Los mercaderes del Che…

Publicado en Cultura, Libros

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Publicado en fecha octubre 29, 2012

Por: Carlos Tellería Pomar

Alex Ayala Ugarte nació en Vitoria (España) en 1979 y ya lleva un tercio de su vida en Bolivia, tierra en la que cultiva su pasión por la crónica periodística y cosecha éxitos como los reflejados en el libro de su autoría: “Los mercaderes del Che y otras crónicas a ras del suelo”.

Rescata 14 historias escritas en los últimos cuatro o cinco años. Los personajes que dan vida a los textos no están trepados en el árbol del poder, pero sí tienen cosas que contar.

Ayala habla de su obra que ya ha llegado a Argentina, Perú y España, y está en el mercado virtual. También nos cuenta de algunos ingredientes para hacer crónica.

¿Cómo nace “Los mercaderes del Che y otras crónicas a ras del suelo”?

Es un libro que nace ya hecho porque es una recopilación de las que considero no las mejores crónicas que he escrito en los 11 años que llevo en Bolivia, sino las crónicas con ingredientes más universales y con más capacidad de llegar al lector de todo tipo de países. Son crónicas que ya estaban escritas, pero eso no significa que hayan aparecido las mismas, porque ha habido una segunda fase de reporteo, se han añadido datos, se ha pulido el material.

¿Cómo se ha hecho la selección de historias?

Hice una selección inicial de unas 20 crónicas y con tiempo y paciencia las fui leyendo para ver cuáles tenían más fuerza. La distancia en el tiempo ayuda muchas veces a ver las cosas de otra forma y es más fácil tener claro cuáles tienen más fuerza una vez que han pasado años o meses de la publicación, obviamente también he tenido una madurez como periodista. Entonces, muchas de las historias son de mi última época en medios aquí o como “freelance”, diría que el 80 por ciento de las historias del libro son de los últimos cuatro o cinco años.

¿Cuántas crónicas has escrito en estos 11 años?

No sé, he perdido la cuenta. Lo que sí puedo decir es que ahora me cuesta más coger una historia porque soy más exigente en su planteamiento y ya no salen las cosas como antes, como pipocas.

¿Qué te inspira la imagen del Che Guevara?

El Che es un personaje clave de la historia del mundo para bien o para mal, como lo han podido ser otros como Ghandi o como Hitler, en el caso del mal. En mi libro yo no lo juzgo como persona y aparece más bien como personaje secundario; los que saltan a un primer plano son las personas que lo conocieron, que hoy venden ese recuerdo. Si me preguntas si el Che es un santo, te puedo decir que hizo cosas muy buenas y cosas muy malas. En Vallegrande y en La Higuera un poco se ha convertido en un personaje casi mítico. Hay gente que le reza, hay gente que no cree en el Che como santo, pero han visto en él una forma de hacer negocio, por eso el título del libro que hace referencia a ese aspecto mercantilista. En la portada aparece en un carrito de compras. Si se pregunta a los jóvenes que van con camiseta (con la imagen de Guevara) cuáles eran sus ideales, muchos quizás no sepan contestar; únicamente la llevan por moda.

En la crónica se advierte una suerte de analogía del Che con Jesucristo…

Sí, pero yo no he buscado analogías; han surgido hablando con los personajes de la crónica, de la mujer que dice que con los ojos abiertos parecía Jesucristo; de otra señora de La Higuera que empieza a hablar de una maldición porque lo mataron allí; de la señora de Vallegrande que tiene un retrato en una sala y lo saluda. Entonces, esas imágenes más religiosas han ido surgiendo entre los mismos personajes.

¿En qué otros países fue publicado el libro?

Se publicó aquí en Bolivia en abril, con la editorial El Cuervo, que tiene una colección de no ficción, y se acaba de publicar en septiembre en España con Libros del K.O., que es una editorial nueva especializada en libros de periodismo de largo aliento y también difunde las obras en formato digital.

¿Cómo has logrado publicar en España?

Seguí el trabajo de Libros de K.O., desde que nació hace un año. Un amigo había publicado con ellos un libro sobre el tour de Francia; entonces, como tenía el contacto, les envié el mío y me dijeron que les gustó. Únicamente eliminamos una de las historias porque yo consideraba que no estaba del todo cerrada. Hicimos un proceso de edición sobre la obra y después de un mes de trabajo salió en septiembre.

Eso me ilusiona porque he publicado en mi tierra y porque es una prueba de que una historia bien trabajada se puede convertir en universal y llamar la atención en otros sitios.

¿Cuál de las crónicas eliminaste?

La de Ariel Irusta y Dardo Greco (Un tango pa’ no olvidar), porque le faltaba más escenas y se apoyaba mucho en las entrevistas a gente que los conoció, y por esa falta de escenas le faltaba movimiento, era más estática.

¿Tienes planes para publicar el libro en otros países?

El Libro del K.O. es una editorial que funciona bien. Sus libros están saliendo en formato digital y eso ayuda a que la difusión traspase fronteras. Pero hay que dejar que el libro tenga vida propia y (esperar) que en algún momento se contacte alguien de otro país (con una propuesta). La edición boliviana de El Cuervo también se está distribuyendo en Argentina y la han llevado a la feria del libro de Arequipa.

¿Es fácil o difícil encontrar en Bolivia historias y personajes para una crónica?

