VIAJANDO A LO PROHIBIDO

Publicado en Turismo

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Publicado en fecha octubre 18, 2013

Restringidos, peligrosos o míticos, existen cientos de rincones en el mundo a los que ningún extraño podría acceder ni por todo el oro del mundo.

Las sedes de Google y Wikileaks, el Archivo Secreto del Vaticano o el que fuera escondite de Bin Laden son algunos de los que recopila Daniel Smith en el libro “100 lugares que nunca visitarás”, una guía de viajes muy particular para curiosos y aventureros.
Nunca el mundo estuvo más conectado. Los hechos que suceden en un punto del planeta se difunden como la pólvora y llegan a casi cualquier rincón, por lejos que esté. La comunicación entre individuos traspasa todas las barreras. Las compañías aéreas de bajo coste han permitido el nacimiento, y la consolidación, del “turista universal”.
Con estas condiciones, parece que todo está a nuestro alcance. Pero tras esta certeza se esconde una realidad muy distinta: son muchos los datos y muchos los lugares que se nos escapan, o de cuya existencia somos totalmente ajenos. Precisamente en un momento es que resulta más fácil que nunca acceder a lo desconocido, es mayor el esfuerzo de algunos porque lo siga siendo.
Para saciar a los más curiosos, Daniel Smith ha recopilado en su libro, 100 lugares que nunca visitarás, un centenar de rincones del planeta en cuyo interior jamás sabremos lo que sucede, otros cuyo acceso es sinónimo de peligro de muerte, o simplemente cuya existencia nunca se ha confirmado. Aquí van algunos de ellos.

LO DIFÍCIL NO ES LLEGAR SINO SALIR
La lista de lugares a los que, por muy fuerte que sea la curiosidad, no conviene visitar comienza con una pequeña localidad que lleva ardiendo medio siglo. Se trata de Centralia, un antiguo pueblo minero situado en el Condado de Columbia (estado de Pensilvania), que lleva años prácticamente deshabitado a causa del humo que no cesa de salir del subsuelo, haciendo que el aire sea prácticamente irrespirable.
Los sucesivos intentos por apagar el incendio que se desató a las puertas de una mina de carbón en 1962 fueron inútiles, y finalmente el gobierno federal lo declaró inhabitable. Sólo unos pocos valientes se resisten a marcharse, a pesar de la amenaza del fuego subterráneo y de corrimientos de tierra.
Si Jack Sparrow amarraba su barco en Isla Tortuga, los piratas del siglo XXI lo hacen en Hobyo, un pequeño pueblo en la costa oeste de Somalia. Se trata de un lugar sin ley, cuya población vive bajo el yugo de los bucaneros, que han hecho de ella su fortín. Allí amarran las embarcaciones que secuestran, desde pequeños yates a enormes buques de carga.
Cerca de Honolulú (Hawai) se encuentra el mayor vertedero del mundo, una “isla” de plástico que ha ido creciendo a base del vertido de residuos al mar. Su tamaño, tres veces superior al de España, la convierte en una de las mayores amenazas para el ecosistema. Aunque los ecologistas denunciaron su existencia en los 1980, hasta 1997 no se confirmó de forma oficial. Sin embargo, los gobiernos de todo el mundo continúan ignorándola.
El buscador por antonomasia, Google, tiene alrededor de 10 centros de datos repartidos por el mundo. El primero en erigirse fue el que se encuentra en la localidad The Dalles (Oregon). Aunque desde su inauguración el misterio que rodea esta sede se ha ido mitigando, la seguridad del recinto, pero también de la información que alberga, es crucial.
El acceso universal de la información es algo que la compañía sólo predica de puertas para afuera.
Otro centro de datos más relevantes del mundo se encuentra excavado en la roca, bajo el parque natural Vita Berg de Suecia. Se trata de Pionen, uno de los más avanzados del mundo, y a cuyo cobijo se encuentra la polémica organización de Julian Assange, Wikileaks. Protegido por puertas acorazadas de medio metro de grosor, y con unas instalaciones que provocarían la envidida del mismo James Bond, este búnker de información alberga cascadas artificiales, plantas tropicales, salas futuristas y motores para submarinos.
Los documentos más importantes de la Iglesia católica se encuentran, como no podía ser de otro modo, en el Archivo Vaticano. Con 80 kilómetros de estanterías, más dos pisos bajo tierra forrados de cemento armado con 31.000 metros cúbicos de espacio, este lugar encierra documentos relacionados con la Inquisición, cartas del pintor Miguel Ángel quejándose del retraso de pagos, o la postura de la Iglesia durante la II Guerra Mundial. Muchos de ellos nunca han visto la luz, y el acceso a los que son públicos suele ser un milagro.
La película Zero Dark Thirty, nominada a los Oscar, nos permitió descubrir levemente cómo era el escondite, y finalmente la tumba, del hombre más buscado del planeta de la última década, Bin Laden. El recinto, de 3.500 metros cuadrados, se encontraba en la localidad de Abbottabad, al norte de Pakistán, donde se calcula que vivió durante cinco años pasando desapercibido para sus vecinos.
La construcción era un imponente edificio de tres pisos dotado de múltiples medidas de seguridad y rodeado por un muro de entre 4 y 6 metros de altura coronado por alambre de espino. A principios de 2012 fue destruido, y la entrada al recinto está prohibida.

LOCALIZACIÓN INCIERTA
Que Hitler pasó sus últimos días encerrado en un búnker no es ningún misterio para nadie; lo que sí es incierto es la localización exacta del refugio. Construido bajo el centro de Berlín, epicentro de un Reich que aspiraba a vivir 1.000 años, se convirtió en un quebradero de cabeza para los gobiernos alemanes sucesivos tras la guerra. Tras varios intentos de demolición y planes de urbanismo para su desaparición, no se sabe a ciencia cierta qué queda de él. El aparcamiento de coches en que se ha convertido el lugar no ayuda a esclarecerlo.
Antes de que el “führer” viera caer su imperio, éste se extendió por Europa. Uno de sus objetivos fue Rusia, donde los soldados nazis saquearon una de las manifestaciones artísticas más hermosas y valiosas que se recuerdan, y de la que no se ha vuelto a saber. Se trata del Salón de Ambar, una cámara del siglo XVIII construida con ocho toneladas de ámbar y pan de oro que Prusia otorgó a Rusia como símbolo de paz, cuyo valor rondaría hoy los 120 millones de euros.
Las tropas alemanas lo desmontaron y se llevaron los paneles a Königsberg, donde lo volvieron a montar. Pero con la llegada de las tropas británicas, la ciudad fue bombardeada, y con ella el paradero del Salón. Desde entonces han sido muchas las conjeturas, aunque todo apunta a una ciudad fronteriza entre Sajonia (Alemania) y la República Checa, bajo cuyo suelo hay una vasta red de cámaras subterráneas donde hace pocos años se encontraron toneladas de oro. Como consuelo, se construyó una réplica del salón en el que fuera residencia veraniega de los zares rusos, el Palacio de Catalina (Pushkin).

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