LA RESISTENCIA ZAPATISTA

Publicado en Internacional

Escuela primaria de Oventi copy

Publicado en fecha octubre 25, 2012

Por: Héctor Gerardo Ibarra

México. La madrugada del primero de enero del 94, un grupo de rebeldes indígenas se levantó en armas. El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) tomó algunas cabeceras municipales en el estado de Chiapas, declaró la guerra al gobierno mexicano y emitió la “1ra. Declaración de la Selva Lacandona”, en la cual manifestaron sus principales demandas: “trabajo, tierra, techo, alimentación, salud, educación, independencia, libertad, democracia, justicia y paz”. El reconocimiento de los derechos básicos de los pueblos indígenas.

Algunas comunidades indígenas, en apoyo al EZLN, se sumaron en resistencia y declararon la independencia del estado mexicano. Con el paso de los años y después de un largo proceso interno, el Ejército Zapatista dejó de ser la voz de mando en las comunidades, dándoles el control de sus propios gobiernos.

Estos territorios, los MAREZ (municipios Autónomos de Resistencia Zapatista), son comunidades con gobierno autónomo. Los MAREZ, tienen sus centros de organización en comunidades llamadas “Caracoles”, en donde se toman las decisiones importantes que conciernen a las comunidades en resistencia.

 

EL CARACOL DE OVENTIK

Internarse en territorio Zapatista no es  tarea fácil, para visitar los MAREZ es necesario obtener un permiso especial otorgado por autoridades zapatistas. Nunca olvidaré el primer contacto con la comunidad zapatista.

Las comunidades que visitamos están bajo la jurisdicción de Oventik,  caracol ubicado a un par de horas de San Cristóbal de las Casas en Chiapas.

A pie de camino, la puerta era custodiada por dos mujeres tzotziles que llevaban  sus rostros cubiertos con un paliacate rojo y un machete en sus manos.

Cubrirse el rostro por el frío es común entre los habitantes de la zona; sin embargo, esta práctica ha sido utilizada como símbolo del movimiento zapatista.  Se cubren el rostro por la seguridad de no ser identificados, pero también, para manifestar el hecho de que durante años, sus rostros y sus nombres fueron dejados al olvido y ahora que habían captado la atención, no mostrarían sus rostros.

El movimiento se fortalece en el anonimato común, como declara en una carta el Subcomandante Marcos: “…en cambio, he visto a los nuestros cubrirse el rostro para mostrarse al mundo y quitarse el pasamontañas para esconderse del enemigo”.

Explicamos el motivo de nuestra visita a las mujeres, ellas abrieron las puertas y nos dieron paso.  Cruzamos con nerviosismo el umbral sin poder dejar de admirar la escena, me encontré en un lugar lleno de pequeñas edificaciones con bellos murales coloridos de motivos revolucionarios y  Zapatistas.

Dentro de la comunidad, preguntamos por la jefatura, la oficina en la cual teníamos que registrarnos. El cuarto era pequeño y oscuro, tomamos asiento en unas bancas de madera,  el corazón me comenzó a latir rápidamente y un nerviosismo me dejó pasmado, frente a nosotros, se encontraban tres hombres con el rostro cubierto por pasamontañas; llevaban fusiles colgando del hombro y carrilleras cruzando el pecho. Su mirada seria nos evaluó, uno de ellos dio la bienvenida en un tono militar y nos pidió identificarnos. Para ellos, ninguna de las credenciales otorgadas por el estado mexicano suele tener mucha relevancia, la palabra es la garantía.

Al terminar la entrevista los oficiales nos ofrecieron un gran galpón con paja disponible para pasar la noche, pues tendríamos que esperar la respuesta. Salimos de la caseta y minutos después los oficiales salieron con los rostros descubiertos, eran tres jóvenes de no más de veinte años que sonrientes, nos saludaron y nos dieron nuevamente la bienvenida, nos comentaron que los permisos tendrían que ser avalados por  la Junta de Buen Gobierno del caracol que en el momento estaba en sesión.

 

LAS JUNTAS DE 

BUEN GOBIERNO

Las Juntas de Buen Gobierno, son los organismos encargados de tomar las decisiones importantes que incumben a los MAREZ, las JBG están conformadas por  miembros de cada comunidad, sin distinguir a mujeres, hombres, niños o ancianos y no tienen una estructura jerárquica. Los miembros son reemplazados periódicamente dando una rotación de poder y toma de decisiones.

