la hegemonía en el campo político departamental, se disgregó. La última ocasión en que políticos tradicionales, cívicos, empresarios, grupos de poder relacionados a las cooperativas de servicios y medios de comunicación obraron de manera ordenada y conjunta fue para las últimas elecciones nacionales y subnacionales. La situación actual de desbande generalizado en Convergencia Nacional y la victoria del presidente Morales con un 64% expresan los resultados obtenidos.
La actual alianza de los empresarios cruceños con el gobierno nacional, que de hecho constituye una inflexión saludable para el país en su conjunto, dejó un vacío al interior de la élite cruceña del poder que no logra ser rellenado. El caso Rózsa llevó contra las cuerdas a las logias vinculadas con las cooperativas de servicios, inhibiéndolas de participar activamente en política y debilitando aún más la estructura dominante tradicional. En su propia lógica de sobrevivencia, los medios de comunicación fueron matizando su discurso. Como consecuencia de lo anterior, el Comité Cívico Pro Santa Cruz fue quedando sin sustento y vaciándose, literalmente. Los actores políticos quedaron entonces en off-side, anclados en un discurso antievista que ya no convence ni siquiera al interior de la propia élite, de la cual se desmarcaron los sectores más relevantes para Santa Cruz: productores y empresarios.
Esta disgregación de la élite cruceña del poder marca un punto histórico para el campo político cruceño a partir del cual no es posible pensar en un retorno al orden de cosas previo. El jarrón se rompió y no hay pegamento que pueda restaurarlo tal como estaba.
En el caso de la alcaldía, la situación actual de la gobernabilidad al interior de la misma está asegurada para Percy Fernández gracias a un evidente entendimiento con los concejales del MAS. En un reciente acto público se vio también a la secretaria de Parques y Jardines, Angélica Sosa, realizar discursos y acciones de acercamiento hacia el vicepresidente Álvaro García y ministros de gobierno. Esto implica que el poder más pragmático del ámbito local, aquel que existe y se congrega alrededor del alcalde Percy Fernández, actualizó su lectura de la coyuntura y obra en consecuencia. La paradoja está en que si bien se mueve con sentido práctico en cuanto a su conveniencia, no existe señal alguna de reacomodo ideológico. Es más, pese a todas la evidencias todavía persiste en un discurso de oposición al oficialismo nacional cuando se queda sin argumentos frente a sus propios concejales correligionarios.
Por el lado de Rubén Costas y su agrupación, VERDES, se tiene que el más arduo rompecabezas que enfrentan es ver quién podría eventualmente hacerse cargo de la gobernación al momento en que llegue la suspensión temporal de la primera autoridad departamental. La Ley 031 indica que tendría que ser uno de los asambleístas, cualquiera de ellos. El desafío entonces está en designar alguien de la suficiente confianza como para manejar las cosas sin causar remezones ni sobresaltos, preservando los equilibrios políticos vigentes; a la vez tiene que ser alguien capaz de lograr los consensos dentro de la Asamblea Legislativa Departamental como para lograr su elección. Así las cosas, no está fácil elegir a esta persona. Los legisladores de VERDES más preclaros y con mayor experiencia están también imputados. El escenario más probable entonces es que el reemplazo temporal de Rubén Costas signifique un reacomodo completo de la gobernación, afectando incluso la composición del Ejecutivo departamental, con una reconfiguración de alianzas e implicancias difíciles de prever.

Por fuera del epicentro
El MAS es otro actor importante del campo político cruceño. Su presencia en Santa Cruz obedece prácticamente en su totalidad a la trascendencia del proceso nacional, combinada con la ausencia de discurso por parte de la élite tradicional para las nuevas grandes mayorías cruceñas, compuestas por bolivianas y bolivianos llegados desde todos los lugares del país. Pese a las grandes oportunidades que el partido de gobierno ha generado en Santa Cruz a partir del desgaste y la derrota del estamento dominante en el ámbito nacional, el MAS no tiene un discurso contrahegemónico para el ámbito cruceño ni se ve que sus cuadros locales estén con la voluntad y las capacidades para construir uno. Más aún, no se ve que el oficialismo nacional tenga un discurso para el oriente boliviano, formulado con genuinidad desde estos propios códigos y particularidades.
En todo el tiempo transcurrido desde las últimas elecciones, no se ve a ningún liderazgo del MAS en proyección, ni local ni departamentalmente. La presencia del partido de gobierno en la alcaldía cruceña tampoco es fruto de sus esfuerzos orgánicos. Básicamente quienes están representados ahí son dos sectores poderosos de la capital cruceña: transportistas y gremialistas, quienes ya vienen realizando su propio proceso de acumulación política desde los tiempos de la Unión Cívica Solidaridad. Si bien estos sectores al presente están en un entendimiento coyuntural con el MAS y con esto ganan ambos, la situación no se la puede comprender como alianza que pueda ir más allá de la convergencia momentánea de intereses.
El MAS en Santa Cruz es en realidad una sumatoria de facciones. Por un lado están los grupos previamente mencionados. Además están aquellos congregados, cada uno, alrededor de diversas figuras: Silvia Lazarte, Lucio Vedia, Isaac Ávalos y Nemesia Achacollo, entre otros. Por otro lado está el MAS de las clases medias cruceñas, que se relaciona directamente con el partido en su nivel nacional. En síntesis: el partido de gobierno tiene una existencia fragmentada en Santa Cruz que le impide un despliegue estratégico orgánico y cohesionado.
Los indígenas son también una fuerza a ser tomada en cuenta dado que ostentan espacios de representación a nivel nacional y departamental y que los seguirán teniendo independientemente de cualquier votación en futuras elecciones. Sin embargo, a raíz de la situación generada en relación a la consulta en el Isiboro-Sécure, se muestran divididos y en proceso de reacomodos internos.

A modo de conclusiones
El campo político cruceño da señales de estar atravesando una crisis inédita, con un desgaste terminal de las estructuras tradicionales y la consecuente generación de nuevas oportunidades. Sin embargo, no aparecen hasta ahora actores capaces de realizar una nueva propuesta política e ideológica para el departamento y el país desde el oriente bajo una nueva lectura de la realidad en el Siglo XXI.
La élite cruceña del poder se disgregó de manera irreversible. Esto significa, en lo práctico, que Santa Cruz no volverá a ver nuevamente jornadas de movilización como las del cabildo del millón bajo las banderas de un cruceñismo formulado a gusto y medida del estamento dominante. La manipulación de la identidad cruceña como herramienta ideológica ya no es posible tanto por la nueva realidad política del país como por los cambios sociales propios de Santa Cruz.
La importancia del proceso nacional en marcha fue asimilado de forma pragmática inicialmente por el sector empresarial y productivo, quienes junto a otros actores políticos vienen generando acuerdos y acercamientos hacia el MAS. Esto dejó en entredicho los recursos discursivos del estamento dominante, centrado en los últimos años en un fundamentalismo antievista. No se ve una renovación ideológica ni de referentes políticos, que permitan mínimamente manejar con soltura y convicción las nuevas alianzas que se vienen dando con el oficialismo nacional.
El MAS, en lo local y departamental, no viene realizando esfuerzos mayores por constituirse auténticamente en una alternativa. Todo indica que los espacios logrados en Santa Cruz con base en la fuerza del proceso nacional le resultan suficientes. Si bien existe un entendimiento con el sector empresarial y productivo en base a acuerdos económicos, no se ve que esto se traduzca en pactos políticos.

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