Danza en silla de ruedas

Publicado en Reportaje, Tendencias

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Publicado en fecha octubre 26, 2012

Por: Carlos Tellería Pomar

Ni la parálisis infantil ni un accidente de tránsito doblegaron a Mirian Vásquez, una boliviana de 55 años que, después de haber batallado en Bolivia y Bélgica, descubrió las bondades de una terapia capaz de alimentar la autoestima de las personas con discapacidad física: la danza en silla de ruedas.

Cuando era una niña, la poliomielitis intentó aprisionarla y lo consiguió a medias: se arrastraba. Ella cuenta que a sus siete años viajó con un grupo de estudiantes a Bélgica para someterse a un tratamiento médico. La rehabilitación de un año le ayudó a caminar. Regresó a Bolivia con esa victoria, pero 12 meses más tarde volvió a tomar vuelo hacia tierras europeas.

En 2002, esta potosina sufrió un accidente de tránsito en Bruselas. Los progresos en su recuperación quedaron en nada. Pasó otro año hospitalizada, pero las posibilidades de volver a caminar eran nulas. Los médicos la vieron alejarse en silla de ruedas y ella tuvo que aprender a convivir con su nueva compañera.

Pero no se resignaba a quedar de brazos cruzados. En 2003 asistió en Alemania a un encuentro internacional en el que se mostraban las bondades de la danza en silla de ruedas. Mirian reconoce que en ese evento nació en ella una pasión. Después pasó cursos en la misma Alemania, España, Italia y Holanda.

Inspirada en la capacitación que recibió, se animó a dar cursos en Bélgica. Hospitales que trabajan con niños con discapacidad física y mental le abrieron sus puertas, pero también lo hicieron hogares de ancianos e institutos que atienden a personas adultas.

Y así pasaron los años. Mirian Vásquez acumuló experiencia y se propuso trasladarse a Bolivia para dejar alguna semilla de lo aprendido.

Ella dirigió un taller de danza en instalaciones de la Universidad Católica Boliviana, en La Paz, en agosto pasado, en un evento auspiciado por el Servicio de Capacitación en Radio y Televisión (Secrad) y su Programa para el Desarrollo de la Comunicación e Información de las Personas con Discapacidad, y la organización Handicap International.

 

NO SÓLO ES UNA TERAPIA

La capacitadora no sólo valora el lado médico de la terapia de baile y su poder de reanimar el cuerpo y facilitar los tratamientos. Afirma que la danza también es una actividad social, una expresión de arte y una posibilidad de desarrollo humano para personas con o sin discapacidad.

El baile en silla de ruedas es considerado un deporte de competencia en otras partes del planeta y es practicado en una veintena de países. El primer campeonato mundial se realizó en 1998 en Japón; aunque no figura en el programa oficial de los Juegos Paralímpicos.

Los bailarines participan en parejas o con un/a compañero/a con o sin discapacidad. Los participantes  pueden demostrar sus destrezas bailando vals, tango, foxtrot, pasodoble, samba, cha-cha-chá o rumba.

Entre los planes futuros de Vásquez está la creación de espacios de intercambio y práctica de la danza orientada a la rehabilitación en Bolivia. Se calcula que el 10 por ciento de la población sufre de algún tipo de discapacidad en distintos grados.

Según los artículos 70, 71 y 72 de la Constitución Política del Estado Plurinacional de Bolivia, las personas con discapacidad tienen derecho a protección, educación, salud, trabajo con remuneración digna, buen trato, posibilidades de integración económica, política, social y cultural sin discriminación, como también al desarrollo de sus potencialidades individuales. La Carta Magna ordena al Estado garantizar los servicios integrales de prevención y rehabilitación, entre otros beneficios.

 

INICIO SUAVE

El taller de agosto duró casi tres horas. La sesión empezó con un baile que recurrió a la técnica del teatro de sombras chinas. Dos bailarines se colocaron detrás de un telón blanco y de pronto se encendió un juego de luces de colores y se escuchó una suave melodía acompañada de voces femeninas.

El público sólo veía las sombras que se movían al ritmo de la música. Detrás del telón estaba Mirian y el instructor de baile Humberto Uriona Sepúlveda, de 29 años. Luego de esa primera presentación, ella agarró el timón del taller e invitó a pasar al frente a las personas que estaban en silla de ruedas.

Pasaron cuatro mujeres… y sus acompañantes. El taller empezó con unos tres minutos de ejercicios de calentamiento con el frote de manos y el movimiento de brazos. A quienes acompañaban a las damas se les pidió tener cuidado y no apretar las manos de ellas durante la danza.

De pronto se empezó a escuchar la canción Waka Waka, interpretada por la colombiana Shakira. Luego vino un merengue, más tarde una balada romántica. También hubo demostración de cueca, cumbia y música árabe con coreografía.

 

“SIÉNTANSE EN LAS NUBES”

Se armó la fiesta. Los aplausos del público asistente, el juego de luces y el ánimo desplegado por quienes bailaban transformaron la sala de lectura del Pabellón D de la UCB en un salón de baile. Las damas en silla de ruedas prácticamente no tuvieron descanso; aunque sí hubo cambio de parejas. Incluso personas que se mueven con ayuda de muletas compartieron la improvisada pista.

“Siéntanse en las nubes”, les dijo Mirian a los bailarines y agregó muy animada: “Ustedes han hecho ahora lo que normalmente se hace en dos o tres días… se ve que les gusta la música”. La velada culminó con la canción Bilirrubina, interpretada por el dominicano Juan Luis Guerra.

Uriona, estudiante de Administración de Empresas, está convencido de que una persona con discapacidad puede disfrutar de la música y sentir el ritmo como cualquier otra. La danza en silla de ruedas es un desafío para él porque exige establecer una relación para saber cómo se puede socializar con la pareja mientras se baila o cómo alguien puede moverse para dirigir los desplazamientos.

Ya casi al finalizar el encuentro, algunos asistentes tomaron el micrófono para contar sus experiencias y agradecer la visita de Mirian Vásquez, a quien le pidieron volver en otra ocasión a Bolivia para continuar con su labor. El compromiso está planteado.

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