Personajes e historias hay miles. Lo difícil es que tienes un buen personaje, pero la historia no termina de cerrar o al revés, tienes una buena historia, pero no terminas de dar con los personajes que sean buenos para la historia. Entonces, lo que no hay a veces es tiempo para trabajar bien la historia y eso es lo que suelo reivindicar, ya que a las historias hay que darles el tiempo que hace falta hasta que nacen y crecen por sí mismas. El periodista Gay Talese decía que con sus personajes él cultivaba el fino arte de frecuentar y a veces el meollo del asunto consiste en eso. Uno debe acercarse a la semilla de la que puede nacer una buena historia, debe tener paciencia y esperar que las cosas ocurran. A veces los periodistas queremos forzar a que el personaje nos diga algo o que ocurran las cosas… hay que darle tiempo.

¿Qué buscas en los personajes para retratarlos en una crónica?

Más que en los personajes, busco en las historias, que tengan algún tipo de ingredientes que las vuelven universales y después busco que los personajes tengan algún nivel de excelencia en algo, que sean aunque sea el mejor perdedor o el peor boxeador, ya son personajes que tienen una excelencia. Además, que sean el reflejo de una subcultura, por ejemplo,  si hablamos del “hip hop” aymara, que sea alguien que refleje bien esa subcultura por su entorno, por su historia… también tienen que ser personajes con conflicto, que haya obstáculos entre ellos y la meta que tienen, que haya antagonistas, enemigos.

Hay una frase de Jorge Luis Borges que decía que la suerte de un hombre resume, en ciertos momentos esenciales, la suerte de todos los hombres. Y ese tipo de personajes que resumen una situación en concreto que afecta a mucha otra gente son los que funcionan muy bien. Por ejemplo, la crónica estadounidense “El hombre que cae” escrita por un periodista (Tom Junod) que quiso buscar la identidad de un tipo saltando de una de las Torres Gemelas de Nueva York y va en pos de saber quién era él, era una persona que resume una gran tragedia. A eso va la frase de Borges.

¿Cuánto tiempo te lleva escribir una historia y cuántas veces entrevistas a un personaje?

Cada vez me lleva más tiempo y cada vez intento estar más con los personajes, no exclusivamente haciendo entrevistas, sino estar con ellos en distintos ambientes y momentos, porque una persona no es la misma en su trabajo o en su casa; no es la misma cuando está estresada que cuando está relajada.

Todo eso ayuda, incluso se ve una evolución en el personaje de una historia a la que se ha dedicado meses de trabajo. Me cuesta tener la historia completa y a veces le puedo dedicar dos o tres meses, no en exclusividad, pero sí estoy encima para ver qué cosas se puede aportar.

¿Ese acercamiento no implica involucrarse demasiado con los personajes?

Ellos tienen que tener claro que eres periodista; las reglas hay que dejarlas claras, pero después obviamente te involucras, pero con respecto a la historia, se conoce más al personaje, a veces se lo ve en situaciones de vulnerabilidad.

¿La crónica está de moda?

Ha habido un boom editorial, como hay cada cierto tiempo. Aquí en Bolivia me parece que es un género que se trabaja poco; no se lo trabaja en profundidad y a veces se le llama crónica o perfil a cosas que no terminan de serlo; aunque siempre hay casos de personas que hacen buena crónica, pero son muy pocas y eso se lo puede ver en el número de publicaciones de crónicas al año. Hay muy poco en comparación con otros países como Colombia o Perú y ya no digamos Estados Unidos. ¿Que si es un género de moda? Los grandes cronistas norteamericanos vienen de los años 60; en América Latina está en auge, pero tampoco… lo veo como algo natural que tiene ciertos espacios, pero no son mayoritarios y en los periódicos tiene poca presencia.

¿Qué ha hecho posible que tu trabajo llegue a revistas de otros países?

Fue de a poco. En mi primer año como “freelance” únicamente vendí uno de mis textos. Después he ido haciendo talleres, he ido haciendo contactos, he ido publicando. Si publicas, se abren los espacios; es más fácil si tu trabajo gusta y llevas publicando en varios medios, pero ha sido un camino como de hormiga. Tenía también claro el camino. Yo estaba como editor de una revista Escape del diario La Razón y tuve que renunciar para crecer como periodista; aunque también con eso renunciaba a cierta estabilidad económica y lo mismo sucedió cuando estaba en el semanario Pulso. También he asumido fracasos, como en el caso de Pie Izquierdo, porque la revista no cuajó, así uno va aprendiendo; la revista no funcionó, pero hizo que mi trabajo tuviera más eco afuera y eso me ayudó como “freelance” después. Y tenía claro el tipo de periodismo que me gusta y he apostado hacia eso. Pienso que en el futuro van a funcionar las notas muy cortas y efectivas casi como un “twitt” (mensaje de 140 caracteres en la red social twitter) o un poco más largas, o el periodismo de largo aliento con la mirada del autor que dé su plus. La noticia, tal como la conocemos hoy, irá desapareciendo poco a poco, creo yo. Es lo que están anunciando algunos periodistas en Estados Unidos, viendo un poco la tendencia de los lectores digitales.

¿Por qué decidiste quedarte en Bolivia?

Me gustó desde un principio porque pude asumir muchos retos profesionales y porque nunca he dejado de encontrar historias y de sorprenderme. Cuando eso se termina uno tiene que preocuparse, porque ahí acaba la pasión por el oficio también. Estoy a gusto entre la gente, es un país muy diverso, con realidades distintas; esa diversidad hace que sea más rico trabajar aquí.

¿Qué les puedes aconsejar a los jóvenes para que puedan seguir los pasos de un cronista?

No me gusta dar consejos porque no soy un gurú, pero la base para escribir bien es la lectura y siempre viene bien fijarse qué se está haciendo en otros países y hoy, gracias a internet, se puede ver sinfín de medios digitales que publican crónica, hay un montón de libros… que lean porque es la base a la hora de escribir.

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