EGIPTO REPRESIÓN Y MUERTE

Publicado en Internacional, Portada

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Publicado en fecha octubre 17, 2013

En esos días, los militares provocaban repugnancia entre la mayoría de los ciudadanos, hartos de la corrupción y la represión política.

POR: Luis Crespo.
Periodista boliviano freelance en Oriente Medio y actualmente con base en Damasco.

esde hace un año que los egipcios se miran unos a otros de reojo y con recelo. Cuidan lo que dicen, hablan en voz baja. No están asustados de la policía secreta, como durante las tres décadas que duró la dictadura militar de Hosni Mubarak. Esta vez los ciudadanos de Egipto tienen miedo unos de otros y sienten hostilidad hacia sus propios vecinos y compañeros de trabajo.
Pero hace más de dos años, en enero de 2011, ocurría lo contrario: aparentemente los egipcios estaban unidos en su repudio a los militares y su dictadura, a la que derribaron en menos de tres semanas de masivas protestas civiles. En esos días, los militares provocaban repugnancia entre la mayoría de los ciudadanos, hartos de la corrupción y la represión política. Egipto quería libertades civiles, un gobierno elegido democráticamente y un país sin participación de los militares en la vida política.
Nada de eso queda ya. La mitad de los egipcios desconfía de la otra mitad. Ahora, una parte de la población considera a los militares los salvadores y garantes de su seguridad. Esto es algo que no había logrado la dictadura militar de Hosni Mubarak en treinta años. Pero lo consiguió desde el primer momento el primer gobierno democráticamente elegido en la historia de Egipto.
Tras un año del gobierno civil del presidente Mohammed Morsi, los militares han sido capaces de perpetrar un golpe de Estado y el jefe del ejército, Abdel Fatah al Sisi, es un héroe y su foto está por todas partes. Y el ex dictador Hosni Mubarak ha sido liberado de la prisión donde se encontraba, acusado de corrupción y matanza de civiles que protestaban en su contra.
El derrocamiento del gobierno democrático civil ha sido pedido y festejado por miles de manifestantes, los mismos que dos años antes habían celebrado la caída de la dictadura militar. EEUU y otros países que promocionaron el fin de la dictadura, han protestado por la muerte de civiles, pero han convalidado el golpe de Estado contra un gobierno elegido en las urnas.
La plaza Tahrir, lugar de reunión de los manifestantes civiles, antes símbolo de lucha contra la dictadura y por la democracia, ahora rebosa de simpatía por los militares. El día del golpe de Estado, soldados y policías apuntaban sus armas hacia el suelo mientras bailaban en algunas esquinas cercanas a la plaza Tahrir, en el centro de El Cairo.

AUTORITARISMO Y DICTADURA
La oposición al ahora ex presidente Morsi explica que este cambio en las preferencias se debe a que el gobierno elegido en las urnas era tan autoritario como la dictadura. El autoritarismo de los militares había sido sustituido por el de los fundamentalistas religiosos de la Hermandad Musulmana, que aspiran a imponer en Egipto un Estado basado en la Sharia, la ley islámica.
Morsi, un oscuro personaje con muy poco carisma, había ganado las primeras elecciones democráticas de Egipto con menos del cuatro por ciento de ventaja sobre su rival inmediato. El triunfo se lo debía a la gran organización de la Hermandad Musulmana, un movimiento religioso proscrito durante la dictadura de Mubarak. La votación revelaba una gran división entre la población, pero en lugar de disipar esa polarización, Morsi la empeoró al tratar de gobernar Egipto a favor de la Hermandad Musulmana.
El descontento de los ciudadanos fue creciendo a medida que en la vida diaria se veían más y más signos de fundamentalismo religioso impuesto por los Hermanos Musulmanes.
Parejas de enamorados sentados en los parques fueron atacadas por fundamentalistas islámicos que consideraban inapropiado manifestar afecto en público; series de TV fueron prohibidas al no cumplir con las normas islámicas; ocurrieron enfrentamientos con muertes entre cristianos y musulmanes. Cada vez más mujeres comenzaron a usar velo y vestidos que cubrieran desde el cuello hasta las muñecas y los tobillos.
Aunque Morsi negaba que favoreciera el islamismo fundamentalista, era innegable que gobernaba en nombre de la Hermandad Musulmana: intentó que la nueva constitución egipcia incluyera un apartado que estipulaba que la legislación del país se basaba en la Sharia, la temida ley islámica.
La Hermandad Musulmana también, intentó sin éxito, imponer un artículo que reconocía la igualdad de la mujer, pero “de acuerdo con la Sharia”. La libertad de culto sólo incluye a “las religiones de Abraham”. Se intentó estipular constitucionalmente el control de la prensa.
El descontento provocado por esta conducta de los fundamentalistas religiosos creó una amplia base social para la retoma del poder por los militares.

REPRESIÓN Y MUERTE
El golpe de Estado triunfó en un principio casi sin resistencia y con poca violencia. Pero los Hermanos Musulmanes aprovecharon el apoyo de parte de la población y convocaron a protestas que fueron reprimidas y causaron la muerte de al menos un millar de civiles y dos centenares de policías. Se demostró así que la influencia de la Hermandad Musulmana es tan grande e indudable como la nueva popularidad de los militares.
Civiles enfurecidos partidarios de Morsi quemaron varios templos cristianos y grupos armados han atacado a la policía y el ejército, aunque por ahora esos brotes de violencia son aislados y esporádicos.
Pero la represión y el arresto de los líderes de la Hermandad Musulmana parece haber logrado su objetivo, pues nuevas convocatorias a manifestaciones han fracasado y sólo lograron reunir un par de miles de personas.
El presidente interino Adli Mansur, nombrado por los militares, anunció elecciones para dentro de seis meses, previa votación de una nueva constitución que sustituirá a la promulgada por Morsi bajo la influencia de los Hermanos Musulmanes.
El golpe de Estado, supuestamente perpetrado para satisfacer masivas protestas callejeras, deja un precedente peligroso. Muchos egipcios se preguntan qué pasará si los Hermanos Musulmanes vuelven a triunfar en las urnas, dada su indudable popularidad.
O qué sucederá si los Hermanos Musulmanes pierden, pero son capaces de ejercer una fuerte oposición y de organizar masivas protestas contra el nuevo gobierno con el fin de derrocarlo a pesar de haber sido elegido por votación.

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