Al día siguiente, la Junta de Buen Gobierno resolvió darnos el permiso para visitar los MAREZ.

ACTEAL

La comunidad de Acteal está actualmente dividida en tres fracciones, Acteal Zapatista, Abeja y “Priísta” (simpatizantes del Partido Revolucionario Institucional).

La sociedad civil de las abejas, de bases cristianas y pacifistas, comulgan con las demandas y los ideales zapatistas, pero no con los medios de violencia del EZ. Este apoyo a los zapatistas les ha traído terribles consecuencias.

Debido a la tensión generada por el levantamiento, el gobierno tomó drásticas medidas como el  incremento de presencia militar, policiaca y la creación de grupos paramilitares no oficiales.

El 22 de diciembre de 1997, durante una congregación en la capilla de Acteal Abeja, tuvo lugar una terrible masacre en la cual murieron 45 personas entre hombres, niños y mujeres. Los responsables fueron miembros de grupos paramilitares que indiscriminadamente abrieron fuego, algunos testigos afirman que había presencia policíaca a sólo 200 metros en el momento de la masacre, ningún elemento se presentó en el lugar durante las siguientes seis horas. Los responsables aún no han sido condenados.

En la entrada de Acteal Zapatista se levanta un cartel que anuncia: “Está usted en territorio zapatista, aquí el pueblo manda y el gobierno obedece”. Nadie sin permiso puede entrar en territorio zapatista, ningún funcionario del gobierno puede entrar.  Los conflictos entre zapatistas y civiles, se resuelven en la línea de frontera entre la comunidad  y el camino.

Dejé mi mochila en el suelo y con precaución entré a territorio “zapa”. Encontré a un hombre a unos pasos de la entrada y le extendí el pasavante, él lo revisó y me sonrió, me dijo que nos esperaban desde el día anterior, la comida estaba lista. El nos encaminó a una pequeña cabaña que servía de comedor común, ya nos esperaban dos mujeres sentadas frente a una olla de frijoles humeante y una pila de tortillas hechas a mano, las mujeres se susurraron algo y en dialecto se dirigieron al hombre que con gesto serio nos tradujo una disculpa que me ató un nudo en la garganta:“les pedimos una disculpa por estos humildes alimentos, somos pobres y no tenemos más, pero se los ofrecemos con mucho cariño y respeto”. Acteal está ubicado en los altos, es una interminable serie de cerros que a la distancia se pintan de distintas tonalidades de tonos celestes que ha servido de refugio para el EZLN.

En Acteal, el tiempo parece correr a otra velocidad y en otra época. Gran parte de la comunidad se dedica a la siembra y cosecha de alimentos, otros producen artículos que son vendidos en cooperativas, todos alternan sus actividades con una fuerte participación política.

Como factor común en cualquier comunidad rural, los niños parecen salir de debajo de las piedras, corren y saltan, juegan, preguntan, se multiplican y se asombran con la visita de los extraños.

Todas las mañanas, mientras los niños atienden la escuela, un par de mujeres preparan el desayuno de los alumnos con alimentos donados por toda la comunidad.

El alimento común para toda la comunidad durante todo el año, exceptuando fiestas y fechas importantes, es un plato de frijoles y tortillas de maíz y arroz cocido con algo de suerte.

Los días corren en resistencia, los habitantes de los MAREZ sufren la carestía de alimentos y medicina pues no aceptan ningún producto que venga del gobierno mexicano ni de grandes empresas. Sus medios de subsistencia son principalmente la cosecha y venta de productos en cooperativa.

Existe un gran sentido de pertenencia dentro de las comunidades zapatistas, niños, adultos y ancianos están bien informados, conocen y defienden sus causas, “la resistencia es trabajo de todos” me comenta un hombre en la comunidad, a la vez que me revela con cierta angustia que le apena no poder ofrecer mejores condiciones de vida a sus hijos a causa de la resistencia.

Recuerdo mi último día en Acteal, el profesor de la comunidad nos pidió restaurar algunos de los murales de la escuela que se habían desgastado con el tiempo. Mientras daba un par de retoques a un gran rostro de Emiliano Zapata, un niño se acerca a mis espaldas y observa, señala el muro con la mano y dice: “Zapata vive”.

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