HUGO CHÁVEZ

Publicado en Internacional, Portada

puños chavez 47

Publicado en fecha abril 16, 2013

El niño que vendía arañas de Sabanetas.

Por: Pablo Deheza

Sin duda alguna, la muerte de Hugo Rafael Chávez Frías deja un vacío tanto en su país como en la región. Es muy difícil que su impronta personal logre ser siquiera imitada. Su estilo beligerante y combativo marcó, para bien y mal, su imagen. Entre los amores y odios que suscitaba, una cosa es cierta: no se trataba de alguien con quien la plana indiferencia resultase una alternativa fácil.

Venezuela
La historia de Venezuela es un reflejo extremo de la historia de Latinoamérica. Tal como Bolivia fue, en sus inicios, un país fundado en torno al cerro rico de Potosí y toda su infraestructura se destinó a su explotación y envío de la producción a los centros de poder en el norte del globo; Venezuela encontró en el petróleo su razón de ser y las riquezas derivadas de su extracción fueron el objeto en sí de su clase dirigente. Esto se dio a tal punto que es perfectamente posible afirmar que la historia de la Venezuela contemporánea es la historia de la industria petrolera en ese país. Y esa, en realidad, es a su vez la historia de uno de los mayores pillajes colonialistas con la complicidad de la clase criolla local de toda la historia latinoamericana.
El 23 de enero de 1904, el mandatario Cipriano Castro aprobó un Código de Minas donde quedó establecido el principio que rigió el desarrollo de la industria petrolera en ese país y que definiría dramáticamente el rumbo económico y político venezolano hasta la nacionalización de 1976: el presidente de la República tenía facultad plena para administrar y otorgar concesiones petroleras sin necesidad alguna de consentimiento congresal.
La consecuencia social fue que por más de setenta años, una pequeña clase dominante local explotó, en alianza con empresas extranjeras, la riqueza del país principalmente para su beneficio, dejando de lado y en el olvido a las grandes mayorías pobres; generando una brecha abismal entre los pocos ricos y los muchos pobres.
Las élites tampoco mostraron ningún interés por generar un plan de desarrollo en el largo plazo capaz de crear otras dinámicas económicas que atenúen las desigualdades. En suma: si bien la colonia española terminó con la labor emancipadora de Simón Bolívar, las clases criollas dominantes de carácter esencialmente colonial no dudaron en persistir en los mismos códigos y conductas aunque bajo otras formas y con otros discursos.
Paralelamente, a lo largo de todo el Siglo XX, fue creciendo entre la base popular un fuerte sentimiento de xenofobia, alentado por la ostentación de las condiciones en que vivían los técnicos, administradores y empresarios extranjeros del negocio del petróleo, principalmente norteamericanos, en contraste con la pobreza en que las mayorías venezolanas que veían pasar la vida. El resentimiento contra lo gringo, consecuentemente, se inscribe en la memoria de largo plazo de la base popular.
El 1 de enero de 1976 se nacionaliza la explotación petrolera, se crea Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA). En ese momento, esto funciona como un paliativo político frente a la alevosa exacción que se venía dando. En los hechos, constituye un maquillaje, ya que el excedente generado continúa sin llegar a las clases sociales bajas. Al contrario, se repite la extracción colonial sólo que ahora bajo un nuevo régimen propietario apoyado en la cooptación y complicidad de los gobiernos de la clase dominante local. Los cargos ejecutivos de la empresa estatal son distribuidos entre la élite y los de rango inferior son utilizados dentro de una política paternalista de contención de las masas. Bajo un nuevo nombre y con otros contratos, la presencia de empresas extranjeras, principalmente estadounidenses, y la vigencia de la élite tradicional, de raigambre y prácticas coloniales, continúa siendo la realidad; consecuentemente también permanece de manera estructural la concentración de riqueza en manos de pocos ante la mirada cada vez más indignada de demasiados. Esta situación se mantendrá prácticamente intacta hasta que un tal Hugo Rafael Chávez Frías irrumpe en el escenario.

