CHÁVEZ O LA VENTAJA DE PARECERSE A SU PUEBLO

Publicado en Internacional

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Publicado en fecha abril 16, 2013

POR: Gonzalo Mendieta Romero

Según Telesur, Cristina Kirchner -esa exitosa, poderosa y adinerada diva de la política- decía: “Chávez se parecía a su pueblo y era parte de los nuevos gobernantes de Latinoamérica que nos parecemos más a nuestros pueblos.”
Chávez efectivamente cultivaba los guiños y maneras de su pueblo. Lo ratifica la prensa estos días de luto, aunque esté en parte guiada por un estereotipo. Para los medios internacionales, Chávez era un “latinoamericano típico”. Ese enfoque nos dejaría al margen a los latinoamericanos introvertidos y parcos, como los de esta parte del Ande, lejanos de la exuberancia caribeña.
Chávez explotaba con visible orgullo su prosapia popular. Se percibía en su política entroncada en la religiosidad popular, en su afecto al béisbol, en su espontaneidad, cantando o mandando al diablo a los gringos o forzando risas incómodas en sus lábiles adláteres. No se esperaría ese desenfado de un copetudo.
Capriles, rival de Chávez en las últimas elecciones, es el caso inverso; condensa una versión light de características más bien alejadas del hombre común y, por tanto, de élite: jerga tecnocrática en busca del prestigio del conocimiento; devoción a la economía como eje político; modernismo y lenguaje global, huérfano de herencia histórica. Frente a Chávez, Capriles lucía como un mero niño bien. Para tener una idea, comparando a Capriles con el conservador Uribe, de Colombia (que encarnaba el sueño de una élite antigua, fornida y secante), éste huele a hacienda vieja, Capriles a talco Johnson & Johnson.
Ya en casa, no procuro hacer noticia al confirmar que Evo luce como la mayoría del pueblo boliviano; de ahí parte de su éxito. Pero si sólo se tratara de cómo verse en público, Ernesto Cavour -boliviano como casi nadie- hubiera sido algo más que un intrascendente candidato a alcalde, jubilado prematuramente de la política. Con otro ejemplo: Paz Estenssoro no presentaba el perfil de Evo, pero resumía un ideal anclado en la memoria, como es el del “doctor”, símbolo del poder intelectual altoperuano.
La cuestión de quién luce como su pueblo se pone peluda cuando el pigmento indica poco. Chávez era un mestizo afro y Evo es un mestizo aymara, en países de clases altas con pretensión de blancura. En naciones de sangre homogénea, es mucho más difícil ser certero. No sé decir -apartando sus billetes- si Piñera se parece más a los chilenos que Ricardo Lagos o que Allende (aunque pese a nuestro mar de problemas con los chilenos, quisiera con benevolencia pensar que son en general un pueblo más sobrio, sutil e inteligente que Piñera). Si partimos del acento, Pinochet era más chileno que todos ellos, aunque esa conclusión sea políticamente incorrecta. Eso sí, Allende expresaba la historia socialista y anarquista chilena; y, en su prepotencia, Pinochet reflejaba al supremo Estado chileno.
Porteña como reluce, Cristina Kirchner destila un aire arrogante que no tenía Raúl Alfonsín, aunque sí Menem. A la vez, Cristina se ve más genuinamente argentina que algunos de sus rivales. Macri, por ejemplo, es el hermano rioplatense de Capriles: su debilidad por las frases hechas denota la falta de una tradición en la que afincarse (puesto a elegir entre Cristina y Macri, optaría sin dudar por los tintes argentinos de Les Luthiers).
La locuaz Presidente argentina tiene razón, aunque sea en medio del autobombo de afirmar que ella personifica tanto a su pueblo como Chávez al suyo (si fuera argentino, habría corrido a protestar). Chávez era venezolano hasta por los poros, pero no era sólo por su traza o su tez. Chávez supo enraizar en una herencia histórica, pues intuía las claves en que su pueblo lee el presente desde su pasado.
Chávez no puede entenderse sin el imaginario latinoamericano del protector, del defensor de indios, del héroe, campeón de pobres y débiles, así sea a la fuerza. Los que aborrecieron a Chávez harían bien en estudiarlo, en vez de maldecirlo con sordera. Quién sabe le aprenderían algo y, con suerte, hasta le descubrirían un antídoto.
FUENTE: PÁGINA 7 – 08/03/2013

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