Hugo Chávez, el hombre
Nace en Sabanetas, una pequeña población del estado de Barinas que actualmente cuenta con alrededor de 28.000 habitantes. Fue hijo de una humilde pareja llanera y mestiza, Hugo de los Reyes Chávez y Helena Frías, ambos maestros y quienes tuvieron un total de seis hijos, siendo Hugo Rafael el segundo. De niño él colaboraba con la economía familiar vendiendo dulces que eran procesados a partir de papaya y que se conocían con el nombre de arañas. Esto explica que años más tarde uno de sus sobrenombres resultara ser el arañero de Sabaneta.
El 8 de agosto de 1971 ingresa en la Academia Militar de Venezuela. En su carrera militar muestra una clara inclinación por el estudio de la historia de su país y la política. En julio de 1975 se gradúa como subteniente de Artillería, especializado en Ciencias y Artes Militares. En 1982 forma, junto a un grupo de comandantes, capitanes y tenientes, el Movimiento Bolivariano Revolucionario (MBR-200), en honor a los doscientos años del nacimiento de Simón Bolívar. En 1989 inicia una maestría en ciencias políticas en la Universidad Simón Bolívar,  que no culmina. En julio de 1991 es ascendido a teniente coronel. El 4 de febrero de 1992, en calidad de dirigente del MBR-200, encabeza un intento de golpe de estado en contra de Carlos Andrés Pérez. El levantamiento no prospera y luego él y su grupo son arrestados por cargos de rebelión. Dos años después de estar en prisión y sin juicio, el presidente Rafael Caldera levanta los cargos y se le otorga un retiro honroso del ejército. Entonces funda el Movimiento Quinta República (MVR), dando a entender que el país entraría en un nuevo ciclo histórico una vez lograse hacerse con el poder.
Hugo Chávez se presenta a las elecciones presidenciales de 1998, representando al MVR, obtiene la victoria y se convierte en el 42º presidente de Venezuela. Su proyecto y discurso es el socialismo del siglo XXI. Impulsa la realización de un referéndum por la conformación de una asamblea constituyente, su propuesta gana con más de un 80% de apoyo popular. Posteriormente somete la nueva Constitución al voto y ésta es ratificada con el 72% de los votos. Simultáneamente, se inicia el proceso de polarización política y social.

Hugo Chávez en la
encrucijada
El ascenso de Hugo Rafael Chávez Frías al Olimpo de los héroes míticos del pueblo comienza entre 2002 y 2003. Previamente, a mediados de 2001, el gobierno se hace con la aprobación de cuarenta y nueve leyes. Entre ellas están tres de alto interés para la clase dominante tradicional: Ley Orgánica de Hidrocarburos, que establecía un incremento al 30% en la tributación de las empresas petroleras transnacionales y determinaba una participación mínima del 51% por parte del Estado en las sociedades mixtas; la Ley de Pesca, que restringía la pesca comercial en favor de los pescadores artesanales; y la Ley de Tierras y Desarrollo Agrario, que abría la puerta para la expropiación de latifundios y su entrega en favor de campesinos de pequeña escala.
Con base en lo anterior, el ambiente venezolano se tensiona. La reacción de la vieja oligarquía es de total exacerbación y no es para menos, Hugo Chávez está realmente decidido a tocar el núcleo mismo de sus privilegios. El 10 de diciembre de 2001 el sector patronal convoca a un paro que culminará con la demanda de renuncia del presidente. El gobierno insiste en su posición y no cede.
El 11 de abril de 2002, en medio de fuertes protestas, con muertos y tiroteos de por medio, y una nueva huelga patronal convocada por Fedecámaras -la organización aglutinadora de los principales gremios empresariales de Venezuela-, sucede un golpe de estado. Pedro Carmona, presidente de Fedecámaras, asume temporalmente la presidencia. Luego de tres días, la intentona cae y Hugo Chávez retoma el control de la situación. El apoyo popular al presidente constitucional claramente fue el factor que inclinó la balanza en contra de los golpistas.
Luego de esto, el 2 de diciembre de 2002, Fedecámaras convoca a la mayor huelga patronal de la historia latinoamericana, que se prolongaría hasta el 3 de febrero de 2003. En el ínterin se paralizó la producción petrolera venezolana, miles de trabajadores de PDVSA salieron a las calles, hubo enfrentamientos con muertos de por medio. La presión mediática desatada por los medios privados, de propiedad de la vieja oligarquía, fue extrema; al punto que los sectores populares se movilizaron y tomaron el control de varios de ellos. El punto de inflexión fue marcado cuando la tripulación del buque petrolero Pilín León decide fondear la nave y esto es replicado en otras embarcaciones; se producen otros actos de sabotaje por parte de trabajadores de PDVSA. Ahí queda en evidencia ante la población el tamaño desproporcionado de la resistencia a Chávez y el apoyo a su causa se acrecienta a la vez que la legitimidad de la oposición se debilita.
A la postre, Hugo Chávez logra prevalecer. Se renueva la planta ejecutiva de PDVSA -lo que implica el despido de más de 15.000 trabajadores afines a la línea política opositora-, se aplican las nuevas disposiciones arancelarias, el Estado venezolano toma control de PDVSA y ésta es reestructurada completamente, se inician acciones penales contra quienes lideraron el paro y esto tiene como consecuencia política última la desarticulación y desbande de la oposición patronal.

Hugo Chávez, el mito
Una vez, Hugo Chávez logró desafiar y vencer a una de las oligarquías más nefastas y empoderadas económica y políticamente de la historia latinoamericana, luego de ello emergió como el héroe mítico de las grandes mayorías populares. Todo lo anterior explica el por qué de la naturaleza combativa de su discurso; no era para menos, habida cuenta del calibre de los adversarios a los que tuvo en frente.
El hombre del pueblo, el niño que vendía caramelos de papaya en Sabaneta, se midió con la clase dominante y a nombre de todo un pueblo que había aguantado ya demasiado lideró un proceso de emancipación social. Se comprende además, en ese escenario, el por qué de su retórica antinorteamericana. Y es que cuando le dice al embajador estadounidense que se vaya “al carajo”, en realidad le está hablando a la memoria de largo plazo de su base popular; le está devolviendo la dignidad a todo un conglomerado de mayorías que históricamente vieron cómo venían personas del norte a enriquecerse mientras ellos seguían siendo pobres. En ese momento él está expresando lo que todas ellas y ellos hubieran querido decir pero no podían.
En la balanza, queda él para unos como un santo, un mesías, para los de la vereda de enfrente se trata de un demonio, un monstruo. Un hombre más, pero sin duda no uno cualquiera.
Ahora que ya no está, ahora que la muerte lo llevó del brazo, ya empezaron a tejerse toda suerte de versiones sobre su vida y sus hechos desde ambas veredas del espectro político venezolano polarizado. Están quienes ensalzan sus virtudes y quienes hacen énfasis en sus defectos; ambos llevando sus argumentos al máximo. No hay duda: por angas o por mangas tendremos mito para rato.
En el escenario internacional su presencia fue fundamental para reconfigurar las relaciones entre el norte y el sur en la región. Él fue uno de los principales actores para la puesta en marcha de UNASUR y también fue él quien se puso en los hombros la creación y funcionamiento del ALBA. Tuvo la visión de comprender las asimetrías en la relación entre los poderes hegemónicos mundiales respecto a Sudamérica y no se quedó en la queja: tomó partido y se jugó políticamente en contra de las potencias dominantes. Quizás eso explique en buena medida por qué su figura trascendió fronteras. Habló a nombre de tantos otros desamparados que desde otras geografías, más allá de su llanura venezolana, también querían decir lo que él dijo.

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